«Creo que el Papa pretende que pongamos el centro de nuestra vida cristiana en la liturgia»

Publicado el 16/07/2022
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«Creo que el Papa pretende que pongamos el centro de nuestra vida cristiana en la liturgia»

En la Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, el pasado 29 de junio, el Papa Francisco publicó la Carta Apostólica Desiderio desideravi sobre la Formación Litúrgica del Pueblo de Dios. Es un texto dirigido a los obispos, presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos. En esta entrevista, el Delegado episcopal de Liturgia, José Luis González, desgrana los puntos fundamentales de la misma.

¿Cual es la pretensión del papa Francisco cuando publica esta carta apostólica?
En primer lugar quisiera decir que esta Carta es un auténtico regalo que el Papa ha hecho a toda la Iglesia. Hay que ir saboreándolo en nuestro corazón, en lo mas profundo de nuestro ser. Como cuando el orbayo nos va empapando sin que nos demos cuenta, creo que con este texto hay que hacer algo por el estilo. Yo creo que el deseo del Papa es centrar la vida en la obra de Cristo, y la vida de Cristo, fundamentalmente, llega a nosotros a través de los siglos, en la celebración de los misterios de la fe, es decir, en la liturgia.
Es muy importante, y el Concilio lo recalca con mucha fuerza, cuando nos dice que la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, todo parte de allí y todo tiene que volver allí. Porque la vocación del hombre es la alabanza. San Ireneo también, un padre de la Iglesia de los primeros siglos, nos lo dice con mucha claridad: “la gloria de Dios es que el hombre viva.” Y para que el hombre viva ha venido Cristo, porque la vida del hombre es lo que él hizo, la glorificación de Dios. Esto es lo que, creo, pretende el Papa: que pongamos el centro de nuestra vida cristiana en la liturgia y en particular en la celebración de la Eucaristía, para que de allí bebamos como de una fuente de agua viva. Un agua que brota de la intimidad de Dios, que llega a nosotros por la persona de Cristo Jesús y a través del tiempo, de su cuerpo que es la Iglesia. De allí la importancia de la formación del pueblo de Dios en esta materia, porque si no, beberá de otras aguas que no siempre son las más saludables.

El Papa insiste en la formación de todos en la liturgia 
Pues sí, la liturgia no esta ocupando, por lo que se ve a raíz del documento del Papa y también a mi modo de entender, el lugar que tendría que ocupar. Pero también la liturgia, como todo idioma, necesita que alguien te introduzca en ella, y además, se trata de un lenguaje eminentemente simbólico. Tratándose de algo vivo, acontece como la vida, nadie se introduce en la propia, sino que se necesita ser introducidos en ella. Se necesita ser introducidos en el misterio, que no es algo sino alguien. El misterio es Cristo. Se necesita lo que la tradición de la Iglesia llama “una mistagogía”. Yo guardo en el corazón, con mucha alegría, una experiencia que tuve en una parroquia que serví hace años. En la catequesis, hablando un día con los niños, les pregunté algo muy clásico: «¿Donde está Dios?». Y me dieron la respuesta clásica también : «en todas las partes». Así que, preguntándole a un niño en concreto, le dije : «¿Bueno Juan, si está en todas las partes está también en tu bolsillo?» Y el niño me contestó, “claro, si está en todas las partes, tiene que estar”. Entonces le dije, “vale pues, si está en tu bolsillo sácale”. Y claro cuando le dije esto quedó cortado. Pero reaccionó inmediatamente y me dijo “mire, es tan grande que no me entra en la mano, y es tan pequeño que no lo encuentro.” Este es el misterio.

El Papa también menciona el individualismo y el subjetivismo, la clave que podría definir un poco la mentalidad de la gente en la calle. ¿qué peligro tiene eso, llevado a la liturgia?
El Papa habla con dos términos clásicos: un neo gnosticismo y un neo pelagianismo. El peligro es que quien preside la celebración haga una liturgia a su imagen y semejanza, de tal manera que no llega a nosotros la obra de Cristo, o por lo menos nos llega deformada. Lo que llega al pueblo de Dios es nuestra propia obra. Pero lo que nosotros hacemos no es precisamente lo que salva. Por eso el Papa hace referencia a estos dos peligros. No podemos hacer una liturgia a nuestra manera, ni a manera de la comunidad, sino que la liturgia tiene un cauce, que es la tradición de la Iglesia. Como nosotros, que no somos frutos de hoy sino que somos fruto de un proceso de desarrollo y crecimiento. El agua para que venga a nosotros necesita un cauce, y sino se desborda y lo arrastra todo. Igual la liturgia, para ser celebrada, para que sea fuente de evangelización y para que podamos ir saboreando el misterio de Dios, necesita un cauce que es la tradición de la Iglesia. No lo que a mi se me ocurre, sino lo que la Iglesia pide. Yo creo que está muy fácil ya en el mismo Cristo. El Señor dijo “haced esto en memoria mía”, pero ni dijo ni dejó entender “como se os ocurra”, al revés, nos dio unas pautas, nos dio las primeras rubricas, que están recogidas en estos cuatro infinitivos: tomar, bendecir, partir y dar. Son los cauces que dio Cristo Jesús, y que después la tradición de la Iglesia ha ido enriqueciendo o matizando. Porque la liturgia es la obra de Cristo, que entregó a su cuerpo, que es la Iglesia.

En el texto final el Papa menciona a san Francisco ¿porqué vuelve a ello?
San Francisco tiene esta experiencia gozosa, que siente en lo profundo de su corazón –allí donde dirá san Agustín “siempre se saborean las cosas hermosas”– donde oyó, sintió, se vio movido a edificar la Iglesia. “Francisco, va y repara mi casa”, que por lo visto se venía abajo; no materialmente, sino de una forma más terrible, que es espiritualmente. La liturgia es lo que edifica la Iglesia a través del tiempo, porque es la obra de Jesús, a través del tiempo y hasta que Él vuelva. Jesús pasó de este mundo haciendo el bien y curando los oprimidos por el mal. No es una realidad pasada, sino presente. Fruto de su gloriosa resurrección Él vive en un constante hoy, y se hace presente a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos. ¿Cómo? A través de la celebración litúrgica. San León Magno lo dice también con mucha claridad, “lo que era visible a nuestro Redentor, es visible ahora por medio de la celebración”, es decir, lo que hizo ayer sigue haciéndolo hoy, por medio de la liturgia y en especial modo por medio de la celebración litúrgica.

 

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