«ES EL SEÑOR»

ADORACIÓN EUCARÍSTICA

 

 

canto:

 

El sacerdote abre el Sagrario, hace genuflexión ante el mismo, y mientras introduce el Pan eucarístico en la custodia, se comienza el canto de entra­da. De rodillas inciensa el Santísimo Sacramento y luego, estando todos de rodillas, dice la siguiente oración.

 

Sacerdote

Señor mío y Dios mío,

creemos firmemente que estás aquí,

nos ves, nos escuchas.

Te adoramos con reverencia.

Te pedimos perdón por nuestros pecados

Y te agradecemos ya el fruto de esta oración.

Madre del resucitado,

haznos testigos a todos nosotros

de la resurrección de la resurrección de tu Hijo.

Amén

 

Sentados se hace un rato de silencio adorante Seguidamente todos en pie

Sacerdote:

 

Demos gracias al Señor nuestro Dios.

 

Todos

Es justo y necesario adorarle porque él nos da la vida.

 

Sacerdote:

En verdad es justo y necesario adorarte por tu poder y el esplendor de tu gloria.

Nos presentamos ante ti, con un corazón contrito y un espíritu humilde.

Tú eres la Palabra viva de Dios verdadero,

la Sabiduría por medio de la cual han sido creadas todas las cosas.

Tú has vencido el pecado y la muerte con tu resurrección,

y te has revestido de gloria y de luz inmortal.

Tú nos concedes este tiempo de preparación para escuchar tu palabra

y así poder empezar junto a ti una vida nueva, luminosa, santa.

Realiza en nosotros, Señor, la transformación que tú obras en aquellos

que te siguen: haz que nuestro espíritu, transformado admirablemente

por la unión contigo, resplandezca de luz,

se llene de cantos de alegría y siempre camine hacia el bien.

Tú, que has abierto a los hombres un futuro de amor y gracia

con tu victoria, suscita en nosotros el empeño de anunciar el evangelio;

danos el celo de trabajar por la llegada de tu reino.

Haz qué seamos saciados con tu belleza y con tu luz

deseemos estar para siempre unidos a ti como los sarmientos a la vid.

Danos la fuerza de tu bendición para que buscando los caminos

de la conversión podamos pasar, con la fuerza del Espíritu,

a la de la misión a la que somos convocados.

A ti la gloria y el poder en el Iglesia por los siglos.

 

R/. Amén.        

 

Sentados

 

Lector

del libro del profeta isaías 1,2-8.21-27

 

Oíd, cielos, escucha, tierra, que habla el Señor;

«Hijos crié y saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí.

Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo.

Israel no conoce, mi pueblo no discierne.»

¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa.

Semilla de malvados, hijos de perdición!

Han dejado al Señor, han despreciado al Santo de Israel,

se han vuelto de espaldas.

Vuestra tierra es desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego;

vuestro suelo delante de vosotros extranjeros se lo comen,

y es una desolación como devastación de extranjeros.

Ha quedado la hija de Sión como cobertizo en viña,

como albergue en pepinar, como ciudad sitiada.

¡Cómo se ha hecho adúltera la villa leal!

Sión llena estaba de equidad, justicia se albergaba en ella,

pero ahora, asesinos.

Tu plata se ha hecho escoria. Tu bebida se ha aguado.

Tus jefes, revoltosos y aliados con bandidos.

Cada cual ama el soborno y va tras los regalos.

Al huérfano no hacen justicia,

y el pleito de la viuda no llega hasta ellos.

Por eso - oráculo del Señor, el Santo de Israel -:

¡Ay! Voy a desquitarme de mis contrarios,

voy a vengarme de mis enemigos.

Voy a volver mi mano contra ti y purificaré al crisol tu escoria,

hasta quitar toda tu ganga.

Voy a volver a tus jueces como eran al principio,

y a tus consejeros como antaño.

Tras de lo cual se te llamará Ciudad de Justicia, Villa-leal.

Sión por la equidad será rescatada, y sus cautivos por la justicia.

Los desertores del Señor se acabarán.

 

Silencio de adoración:

 

Lector.

Señor no nos trates como merecen nuestros pecados.

Asamblea.

Ni nos pagues según nuestras culpas.

Lector.

Yo dijo: confesaré al Señor mi culpa.

Asamblea.

Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

 

Sacerdote .

Oremos.

Oh Cristo, tu eres nuestro Salvador,

fruto precioso del seno de María la Virgen,

fecundado por el rocío del Espíritu, ;

concede que la Iglesia que peregrina en Asturias,

se abra a la escucha de tu Palabra y así encuentre siempre en ti,

el camino de la verdadera conversión.

Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

 

Lector

DEL PROFETA ISAÍAS

 

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor: "Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;, como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado.

 

silencio de adoración

Salmo responsorial (SI. 1)

 

 

  

Dichoso el hombre

que no sigue el consejo de los impíos,

sino que su gozo es la ley del Señor,

y medita su ley día y noche.

 

Será como un árbol plantado al borde de la acequia:

da fruto en su sazón

y no se marchitan sus hojas;

y cuanto emprende tiene buen fin.

 

En el juicio los impíos no se levantarán,

ni los pecadores en la asamblea de los justos;

porque el Señor protege el camino de los justos,

pero el camino de los impíos acaba mal.

 

Oración sálmica.

Sacerdote

 

Oh Señor, amigo de los hombres,

nos has creado por amor

y nos has llamado, en tu gran misericordia,

para formar parte de tu pueblo, fermento de unidad en medio del mundo;

acoge nuestra acción de gracias

por el don del agua vida del Espíritu Santo,

que permanece en medio de nosotros,

para el perdón de los pecados,

así podremos dar fruto en su sazón

en el próximo Sínodo diocesano para el que nos preparamos con fe.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

Silencio de adoración

 

Sacerdote

Del evangelio de san Juan 21, 2-7

En aquel tiempo estaban juntos Simón Pedro, Tomás,

llamado el Mellizo, Natanael, el de Cana de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.

Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.»

Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.» El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor».

 

Silencio de adoración

 

De la carta pastoral de Mons. Osoro "A la misión desde la conversión"

 

"Todos distinguimos fácilmente entre una Iglesia que reza y una Iglesia reducida a museo. La gran tentación de los discípulos primeros es cerrar­se, convertirse en museo. Estaban juntos, pero en el atardecer.

Ni siquiera reñían. En otras ocasiones habían reñido, simplemente por­que dos de ellos, los hijos de Zebedeo, habían pedido al Señor un puesto a la derecha y otro a la izquierda. Simplemente por esto se habían puesto a discutir entre todos, ya que todos querían algo, pero por lo menos conta­ban con el Señor y Él pudo intervenir.

Ahora tal cómo vemos en el texto, ni siquiera riñen, pero están en el atardecer: temerosos, trabajando, sin aliento, en la desesperanza, con muy poca fe y confianza en el Señor.

Y así Simón Pedro les dice "voy a pescar". Salió solo, por sí mismo y desde sí mismo.

Es normal que sólo con sus fuerzas no logre pescar nada, aunque le acompañen otros como él.

Sólo no se puede hacer nada, ni siquiera acompañado por otros iguales a mí. Salió con el atardecer, por su cuenta, con sus fuerzas y no pescó nada aquel día en el que había llegado la noche. Y es que sin Jesucristo no se hace nada, la vida se agosta y queda sin sentido todo.

Aquel grupo primero en el atardecer y sin el Señor en medio de ellos, no tiene vida, es un museo. Hay muchos recuerdos, pero no hay vida, por­que tienen aparcado a quien es la Vida, Jesucristo.

O se está abierto al Señor y se tiene vida y capacidad para llamar y ser creídos, o sin el Señor somos un mero recuerdo de una historia bonita pero que nada dice a nadie y genera en quienes viven esa historia mero recuer­do y en general desesperanza al percibir que pertenece al pasado. Antes de ser Papa, Benedicto XVI, escribía así:

"Todos sabemos cuál es la diferencia entre una Iglesia en la que se reza y una Iglesia reducida a museo. Hoy corremos el riesgo de que nues­tras iglesias se conviertan en museos y que acaben como los museos: si no se cierran son expoliados. No tienen vida. La medida de la vitalidad de la Iglesia, la medida de su apertura interior, se mostrará por el hecho de que sus puertas puedan permanecer abiertas, precisamente porque es una igle­sia en la que se reza constantemente ".

Canto

 

 

 Lector

1) Te damos gracias, Padre, por la vida y el conocimiento que nos

manifestaste.

2) Como este pan estuvo disperso, y al ser reunido se hizo uno, así

sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino.

3) Te damos gracias Padre, por la viña de David que nos ha sido

revelada por Jesús tu siervo.

 

Silencio de adoración

 

Todos juntos rezan

Oh Cristo, nuestra Pascua,

grande y santo es el misterio por medio del cual

has purificado el universo.

Tú quieres hablarnos como amigos

y nos pides que en tu nombre siempre echemos las redes

en el mar de la vida de los hombres

Tú eres la Palabra de Dios,

que nos llama a la conversión

y nos muestra el camino de la misión

desde la comunión contigo.

Tu eres la sabiduría y poder.

Retoño hermoso.

Vid verdadera.

Que el Espíritu Santo siempre nos mantenga unidos a Ti,

para que podamos dar fruto abundante

escuchando las palabras que salen de tu boca

y en la alegría de sabernos sacramento de tu presencia

en medio de los hombres.

A ti la gloria por los siglos.

Amén.

 

 

invocaciones litánicas

 

sacerdote

 

Manifestemos con nuestra oración la fe que tenemos

en la palabra del Hijo de Dios,

que ha venido a revelarnos el misterio del Reino de los cielos.

Digamos:

 

Creemos en ti, Señor.

 

 lector

Cuando nos dices: "Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos: Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices: "Dichosos los mansos porque ellos heredarán la tierra" Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices: "Dichosos los que lloran porque ellos serán consolados" Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices que "Tú eres la verdadera vid el Padre el viñador". Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices que "Tú eres la vid y nosotros los sarmientos". Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices que "permanezcamos en Ti para que demos fruto abundante". Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices: que "sin Ti no podemos hacer nada". Creemos en ti, Señor.

 

Cuando nos dices que "todo lo que pidamos en tu nombre nos será concedido". Creemos en ti, Señor.

 

Silencio de adoración

 

CANTO

 

Todos juntos rezan

 

¡Oh sacramento de misericordia!

¡Oh símbolo de unidad! ¡Oh vínculo de caridad!.

Quien desea vivir encuentra donde vivir .

y de quien vivir acercándose a Ti;

quien como tu Cuerpo y bebe tu Sangre

es vivificado junto con todos aquellos

que participan del mismo Pan

y beben en el mismo cáliz de salvación. t-

Recibirte a Tí, en este banquete sagrado

es recibir también a tu Cuerpo que es la Iglesia.

Que siempre vivamos de Tí, contigo y para Tí,

así podremos trabajar en la tierra

esperando la llegada de tu Reino.

Amén.

 

sacerdote

 

A aquel que es el Señor y conoce nuestro corazón le decimos:

 

lector

 

Guarda a tu Iglesia.

Guía y custodia a nuestros pastores.

Salva a tu pueblo y consérvalo en la paz.

Ayuda a los que nos creen iluminando su corazón.

Socorre a los pobres y consuela a los afligidos.

Guía y da fuerza a los misioneros del evangelio.

Recompensa a quien nos hace mal.

Hazte presente en todo hogar.

Devuelve al hogar a los exiliados.

Concede a los difuntos contemplarte cara a cara.

 

sacerdote

 

El Señor Jesús nos ha escogido para hacer de nosotros estirpe elegida, sacerdocio real, asamblea santa, pueblo adquirido por el Hijo de Dios. Sabiendo hijos en Él nos atrevemos a decir: Padre nuestro...

 

Oh Padre, que en la condescendencia de tu Hijo,

manso y humilde de corazón

has llevado a plenitud el deseo universal de salvación,

revístenos de sus sentimientos,

pon ilusión en nuestro corazones

para que la celebración del próximo Sínodo

sea una auténtica experiencia eclesial

y salgamos animosos, con palabras y obras,

a anunciar el evangelio de tu Hijo.

El que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

 

bendición

 

Seguidamente bendice al pueblo con el Santísimo en la custodia.

Estando todos de rodillas, el sacerdote pide por las vocaciones.

 

oración por las vocaciones y los sacerdotes.

 

Sac. Señor danos presbíteros según tu corazón.

Sacerdotes llenos del Espíritu Santo.

Sacerdotes dedicados a la oración y que enseñen a rezar.

Sacerdotes comprometidos con los jóvenes,

los pobres y con los que no tienen consuelo y amor en sus vidas.

Sacerdotes diligentes en la caridad

y capaces de comprensión y misericordia

sobre todo con los que sufren.

Mándanos sacerdotes fieles a la Iglesia,

sacrificados, evangélicamente pobres,

capaces de compartir su vida con los hermanos.

Mándanos sacerdotes de corazón grande, incansables en evangelizar,

guiar y edificar la Comunidad.

Mándanos sacerdotes fuertes y formados,

que manifiesten el evangelio de Cristo con su vida.

Danos sacerdotes santos.

Te pedimos, Señor

que suscites en la Comunidad cristiana numerosas respuestas >  '

a los ministerios eclesiales.

María, Madre de los sacerdotes y Madre de la Iglesia,  

acoge nuestra oración y preséntala a tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro.

Amén

 

canto

 

Reserva el Santísimo y mientras tanto el pueblo hace el canto final.

 

 

 

 

 

 «JESUCRISTO NOS INVITA A UNA

OPCIÓN RADICAL POR EL REINO»

CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA PENITENCIA

 

 

Rito de Reconciliación Sacramental de varios penitentes con confesión y absolución individual.

Entorno: conviene mantener la ambientación propia para una celebración de reconci­liación. Si hay una gran cruz con o sin crucifijo es bueno hacerla resaltar quizás con luz. Se puede tocar música de tono meditativo hasta que empiece la celebración. Guía: se sugiere el texto de los cantos; se puede explicar el modo cómo se realizará la celebración, p.e. la colocación de varios sacerdotes en el espacio de la iglesia; des­pués de que cada uno recibe la absolución del sacerdote puede regresar al espacio de la asamblea y esperar a que todos terminen para recibir la bendición y despedida; habrá música suave durante el tiempo de confesiones individuales.

 

 

RITOS INTRODUCTORIOS

 

A los presbíteros (vestidos con alba y estola morada) que ayudarán en las confesio­nes individuales, se les comunica dónde estarán situados para las confesiones indi­viduales y absolución, y luego toman su asiento en las primeras bancas. Se pueden encender las velas cerca del ambón como preparación de la Liturgia de la Palabra. El que va a presidir hace su entrada (no hay una procesión formal) y empieza el canto de entrada.

 

CANTO DE ENTRADA

 

 

2. Mira mi angustia, mira mi pena, / dame la gracia de tu perdón.

3. Mi corazón busca tu rostro; / oye mi voz, Señor, ten piedad.

4. A ti, Señor, te invoco y te llamo: / tú eres mi roca, oye mi voz.

5. No pongas fin a tu ternura, / haz que me guarde siempre tu amor.

6. Sana mi alma y mi corazón / porque pequé, Señor, contra ti.

 

SALUDO

 

Presidente:

 

La Palabra de Dios nos apremia a despojarnos del hombre viejo

y a revestirnos del hombre nuevo.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo

el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo,

que nos hacen crecer en santidad y justicia,

estén con todos vosotros.

R. Y con tu espíritu.

 

INTRODUCCIÓN

El que preside da la bienvenida con estas o semejantes palabras:

 

Queridos hermanos:

La tentación a no tomarnos en serio nuestra lucha contra el mal es

grande. La opción por la vida, la justicia, la santidad,

no se puede hacer a medias, intentando arriesgar y conservar.

Muchos buscamos una imposible componenda

entre el evangelio y unos criterios rebajados.

Quien ama a ratos y a medias no ama nada,

su amor es engañoso.

No se puede servir a dos señores.

La opción por la fe es radical y decisiva.

Supone una ruptura con el pecado

y un abrirse al amor perdonador de Dios.

Que nuestra presencia hoy aquí

sea un paso decisivo al "sí" a Dios y a los hermanos

como lo dio Jesús y así podamos pasar de la conversión a la misión.

 

ORACIÓN INICIAL

Presidente:

Oremos (pausa)

 

Señor, envía tu Espíritu en nuestros corazones,

para que nos purifique en las aguas del arrepentimiento.

Que haga de nosotros un sacrificio vivo y agradable a tus ojos,

A fin de que siempre y en todo lugar

con su poder de engendrar nueva vida,

podamos alabar tu gloria

y proclamar tu tierna compasión.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura

 

"Jesucristo fue todo él un sí"

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,18-22

 

Hermanos:

¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no».  Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial Salmo 105

 

 

Acuérdate de mí por amor a tu pueblo, visítame con tu salvación: para que vea la dicha de tus escogidos, y me alegre con la alegría de tu pueblo,

Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas;

Sálvanos, Señor, Dios nuestro, reúnenos de entre los gentiles: daremos gracias a su santo nombre, y alabarte será nuestra gloria.

 

Aclamación antes del Evangelio

"Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto".

 

Evangelio

 

"El que pierda su vida la salvará "

 

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 349, 1

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijo:

"El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue

con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá;

pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida?

¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente,

idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él,

cuando venga con la gloria de su Padre, entre los santos ángeles".

Y añadió: "Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin

haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder".

 

Palabra del Señor.

 

R/. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

HOMILÍA

 

Sugerencia:

No se puede iniciar un Sínodo sin pasar del hombre viejo al nuevo y esto requiere rupturas profundas en el pensamiento, palabras y obras que testi­monian una decisión espiritual muy clara. El Espíritu es poderoso y nos hace valientes para vencer la debilidad de nuestros corazones. "Ganar la vida" es el "sí" generoso de ponerla al servicio del Reino.

 

EXAMEN DE CONCIENCIA

 

Se puede dedicar un tiempo para hacer un examen de conciencia y ayudar a madurar el dolor por los pecados. El que preside, o un diácono u otro ministro pueden propo­ner a los presentes una reflexión por medio de breves sentencias o preguntas a modo de letanía, que tenga en cuenta sus circunstancias, edad, etc.

 

1. Examinemos en primer lugar nuestra relación con Dios.

¿Lo tengo presente en mi vida9 ¿Rezo? ¿Participo en el encuentro cristia­no por excelencia, que es la Eucaristía de los domingos? ¿Vivo la realidad de mi cuerpo como templo del Espíritu Santo?

 

2. Examinemos nuestro interés por el crecimiento de nuestra vida cristiana.

¿Vivo el misterio de la Iglesia desde una profunda experiencia de fe, espe­ranza y caridad? ¿Me preocupo por conocer mejor mi fe y formarme ade­cuadamente?

¿Reflexiono sobre mi vida cristiana, sea individualmente, sea en grupo? ¿Me siento sustentado en los fundamentos apostólicos que puso Cristo a la Iglesia?

¿Participo en la vida parroquial, o en otras actividades de Iglesia? ¿Acojo con interés la celebración del próximo Sínodo Diocesano? ¿Ayudo, de alguna manera, a que el Obispo sea profeta, testigo y servidor de la espe­ranza? ¿Anuncio a Jesucristo con claridad y con fortaleza?

 

3. Examinemos nuestras relaciones con los demás.

¿Me preocupo por el bien de los demás, o pienso sólo en mí mismo? ¿Tengo el ánimo dispuesto a ayudar a los demás en toda ocasión, o calcu­lo antes mis propios intereses?

¿Intento controlar mis enfados y mis iras? ¿Soy capaz de ceder, o quiero tener siempre la razón? ¿Soy leal con los demás? ¿Soy generoso?

 

4. Examinamos nuestra preocupación por la sociedad y por el bien de todos.

¿Me intereso por los problemas de la vida social y política? ¿Contribuyo de algún modo a hacer posible un mundo más justo para todos? ¿Me preocupo por los problemas de mi ciudad (barrio)? ¿Me preocupo por los pobres?

 

5. Examinemos nuestra vida de trabajo o estudio.

Si soy empresario, ¿me preocupo por dar trabajo y sueldo dignos? Si soy tra­bajador, ¿rindo como es debido en el trabajo? En mi profesión, ¿procuro ser competente y buen profesional? Si soy estudiante, ¿dedico al estudio la aten­ción y el tiempo necesarios? Y en todos los casos, ¿mantengo buenas rela­ciones con los compañeros? ¿actúo siempre con espíritu solidario?

 

6. Examinemos, finalmente, nuestra vida de familia.

¿Hago lo posible por fomentar la buena relación entre todos? ¿Nos sabe­mos respetar mutuamente? ¿Busco el bien del otro, con verdadero amor? ¿Vivo el estado en el que me encuentro según el plan de Dios?

 

RITO DE RECONCILIACIÓN

 

CONFESIÓN GENERAL ,

 

El diácono u otro ministro invita a que todos se arrodillen y digan juntos la fórmula común de confesión general.

 

Presidente:

Hermanos y hermanas: confesad vuestros pecados y orad unos por otros

para que experimentéis la sanación que viene de Dios.

 

Todos:

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos,

que he pecado mucho

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

 

LETANÍA

 Presidente:

 

Cristo nuestro Salvador es nuestro abogado ante el Padre: con un corazón humilde pidámosle que perdone nuestros pecados. Líbranos de la esclavitud del pecado y condúcenos por el camino de la santidad.

 

R. Confiamos en tu perdón, Señor.

 

Haz que seamos un signo vivo de tu amor para que todos contemplen: un pueblo reconciliado contigo y unos con otros.

 

R. Confiamos en tu perdón, Señor.

 

Haz que crezcamos en tu paz y que la extendamos por todo el mundo.

 

R. Confiamos en tu perdón, Señor.

 

Al perdonar nuestros pecados: ayúdanos a amar a los demás y a saber perdonar sus pecados contra nosotros.

 

R. Confiamos en tu perdón, Señor.

 

Envía tu luz a nuestra oscuridad y llévanos por el camino de tu verdad.

 

R. Confiamos en tu perdón, Señor.

 

En tu perdón líbranos de nuestro pasado y haz que seamos capaces de

empezar una nueva vida santa.

 

R. Confiamos en tu perdón, Señor.

 

Crea en nosotros un corazón nuevo y restaúranos en plena comunión contigo y con los demás.

 

R. Confiamos en tu perdón, Señor.

 

Presidente:

Dirijámonos a Dios nuestro Padre y pidámosle que nos libre de todo mal:

 

Todos:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

Presidente:

Padre, nuestra fuente de vida,

Tú conoces nuestra debilidad.

Ayúdanos a acoger con alegría tu amor sanador

y así poder caminar por tus caminos   

con un corazón bien dispuesto

para iniciar los caminos del Sínodo diocesano.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

 

CONFESIÓN INDIVIDUAL Y ABSOLUCIÓN

 

Los penitentes se acercan a los sacerdotes y confiesan sus pecados. Cada uno recibe y acepta un acto apropiado de satisfacción y es absuelto. Después de escuchar la confe­sión y dar el consejo apropiado, el sacerdote extiende su mano sobre la cabeza del penitente (o por lo menos extiende su mano derecha) y le da la absolución. Se omite todo lo demás que es común en la confesión individual.

 

Presidente:

Dios, Padre misericordioso,

que reconcilió al mundo consigo

por la muerte y la resurrección de su Hijo,

y envió al Espíritu Santo para el perdón de los pecados,

te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, Y del Hijo, + y del Espíritu Santo.

R. Amén.

 

ALABANZA POR LA MISERICORDIA DE DIOS

 

Cuando se han terminado las confesiones, el que preside invita a todos los presentes a dar gracias y los anima a que con sus buenas obras proclamen la gracia del arrepen­timiento en la vida de la comunidad y en la de cada miembro. Es apropiado que todos canten un salmo en reconocimiento del poder y perdón de Dios.

 

 

ORACIÓN FINAL DE ACCIÓN DE GRACIAS

 

Presidente:

Dios santo,

nos has mostrado tu misericordia

y has hecho de nosotros una nueva creación

a imagen de tu Hijo.

Que seamos signos vivos y visibles

de tu amor ante el mundo.

Por Cristo nuestro Señor.

R. Amén.

 

RITO CONCLUSIVO

 

El que preside bendice a los presentes:

 

Que el Señor guíe vuestros corazones por el camino de su amor y os sostenga en vuestra lucha contra el mal. R. Amén.

Que os dé fortaleza para caminar en una vida nueva y seáis para Él sacrificio de alabanza. R. Amén.

Que os bendiga el Dios todopoderoso, el Padre, y + el Hijo, y el Espíritu Santo. R. Amén.

 

El diácono u otro ministro o el mismo sacerdote despide a la asamblea:

 

El Señor os ha librado de vuestros pecados. Con un corazón nuevo podéis

ir paz.

R. Demos gracias a Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PETICIONES POR EL SÍNODO DIOCESANO

PARA AÑADIR EN LA "ORACIÓN DE LOS FIELES"

 

Adviento

1°    Para que los que en este Adviento nos preparamos a la venida del Mesías, crezca en nosotros el deseo de escuchar la Palabra y así poda­mos discernir lo que Dios Padre espera de nosotros en el próximo Sínodo. Roguemos al Señor

2°    Para que nuestras comunidades despierten del sopor de la rutina y pre­paren con ilusión el Sínodo que se ha convocado como un momento de gracia para nuestra Iglesia diocesana. Roguemos al Señor.

3°    Para que por la venida del Señor nuestro trabajo sinodal se haga mas intenso y así se realicen las grandes esperanzas de los hombres y nazca un mundo mejor. Roguemos al Señor.

4°    Para que los cristianos seamos para todos los hombres testimonio de aquella alegría que brota de la certeza de que viene el Señor a salvar­nos y nuestra búsqueda de la voluntad de Dios se haga más intensa en los trabajos del Sínodo. Roguemos al Señor.

5°    Para que a ejemplo de la Virgen, crezcamos cada día más en la fe y en el deseo de ir al encuentro del Señor que viene, intensificando la ora­ción por el Sínodo diocesano. Roguemos al Señor.

6°    Para que los que sufren experimenten en la oración y en el amor de los hermanos la venida del Señor y sean conscientes de que su testi­monio de fe viviendo la enfermedad, aporta un caudal de vida en los trabajos sinodales. Roguemos al Señor.

 

Navidad

 

1°    Para que el nacimiento de Cristo haga renacer en nosotros un deseo, cada vez mayor, de que nazca en nuestros corazones por medio de una escucha cada vez más atenta de su palabra. Roguemos al Señor.

2°    Para que los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, sientan, en estos días de Navidad, el gran amor que Cristo nos trae y vivan sus dolores en comunión con El para el bien de toda la Iglesia diocesana que se pre­para para el Sínodo. Reguemos al Señor.

3°    Para que el Sínodo sea una bendición para la Iglesia diocesana y así pueda dar testimonio del nacimiento de Cristo. Roguemps al Señor.

4°    Para que los que nos hemos reunido para celebrar el nacimiento de Jesús, crezcamos cada día en una vida de santidad y justicia y así el Sínodo se vea enriquecido en nuestra búsqueda del querer de Dios. Reguemos al Señor.

5°    Para que la Iglesia diocesana sepa acoger con alegría de corazón, las conclusiones a las que se llegue en el Sínodo del mismo modo que acoge y celebra el nacimiento de Cristo. Reguemos al Señor.

6°    Para que la Iglesia que peregrina en Asturias, realice fielmente su misión, preparándose con ilusión a la celebración del Sínodo diocesa­no. Roguemos al Señor.

 

Cuaresma

 

1°    Para que Cristo, que despertó a Lázaro del sueño de la muerte, nos despierte a todos nosotros de todas las rutinas, cansancios y desilusiones que puedan bloquear el desarrollo del Sínodo y así podamos pasar de la conversión a la misión. Roguemos al Señor.

2°    Para que la penitencia cuaresmal avive en todos nosotros el deseo de Cristo y seamos tierra fecunda que da fruto abundante en el próximo Sínodo. Roguemos al Señor.

3°    Para que nuestras comunidades y como fruto de la escucha de la Palabra, nos sintamos movidos a una verdadera conversión que favo­rezca la misión de la Iglesia en medio de los hombres. Roguemos al Señor.

4°    Para que los que formamos parte de la Iglesia diocesana, sepamos, por medio de la oración, la limosna y el ayuno, prepararnos con mayor fervor a la celebración del próximo Sínodo diocesano desde una sin­cera conversión. Roguemos al Señor.

5°    Para que los que participan de la pasión de Cristo por la enfermedad y el sufrimiento sepan ofrecerlo por el bien de la Iglesia diocesana que se prepara a la celebración del Sínodo. Roguemos al Señor.

6°    Para que nosotros que recordamos con amor el misterio de la cruz de Cristo, nos sintamos llenos de la fuerza del Espíritu Santo y colabore­mos en todo aquello que puede repercutir en bien la Iglesia. Roguemos al Señor.

 

Pascua

 

1°    Para que nuestra Iglesia diocesana se sienta guiada por Cristo resuci­tado a descubrir nuevos caminos de evangelización en el próximo Sínodo Diocesano. Roguemos al Señor.

2°    Para que el Espíritu, don precioso de Cristo resucitado a la Iglesia, avive en nosotros el ardor que sintieron los apóstoles en Pentecostés, cuando se abrieron al mundo para anunciar el evangelio. Roguemos al Señor.

3°    Para que quienes cada domingo escuchamos la palabra de Dios que nos llama a seguirlo para el servicio ñy edificación de su pueblo, no ahorremos esfuerzos en favor del Síndo diocesano y así podamos ser testigos de la presencia de Cristo en medio nuestro. Roguemos al Señor.

4°    Para que el Hijo de Dios que con sus muerte destruyó nuestra muerte y con su resurreción abrió para nosotros el camino de la vida, nos guíe a todos en el trabajo que se nos pide en beneficio del próximo Sínodo diocesano. Roguemos al Señor.

5°    Para que los aquí reunidos experimentemos la fuerza de Cristo resu­citado y llevemos su alegre noticia al mundo que nos rodea según las conclusiones a las que se llegue en el próximo Sínodo. Roguemos al Señor.

6°    Para que vivimos los trabajos del Sínodo como alumbramiento del futuro que reclama nuestra fe y nuestro compromiso bautismal. Roguemos al Señor.

7°    Para que los militantes cristianos trabajen con entusiasmo en los que­haceres del Sínodo. Roguemos al Señor.

8°    Para que todos nosotros, movidos por el fuego del Espíritu, camine­mos conforme a la vida nueva que Cristo nos ha comunicado y así vivimos el Sínodo como momento de gracia y salvación. Roguemos al Señor.

 

Tiempo ordinario

 

1 ° Para que crezca en todos nosotros el deseo de comunión, como fruto de nuestra unión con Cristo en el misterio eucarístico, y así podamos abordar los trabajos del próximo Sínodo llenos de esperanza. Reguemos al Señor.

2°    Para que nuestra parroquia (comunidad) se siente Iglesia diocesana que prepara caminos nuevos de evangelización en el Sínodo que ha sido convocado. Reguemos al Señor.

3°    Para que el Espíritu Santo suscite en todos nosotros deseo de búsque­da de nuevos caminos, para la evangelización de nuestros pueblos y ciudades. Ruguemos al Señor.

4°    Para que el Sínodo diocesano sepa actualizar, con sabiduría y prudencia, el mensaje de Cristo en esta Iglesia particular. Reguemos al Señor.

5°    Para que la Iglesia diocesana sepa prepara, en un clima de fe, oración y caridad, el próximo Síndo, don de Dios para todos nosotros. Reguemos al Señor.

6°    Para que nuestras comunidades sepan dar testimonio cristiano prepa­rando con responsabilidad la celebración del próximo Sínodo. Roguemos al Señor.

7°    Para que los enfermos de nuestras comunidades, se sientan compro­metidos en los trabajos del Sínodo ofreciendo sus padecimientos en bien de la Iglesia. Roguemos al Señor.

8°    Para que los que pertenecemos a esta Iglesia particular por el Bautismo recibido, tomemos conciencia de nuestra vocación a la evangelización y colabores en los trabajos del Sínodo con nuestras aportaciones. Roguemos al Señor.

9°    Para que el Padre, fuente de toda bendición, bendiga los trabajos que se están llevando para la realización del próximo Sínodo y así nuestra Iglesia diocesana se siente fortalecida en la predicación del Evangelio. Roguemos al Señor.

10° Para que el próximo Sínodo diocesano tome como acción prioritario el fomento de las vocaciones al ministerio ordenado a la vida religio­sa. Roguemos al Señor.

11° Para que los trabajos del Sínodo se sientan acompañados por las ora­ciones y las aportaciones de aquellas comunidades que han hecho de la contemplación opción prioritaria. Roguemos al Señor.

 

Fiestas de la Virgen

 

1°    Para que siguiendo el ejemplo de María que conservaba todo en el corazón, guardemos en nuestro interior la palabra que se proclama y así podamos discernir los signos de los tiempos en el Sínodo diocesa­no. Roguemos al Señor.

2°    Para que siguiendo el ejemplo de María que colaboró con su Hijo en el misterio de la redención de los hombres, cooperemos nosotros tam­bién con el ministerio episcopal en el Síndo diocesano. Roguemos al Señor.

 

Fiestas de los Santos.

 

Para que a ejemplo de (NN) testigo vivo de la pascua de Cristo, nosotros no ahorremos esfuerzos para prepararnos a este acontecimiento de gracia que será para nuestra Iglesia diocesana el próximo Sínodo. Roguemos al Señor.

 

Fiestas del Señor

 

Para que siguiendo el ejemplo de Cristo, que por medio de su encarnación, muerte y resurrección vino a reunir a los hijos de Dios dispersos por el pecado, nos sintamos comprometidos en la experiencia de comunión que será el Síndo diocesano. Roguemos al Señor.