“La Iglesia africana debe ser protagonista”

Publicado el 06/04/2018
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“La Iglesia africana debe ser protagonista”

Entrevista a Cripin Kabeya Kipana, sacerdote diocesano, natural de la República Democrática del Congo. Acaba de leer su tesis doctoral sobre el derecho a la remuneración justa y protección social del clero del Congo.

Su reciente tesis doctoral nos acerca a la situación del clero diocesano en la República Democrática del Congo.

Es un estudio histórico canónico sobre el derecho a la remuneración justa y protección social. La aplicación de estos principios depende mucho de la situación económica y política de cada Iglesia particular, por eso mi campo de investigación se ha limitado a la República Democrática del Congo. Allí las condiciones van empeorando de día en día, lo que hace que en muchas diócesis los miembros del clero vivan y trabajen en condiciones deplorables: sin remuneración ni ninguna protección social garantizada. El papa Pio XII, hace ya cincuenta años, ante esa situación angustiosa del clero pedía a la comunidad cristiana que cumpliese con sus obligaciones y que hiciese lo posible para aliviar la pobreza extrema de los sacerdotes. Esa llamada del papa sigue siendo actualidad en la iglesia del Congo.

¿Por qué se encuentran en esta situación?

La dependencia económica y financiera, la miseria de las poblaciones, la organización deficiente, el orden mundial injusto, todo ello dificulta el cumplimiento de estos derechos en muchas Iglesias particulares africanas. Estas Iglesias, que nacieron en el marco histórico de la dependencia de las Iglesias hermanas de Occidente, tienen enormes dificultades para alcanzar un nivel de madurez y autogestión. Es urgente que los cristianos africanos tomen en sus manos el destino de sus Iglesias particulares en todos sus ámbitos.

Su futuro pasa por la capacidad de autofinanciarse y asumir el protagonismo y la responsabilidad de su propio desarrollo. Esto se convertirá en una realidad si los africanos comprenden que son ellos mismos los protagonistas de su historia eclesial, social, económica y política y abandonan todas la actitudes históricas, culturales y psicológicas que los lastran, los marginan y los mantienen en la pobreza y la miseria.

¿Por dónde pasan las posibles soluciones?

En el Código de Derecho Canónico el canon que se refiere a los trabajadores laicos dice que “tienen derecho” a una remuneración justa y protección social, pero el canon que hace referencia a los sacerdotes usa términos menos contundentes, dice que “merece” estas mismas cosas. En muchos países como en el Congo quizá se recurre a esta formulación del canon para no respetar los derechos de los sacerdotes, por eso defendemos su reformulación.

Por otro lado, la Iglesia universal sigue aplicando en las Iglesias africanas una política paternalista que no ayuda a fomentar las iniciativas locales y promover la creatividad propia. Se debe revisar esta circunstancia para favorecer que las Iglesias jóvenes de África tomen ellas mismas el mando de sus asuntos. Es necesario que los cristianos africanos opten por una Iglesia sencilla en su estructura, organización y estilo de vida de sus miembros. Hay que adaptar la pastoral al nuevo modelo de Iglesia, el teólogo africano Jean Mac Ela abogaba por una pastoral que eduque en los valores evangélicos y morales, que pone énfasis en la capacidad organizativa y el liderazgo de las comunidades cristianas. Es importante hacer una buena elección de quien guía a estas comunidades, siguiendo a Cristo, con una administración transparente y responsable de los bienes de la Iglesia.

En muchas diócesis del Congo la organización es muy deficitaria porque falta el conocimiento de las normas canónicas. Conocerlas y respetarlas es uno de los requisitos imprescindibles a fin de que sean capaces de promover justicia y paz y poner fin a la arbitrariedad y superar la dependencia material y financiera actual.

¿Qué pueden hacer quienes forman parte de la Iglesia para aportar también a estas soluciones?

La Iglesia europea está haciendo muchas cosas buenísimas en el ámbito de la sanidad o de la educación, por ejemplo Manos Unidas. Promover educación es una manera de proteger los derechos sociales porque da a la gente la capacidad de saber ellos mismos cómo defenderse y protegerse, quien es ignorante es incapaz de hacerlo. Cristo ha venido a librarnos de todas las esclavitudes y la religiosidad africana puede parecer a veces un refugio en vez de afrontar los problemas, como si se tuviese miedo. Esto unido al orden internacional injusto en el que los más potentes triunfan siempre y los más débiles siguen en la pobreza. Para ayudar a estas personas hay que ser justo. Compartir las cosas y distribuirlas justamente para que cada uno tenga lo suyo, no solo ayudar al pobre sino hacer que tenga justicia.

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