Peregrinos asombrados           

Publicado el 07/12/2018
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Hemos celebrado los días 27 y 28 de noviembre en Estrasburgo (Francia), un simposio en la sede del Consejo de Europa con motivo del año dedicado a la cultura europea. Me correspondió organizarlo como director del Departamento de Cultura del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE). Han participado por parte eclesial el Cardenal Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova y presidente del CCEE, con sede en Santk Gallen (Suiza), la Misión Permanente de la Santa Sede ante el Consejo de Europa, diversos arzobispos y obispos, embajadores, eurodiputados y organizaciones europeas dedicadas al turismo religioso y las peregrinaciones.

La tarde del 27 tuvo lugar un interesante panel de experiencias donde se respondía a la pregunta que formulaba el mismo título del simposio: “Turistas y peregrinos, ¿qué sinergias?”. Desde el Camino de Santiago y el del San Martín de Tours hasta el de San Olav en los países nórdicos, fue apareciendo una relación que no es ni hostil ni rival, sino complementaria. Tenemos en el alma una inquietud de peregrinos como buscadores de una belleza, una verdad y una bondad para las que hemos nacido, y tenemos también una curiosidad de turistas que nos mueve a salir de nuestro cotidiano entorno para reconocer esas huellas en el arte, en la naturaleza, en las tradiciones de los pueblos.

Decía el Papa Benedicto XVI que “Europa no es un continente definible en términos solamente geográficos, sino más bien representa un concepto cultural e histórico”. Este continente ha desarrollado modos de convivencia, espacios habitables, arquitecturas que se pueden contemplar, literatura que hemos de leer, música que escuchar, un derecho para arbitrar la justicia y las relaciones, y tantos ambientes donde el espíritu reencuentra la paz, la vida reconquista su significado, y el rostro de Dios es buscado con toda su belleza al tiempo que se le testimonia con los gestos de la caridad más solidaria y la fraternidad más consentida. Es justo subrayar que Europa no es solo un lugar donde la división, la violencia y la guerra han aparecido, sino también este cruce de caminos donde los senderos de la bondad, la verdad y la belleza se han hecho itinerarios de una cultura común para turistas emprendedores y peregrinos audaces.

No sólo la economía y la política, sino también la cultura en este amplio significado es lo que ha construido Europa a través de sus veinte siglos de cristianismo, tras haber heredado la tradición grecolatina y haberse enriquecido y permeado con otras culturas que han venido del norte y las que entraron por el sur y el oriente. No en vano Wolfgang Goethe afirmaba que Europa nació peregrinando.

Tuve una intervención partiendo de la pregunta que se hacía el Papa Francisco en el Parlamento Europeo cuando lo visitó en 2014: “¿Qué te ha sucedido, Europa humanística, paladina de los derechos del hombre, de la democracia y la libertad? ¿Qué te ha pasado, Europa tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos y escritores? ¿Qué te ha sucedido, Europa madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que han sabido defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?”. Era un punto de partida provocativo para redefinir la cultura cristiana de Europa, sabiendo conjugar los tres verbos que ya empleó San Juan Pablo II al dar comienzo al tercer milenio cristiano: hacer memoria de un pasado con agradecimiento, asomarnos a un futuro con esperanza y vivir apasionadamente el presente que tenemos entre las manos. El acontecimiento vivo del cristianismo, continúa escribiendo este relato inacabado con el Señor de la historia, que se hizo camino y caminante junto a todos nosotros.

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
5 diciembre 2018

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