“Nuestra misión es ser cómplices del Espíritu”

Publicado el 18/12/2017
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“Nuestra misión es ser cómplices del Espíritu”

Entrevista a José Cristo Rey García, misionero claretiano y Consultor de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades Apostólicas de la Santa Sede. Ha estado recientemente en Oviedo impartiendo un retiro a religiosos

¿Qué condiciones hay que tener para optar por la vida consagrada?
A mi modo de ver no es nada extraordinario porque todos so-mos llamados a algo y tenemos que dar un salto, como un trapecista que tiene que dejar su propia tabla, saltar al vacío y coger otra. Esta forma de vida yo la suelo llamar liminal porque te coloca en los limites, en las fronteras; te lleva a otro país a otra realidad. Lo propio de la vida consagrada es que te hace entrar en un modo de vida que no es el habitual de la mayoría. De hecho las personas que en la Iglesia llevamos este estilo de vida somos un 0,12 por ciento, pero tiene un sentido, es un poquito de sal en una gran comida.

¿Hay ahora menos vocaciones en relación a otras épocas?
La vocación siempre es una seducción lo que ocurre es que esta forma de vida va seduciendo de forma diferente a lo largo de los siglos y ahora tiene que hacerlo de nuevo. El Espíritu Santo es el protagonista de las vocaciones y no creo que la juventud de hoy sea menos generosa con el Espíritu de lo que era en otros tiempos. Ahora por ejemplo tenemos un voluntariado impresionante con gente que está canalizando toda su energía al servicio de los demás, de las formas más extraordinarias. La vida consagrada tiene capacidad de autorrecrearse y donde lo hace, surge. Voy todos los años a China y tengo cursos con la vida religiosa de allí, solo hay una persona que habla inglés que me traduce al chino, y veo muchas jóvenes chinas entusiasmadas con esta forma de vida. En una reunión con congregaciones autóctonas eran unas ochenta y la mayor de ellas no tenía más de cuarenta años. Hay lugares donde la vida consagrada tiene especial encanto.
¿Es muy diferente la vivencia religiosa en estos países?
En el fondo las preocupaciones son las mismas aunque el concepto sea diferente, hay una búsqueda fuerte de espiritualidad. Los hijos de Mao Tse Tung se están convirtiendo en religiosos. Es el proceso que sigue el Espíritu para cambiar de tabla: hay cosas que dejar y cosas que acoger que están viniendo. En China está ocurriendo eso y creo que va a suceder en otras partes, por ejemplo Oceanía, una nueva fecundidad de la vida consagrada. Dios tiene necesidad y se mete por donde sea, como el agua y entonces lo humedece. Hay gente fantástica donde el Espíritu está muy cómodo, además de muy creativo y muy energético.
Afirma que debemos ser “cómplices de la misión del espíritu”, ¿qué implica esta tarea?
El Espíritu es el protagonista de la misión y llena la tierra. Y en qué consiste nuestra misión: en ser cómplices. El Espíritu es un verdadero creador de complicidades y cuando quiere hacer algo no hay quien se le resista, se crea una conspiración de cómplices y así hace sus obras. Y lo que tiene de fantástico es que es muy humilde. Llega a mucha gente, nunca da la cara y lo que aparecen son sus cómplices que tienen que estar muy atentos para poner cara a sus obras, pero no hay que querer ser protagonistas sino que tenemos que ser mucho más humildes y decir este es el Espíritu y yo estoy ahí ayudándole un poquito. Por ejemplo la Virgen de Covadonga es el Espíritu Santo en ese lugar, su cómplice  que reúne mucha gente y llega al corazón de muchas personas.
¿Y cómo podemos hacer bien nuestra tarea de cómplices?
Con discernimiento de lo que el Espíritu hoy está haciendo y cómo podemos nosotros desde nuestro don, juntamente con el laicado y la gente de buena voluntad, colaborar con el Espíritu y por lo tanto ponerlo en el centro y ser evangelizadores en el Espíritu como dice el papa Francisco. Viendo todo desde esa perspectiva hay que estar muy esperanzados. Un discernimiento al que pongo el adjetivo de colaborativo para que no sea muy individualista. Porque si cada uno lo llevamos a cabo desde nuestro ego, vas a decir el Espíritu Santo me pide esto y el otro a mí esto otro, pero si lo hacemos colaborativamente nos preguntamos qué nos está diciendo es Espíritu y no solo la Iglesia sino con la sociedad. Y así se crea una gran conspiración y comunidad que Dios quiera se haga más común entre nosotros. No puedes discernir a partir de tu círculo cerrado, el Espíritu de Dios llena la tierra y la contemplación del todo siempre te hace discernir mejor y con todos.

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