LOGOTIPO
DEL SÍNODO
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El logotipo escogido quiere expresar visualmente el propio objetivo del Sínodo convocado: servir de ayuda a esta parcela de la Iglesia universal, que es la Iglesia en Asturias, para su misión de evangelizar en los nuevos tiempos que vivimos del tercer milenio.
La imagen de la barca representando a la Iglesia es antiquísima, pues tiene su origen en el mismo Jesús, que inició su vida pública en las orillas del Mar de Galilea y eligió por primeros discípulos a un grupo de pescadores. "La barca es la Iglesia que, con sus velas atadas a la cruz de Cristo, bajo el soplo del Espíritu Santo, boga felizmente en este mundo" dice San Ambrosio. La barca de la Iglesia está en continuo movimiento, viaja por el mundo para llevar el Evangelio a todas las naciones y a todos los seres humanos. Las olas, enardecidas unas veces y serenas otras, simbolizan el mundo en el que se mueve la Iglesia: es el tiempo agitado en el que nos toca vivir.
La barca viaja y se mueve movida por el soplo del Espíritu Santo, que la dirige y empuja hacia su destino. El velamen de la barca, en el logotipo, se ha estilizado hasta transformarse en una "S", representación del Sínodo, aludiendo así a la función principal del Espíritu Santo en el Sínodo Diocesano: alentar y empujar todos nuestros esfuerzos por la evangelización, los cuales serían realmente vanos o estériles si no fueran suscitados por el Espíritu. Con esta misma idea se relaciona el pasaje de la pesca milagrosa (Jn 21, 1-14): toda una noche de trabajo, echando una y otra vez las redes, puede ser desesperadamente inútil y frustrante si no se escucha la voz del Maestro.
La Cruz de la Victoria sobrepuesta a la barca tiene múltiple y rico sentido: no sólo representa Asturias, primera idea que se manifiesta evidente, sino que es también la Victoria de la Cruz, y por lo tanto la presencia victoriosa de Cristo resucitado. Es la "insignia" de nuestro barco y la carga preciosa que transporta.
El Año Santo de las Cruces de la Victoria y de los Ángeles, que se celebrará inscrito en la fase de preparación espiritual del Sínodo Diocesano, es una feliz y providencial coincidencia que nos recuerda y enraíza en el pasado de nuestra historia y nos proyecta al futuro de nuestra misión.
Por último, en el cielo, está María, la "Estrella del tercer milenio" en expresión de Juan Pablo II que, como la estrella polar para los navegantes, orienta desde el cielo la nave. Es la "Estrella de la mañana" de las Letanías lauretanas, la "Stella maris" de la piedad marinera, la /'Estrella de la evangelización" del tercer milenio y la Santina de nuestra Historia.