Después de un tiempo de reflexión, meditación y discernimiento de todas vuestras aportaciones, en la cercanía de la Santina, contemplando lo que Ella realizó precisamente aquí en Covadonga, he visto, que, por fidelidad a Cristo y a la Iglesia, lo más conveniente es realizar un Sínodo Diocesano tal y como la Iglesia dispone que se lleve a cabo. Para ponerlo en marcha es necesario establecer un proceso que integre las tres fases que las disposiciones eclesiales señalan para la celebración de los Sínodos Diocesanos: 1) tiempo de preparación espiritual; 2) tiempo de selección de temas y líneas de acción pastoral, junto con el establecimiento de la legislación particular; y 3) tiempo de estudio y toma de decisiones. Estas tres fases, que componen y diseñan un Sínodo Diocesano, las sintetizo en estos términos: contemplar, vivir y celebrar y anunciar.

    Queridos hermanos, tal como nos decía el Papa Juan Pablo II y nos sigue recordando Benedicto XVI, una nueva evangelización no se puede emprender con nuevo ardor, método y expresión si no es entrando por un camino de preparación intenso y fuerte, que nos lleve a ver con claridad las direcciones, los temas centrales que nuestra Iglesia Diocesana tiene que asumir y trabajar para anunciar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la Buena Noticia, siendo fieles al Magisterio de la Iglesia.

    Al anunciar la celebración de un Sínodo en nuestra Iglesia Diocesana, os convoco para comenzar ya en este año la primera fase de su realización; es decir, el tiempo de preparación espiritual que, como dice el Papa Benedicto XVI, es tiempo para tomar la decisión más importante: ser-Iglesia. Ser y sentirnos Iglesia -ekklesía- es tan importante, tan trascendente, que repercute en la estructura de toda nuestra vida y afecta a lo más profundo del ser. Es una decisión que nos implica y compromete a todos, a fin de poder hacer un camino de comunión para realizar la misión. Es una opción básica sin la cual no se puede emprender un camino de nueva evangelización.

    En este tiempo de preparación espiritual para acometer la nueva evangelización, hemos de alimentarnos de los mismos fundamentos en los que se basó la primera comunidad cristiana al inicio del anuncio del Evangelio: ¡Dejémonos llamar por el Señor a la conversión! Para ello, será necesario que nos dejemos conquistar el corazón por Jesucristo; que salgamos de nuestra oscuridad, que volvamos a la esperanza; que confiemos en el Señor, no teóricamente, sino existencialmente; que lo descubramos presente realmente y vivo en la Eucaristía (Jn 21, 1-21). Por eso, pondremos los medios necesarios que nos permitan realizar este camino, de tal manera que todos los cristianos de Asturias puedan participar. Ante todo, el Sínodo quiere ser un tiempo para verificar que la llamada del Señor lleva siempre a la unidad, a la concordia, a la convivencia, nos introduce en el discipulado y pide transmisión de la fe. Y todo, lleno del auténtico componente humano que basa sus relaciones en la dimensión de fraternidad, en el estímulo que proporciona la esperanza cristiana y en el impulso proporcionado por los otros (Jn 1, 41-45).
         
 (Tomado de la homilía pronunciada por Exmo. Sr. Arzobispo el día 8 de Septiembre de 2006, festividad de la Santina)