Vivencias del Año Santo desde Covadonga

Publicado el 07/09/2018
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Vivencias del Año Santo desde Covadonga

Con pies descalzos y ánimo del que busca realmente el encuentro me adentré en este camino del Año Santo de la Coronación en Covadonga. Nada hay más hermoso que ser alcanzado por la gracia de Dios y poder contarlo a los demás. Con mimo y delicadeza en la certeza de saber que tocaba lo sagrado, el paso singular de Dios en cada ser humano, ese discurrir del divino hacedor y sus huellas en esta naturaleza tan hermosa y clara de Covadonga: “ Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura; y yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de su hermosura”. Los versos de San Juan de la Cruz parecen dictados al socaire de cualquier mirador de Covadonga.
“Clave” se titula esta sección, yo no tengo una sino muchas claves de lectura sobre este Año Santo y su vivencia en mi alma. La clave del estupor que produce el misterio y ver mi indignidad y pequeñez. La clave de la gratitud, es tanto lo vivido, lo experimentado y tanta fuerza tiene lo positivo que solo puedo decir desde el corazón bien nacido: gracias. La clave de la alabanza, es justo poner el foco en el centro: “es el Señor quien lo ha hecho. Ha sido un milagro patente”, pero también alabar por el trabajo bien hecho, el esfuerzo y talentos puestos al servicio común, a veces incluso la labor callada de tantas personas que han trabajado en la trastienda, en la rebotica pero sin cuyo trabajo y esfuerzo esto no hubiese podido salir adelante. Y también la clave del aprendizaje, porque siempre tenemos que estar en la actitud de discípulo que cada mañana espabila su oído para aprender como los iniciados. Y saber corregir y rectificar, no todo ha sido perfecto, no lo somos; pero con nuestras grietas y deficiencias Dios hace maravillas, precisamente para que se vea más a las claras que es obra suya. Así que con los pies descalzos, con los ojos bien abiertos y contemplativos, con las orejas grandes y la boca dispuesta a contar y cantar y el corazón henchido de experiencias de paso de Dios he vivido este Año Santo. Ha sido para mi una gracia, un regalo de Dios poder vivirlo desde dentro en Covadonga, ha sido todo un sacramento, un lujo.
Hemos trabajado mucho sin duda, pero ha valido la pena gastarse por este objetivo: amar y hacer amar más al Señor y a su Santísima Madre. Este Año Santo nos ha vuelto a traer noticias de Dios, de su amor, de su misericordia sin fin, sin límites, su bondad se ha derramado espléndidamente. Por aquí pasaron todos los arciprestazgos de Asturias, confesando los pecados, celebrando la fe, compartiendo la Eucaristía, haciendo solidaridad con la aportación generosa de todos a un proyecto común de Cáritas. Pero no solo la familia de Asturias ha celebrado, también miles de personas venidas de muchos lugares de toda España y de muchos países del mundo entero han pasado por aquí. Impresionante la labor del confesionario, siervo inútil soy y he hecho lo que debía hacer y la gratificación en el alma es también inmensa, cuántas personas, problemas, dificultades, sanación y paz se han repartido a raudales. La alegría ha sido quizá la nota de este Año Santo, nadie que verdaderamente ha pasado por Covadonga se ha ido indiferente. La Virgen santísima en ese diálogo de corazón a corazón ha ido tocando cada alma, cada vida y eso se nota.
Hemos tenido todo tipo de celebraciones, con jóvenes, con niños, con familias, con sacerdotes, con consagrados, con seglares, con misioneros … con todos hemos disfrutado enormemente, han sido celebraciones gozosas, trabajadas, preciosas.
Hace cien años, asturianos de aquí y de allende los mares donaron lo que tenían para hacer una Corona hermosa a la Reina del cielo. Con los aportes de dentro y de fuera de Asturias hemos vuelto entre todos a construir una corona de amor y humildad para nuestra Madre, una corona tejida de servicio y disponibilidad como a Ella le gusta. Creo sinceramente que la Iglesia asturiana se ha renovado en este pasar por la casa de la Madre. Sería interesante no perder fuelle y aprovechar este impulso en nuestro pueblo cristiano, que lo sembrado en este año de gracia florezca en el reverdecer de nuestras comunidades.

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