“En África te das cuenta de lo grande que es Dios”

Publicado el 17/10/2019
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“En África te das cuenta de lo grande que es Dios”

Entrevista a César Borbolla Rodríguez, misionero asturiano en Benín

César Borbolla desarrolla su labor pastoral, junto con Antonio Herrero, en la misión que la diócesis tiene en Benín, concretamente en la localidad de Gamia que comenzó su andadura hace poco tiempo tras muchos años en Bembereké. Estos días se encuentra en Oviedo deseando volver al lugar que, desde el pasado año, se ha convertido en su casa.

¿Cómo es la misión que nuestra diócesis tiene en Gamia?

Es una misión muy nueva. El día de la Santina hemos cumplido nuestro primer año de vida, está todo empezando. Yo la llamo la parroquia de la alegría, este es el distintivo que puede tener. Ves en los niños, en los jóvenes, en todas las personas que forman la comunidad, la sonrisa y esto junto a su alegría es lo que más me llama la atención. Te alimentas de ello y no puedes más que hacer lo mismo: sonreír también. Hablo francés bastante mal y el baribant mucho peor, solo sé leer la misa y porque me enseña un catequista, pero con el lenguaje de la sonrisa es como se hace todo y te encuentras acogido y con mucho cariño.

En África el mensaje católico no deja de crecer.

En Gamia la mayoría de la población es musulmana y la suerte que tenemos los católicos, que lo vemos además en la iglesia, es que el problema que hay en Asturias que los templos están muchas veces vacíos, en África y en Gamia es justamente el contrario: se nos queda pequeña la iglesia y mucha gente permanece fuera de ella para asistir a misa. Domingo a domingo vemos cómo se van agregando fieles y va creciendo el número de los bautizados. Allí como Iglesia católica llevamos agua, damos alimento, procuramos educación, nos preocupamos de los problemas de la gente y entonces eso les gusta y les anima: los padres son buenos, piensan, vamos a acercarnos a la iglesia. Eso nos llena de satisfacción, es una gozada ver cómo crece el número de fieles cada día.

¿Cómo ayuda la colecta del Domund?

Nos permite construir iglesias, que las necesitan. No solo de pan vive el hombre, una frase que también aprendí en África, y ellos quieren su iglesia, su cruz, identificarse como cristianos, como católicos. Con sus aportaciones tenemos también dinero en la misión para comprar comida, gasolina y poder así desplazarnos. Por otro lado, el mayor bien que tienen es el agua y gracias ese dinero se pueden hacer pozos y llevarla a todos los poblados. Imagina una cosecha que salga mala: ese poblado depende de nosotros y podemos apoyarles gracias a toda la gente buena de las parroquias que, euro a euro y esfuerzo a esfuerzo, ayuda  a la misión y a todos ellos. Les agradecemos  su ayuda y su oración.

Los misioneros al vivir con la comunidad podéis conocer mejor cuáles son sus necesidades.

Cada poblado tiene las suyas. En algunos es el tema escolar, no hay escuelas y hay que ponerse manos a la obra. En otros tienen el médico y la comadrona lejos y debemos estudiar a ver cómo lo podemos hacer con un coche que los pueda desplazar o construir un pequeña maternidad. Cada vez que vamos a un poblado a celebrar la misa después estamos con la gente, charlamos con ellos y vemos qué necesitan. Ellos mismos son los que se acercan y nos cuentan. Tú cuando llegas eres el de color, como blanco, y al momento te sientes acogido con ellos e intentas integrarte lo más posible: he comido todo lo que me han puesto, he cogido una bicicleta a un neno para visitar un poblado. Eso es lo que te gusta: conocer más los poblados y a su gente.

¿Qué ha supuesto ir a las misiones para tu vocación?

A ver cómo puedo explicarlo… Me encontré con un Dios distinto, al que ya conocía, que es el Dios de la alegría, de los pobres, de los sencillos, pero lo sabía desde aquí, desde esta perspectiva. Cuando llegas a África y ves gente que no tiene nada prácticamente, más que su fe y su alegría, te das cuenta verdaderamente de que Dios ¡qué grande es!, y cómo estos son sus hijos preferidos y cómo los quiere. Y sobre todo cómo sienten ellos que son hijos amados del Padre y eso es lo más grande que poseen: con la seguridad de tener a Dios a su lado ya lo tienen todo. ¿Y qué te enseña eso? A confiar en Dios, a rezar de otra forma y a ver al Señor de otra manera. Allí tengo, no sé si llamarlo un padre, un hermano, un compañero… tengo una bendición de persona que es Antonio (el otro sacerdote asturiano que está en la misión). Desde que llegué fui totalmente acogido y querido por él, pero después es la gente que cae en la cuenta que llegas a un sitio nuevo, que es muy distinto para ti y hacen que la vida que sea muy fácil. Nuestro cocinero que tanto nos cuida, nuestro catequista ayudándome con el lenguaje y con la gente, los niños, los jóvenes, los catequistas de la parroquia, todo el mundo es un gran familia. No sé si me nota cuando hablo, pero tengo ya muchas ganas de estar allí de vuelta, los echo mucho de menos.

La foto que acompaña esta entrevista tiene también una historia muy bonita. 

Estábamos en una comunidad en Pesarà. Yo estaba dando la comunión y llega una mujer embarazada que había roto aguas en la iglesia y estaba esperando para comulgar. En cuanto lo hizo salió de camino a su choza y dio luz a la criatura que no nació bien, tuvo dificultades. Cuando acabamos la misa nos acercamos a conocerla y estaba muy malina. Nos la llevamos en el coche con su madre y su abuela y a toda velocidad atravesamos como pudimos aquella selva y llegamos hasta una maternidad. Cuando volvimos a las tres semanas al poblado lo primero que hizo todo el mundo fue acercarse con la niña, con Rachel, y es el bebé que aparece en la foto. Está bien, ahora ya muy gordita y es una niña muy buena.

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