Volver a donde Dios siempre ha estado: África

Publicado el 24/01/2019
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInPrint this page

En estas épocas del año, los “tour-operadores” ofrecen hacer periplos viajeros por un módico precio, porque son fechas de temporada baja. Los precios, muy llevaderos; los hoteles y ofertas de curiosidades varias, también se dejan tentar y no son pocos los tentados. Y hay gente que aprovecha para viajar ahora cuando acaso no lo podría hacer en otros momentos cada año. No por estos motivos, sin embargo, y ligero de equipaje, me pongo en marcha para un largo viaje. Hay un mandato que el Maestro Jesús nos dio a todos los cristianos de todos los tiempos: id al mundo entero y anunciad una Buena Noticia que sepa a verdadero Evangelio. Así fue como él se nos despidió dejando en nuestras manos y en el corazón el relevo de cuanto el Padre Dios le confiara cuando su Hijo se encarnó.

¿Para qué emprender este viaje? No es la curiosidad turística lo que me mueve, ni se explica desde un intercambio multicultural entre razas, o para realizar un safari fotográfico exótico, ni siquiera desde la noble misión altruista del voluntariado de quien dedica unos días a los demás fuera de lo cotidiano. Allí tenemos la Diócesis de Oviedo una misión en Benín ayudando a la Diócesis de N’Dali. Dos sacerdotes y algún diácono temporalmente la atienden en Gamia.

Una tierra lejana, de gentes bien distintas en sus tradiciones, en sus expresiones religiosas y en sus bagajes culturales. Pero Jesús nos dejó el encargo misionero cuando Él regresaba al Padre. Tenemos su misma misión hasta todos los finisterrae de la tierra. Así lo han hecho tantos hermanos nuestros que desde hace siglos llegaron al corazón de África con esta encomienda y con esta preciosa misión. Sí, mi equipaje debe ser ligero. Caigo en la cuenta de las muchas cosas que no me hacen falta cotidianamente y que me tienen secuestrada la atención, el tiempo, las fuerzas, sin que sean en absoluto necesarias. Es la lección que nos enseñan siempre los pobres: cuánto tiempo y dinero dedicamos a cosas y causas tan secundarias que no valen la pena. Ligero de equipaje para poder caminar con entrega, con libertad, sin hipotecas ni condicionantes, sirviendo a los hermanos en nombre de Dios.

Y, como me ocurrió las otras veces que he visitado a los hermanos de nuestra misión diocesana en Benín, allí los de “color” somos nosotros. Serán estos hermanos los que, llegando a la capital de Benín, Cotonou, nos recibirán en ese otro mundo. ¡Cuántas lenguas, usanzas y maneras en nuestra increíble humanidad! ¡Qué riqueza variopinta en las personas, en sus culturas, en sus modos de vivir las cosas y de concebir la gratitud hacia Dios!

Una vez más las vacunas… ha habido que ponérselas por cautela y precaución. Un montón de ellas: para el tifus, para la fiebre amarilla, para la malaria, etc. Pero las vacunas más importantes no han sido inyectables o en pastillas, sino directamente al corazón para favorecer precisamente el contagio. Sí, unas vacunas que facilitan que podamos ser contagiados de algo especial: lo que Dios quiera decirme en estos hermanos; lo que pueda sorprenderme aprendiendo de lo mucho que el Señor me quiera enseñar en ellos; la esperanza con sabor a sencillez evangélica; el testimonio de nuestros misioneros asturianos que mantienen desde hace treinta años aquella misión en la selva africana; la universalidad de la Iglesia que no tiene muros ni fronteras. Pido al Buen Dios y a nuestra Madre la Santina, que nos acompañe en este viaje de visita pastoral y peregrinación. Rezad por ello y acompañadnos al Vicario episcopal de Oviedo y Centro y a mí. Ojalá que vayamos, como así queremos ir, en el nombre del Señor.

Para mejorar el servicio, utilizamos cookies propias y de terceros. Si sigues navegando, entendemos que aceptas su uso según nuestra política de cookies.

Más información sobre cookies