Pastoral Penitenciaria celebra La Merced

Publicado el 20/09/2018
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Pastoral Penitenciaria celebra La Merced

El próximo día 24 de septiembre, lunes, se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Merced, una advocación mariana vinculada a la orden de los Mercedarios. Esta orden fue fundada por San Pedro Nolasco bajo el nombre “Nuestra Señora de la Merced y Redención de los Cautivos”, y este año cumple, precisamente, ocho siglos de historia.
Es también la fiesta de la Pastoral Penitenciaria o la presencia de la Iglesia católica en las cárceles con las personas privadas de libertad. Precisamente ante esta festividad de la Merced, la Conferencia Episcopal Española acaba de publicar una estadística correspondiente al año 2017 relativa a la actividad de la Pastoral Penitenciaria en nuestro país. Las cifras muestran la gran riqueza humana comprometida con la cárcel y su entorno, como los 50 capellanes liberados, los 162 capellanes colaboradores y 2.700 voluntarios que dentro y fuera de prisión trabajan “para crear espacios de libertad y esperanza”. A ello hay que añadir las 708 entidades que colaboran con esta labor pastoral de la Iglesia, entre las que se encuentran parroquias, Cáritas, congregaciones religiosas, fundaciones y diferentes ONG, como un compromiso de toda la Iglesia unida. Todos ellos trabajan a través de los más de 900 programas de formación que están en marcha. Son algunas de las cifras que muestran la gran labor que se lleva a cabo en el ámbito de la Pastoral Penitenciaria en toda España.

De izquierda a derecha, José Antonio García Quintana sj, Delegado de Pastoral Penitenciaria en la diócesis; Begoña Ferrín, voluntaria y Alfonso de los Ríos, presidente de la Asociación Entainar

En la diócesis, el Delegado de Pastoral Penitenciaria, el jesuita José Antonio García Quintana, dirige desde hace años un equipo de voluntarios que acuden a prisión para, con su tiempo, procurar ayudar y mejorar la vida y las condiciones de los internos, dentro y fuera de la cárcel. De hecho, el propio Delegado reconoce que la Pastoral Penitenciaria en nuestra diócesis es “una de las que más presencia tiene” de toda España. Y lo hace fundamentalmente dentro de tres ámbitos. Por un lado, el ámbito religioso y pastoral, mediante celebraciones religiosas y de la eucaristía, la administración de sacramentos y el catecumenado de adultos. Por otro lado, en el ámbito social: los voluntarios de Pastoral Penitenciaria intentan hacer frente a las necesidades que les plantean los internos. Éstas, según el propio Quintana, pueden ser “desde ayudas económicas para ellos, como fuera de la prisión, a sus familias. Y es que todos los presos pertenecen a una comunidad, una familia, un pueblo o una ciudad, y ahí también intentamos intervenir porque en algún momento volverán a esa realidad. Es algo que ellos agradecen especialmente, cuando ven que ayudamos a sus hijos, a su mujer o a sus padres. Procuramos que los vínculos familiares no se pierdan, sino que se restablezcan y se refuercen, que se curen heridas para que, cuando esa persona salga de prisión, se encuentre un lugar y un ámbito en el que pueda enderezar su vida”.
También dentro del ámbito so-cial de la Pastoral Penitenciaria se encuentra el apoyo académico, desde los niveles más básicos hasta la FP o el acceso a la Universidad. “Al mismo tiempo impartimos otras clases, como música o inglés, siempre en función de la demanda de las asambleas de los internos en los diferentes módulos. Intentamos trabajar coordinadamente con ellos para responder más y mejor a sus expectativas y así complementar la labor que realizan los funcionarios dentro”, señala Quintana.
Desde el ámbito jurídico, Pastoral Penitenciaria colabora, a través de sus abogados voluntarios, en el asesoramiento de la ley penal penitenciaria. “No nos metemos en los casos penales o administrativos de los internos, pues para eso ya tienen sus propios abogados. Nosotros sólo intentamos asesorar en el campo de la obtención de permisos o informes –destaca el Delegado–, pues si el lenguaje jurídico es muy complejo para todo el mundo, tanto más lo puede ser para la población extranjera, por ejemplo”.
En todo este mundo, los voluntarios vienen a suponer “un soplo de aire fresco, una luz distinta”, para los internos –reconoce el Delegado de Pastoral penitenciaria en la diócesis–. “Traen horizontes y perspectivas nuevas, y les ayudan a salir de su pequeño mundo, de la rutina de cada día, de muchas horas de soledad que en ocasiones está acompañada de abatimiento, e incluso de periodos de oscuridad, donde el voluntario aporta perspectivas nuevas, soluciones, y le pone en contacto con la realidad de fuera”.
En definitiva se trata de una labor que es ”muy bien recibida” por los reclusos e incluso “también por los funcionarios”, asegura el jesuita, “que también entregan su vida con mucha profesionalidad e incluso a veces con mucho sacrificio personal”.
Generalmente los voluntarios reciben formación previa antes de comenzar a colaborar en prisión. Begoña Ferrín, voluntaria de Pastoral Penitenciaria en la diócesis desde hace doce años, afirma que ella ha recibido varios cursos en Madrid, algo fundamental para “saber mo-verte de una manera eficaz”. “Tú puedes ir con la mayor voluntariedad pero hay que formarse y saber cómo estar en la cárcel, independientemente de lo que quieras aportar de escucha y de cariño. No sólo basta la buena voluntad”, asevera. Begoña ha dado clases de inglés a los internos durante más de diez años. Sin embargo, últimamente ha comenzado con los talleres de habilidades sociales, algo que considera que debería ser “obligatorio” para todos, “para su estancia allí, pero también de cara a su salida de prisión”. Begoña se siente inmensamente agradecida por la acogida que le han prestado siempre los internos del Centro de Villabona, y afirma que supone “una gran satisfacción el poder escuchar y dedicarme a todas esas personas privadas de libertad, pues ellos te aportan mucho y lo hacen incondicionalmente, algo complicado de encontrar hoy en día. Es algo mutuo, tú les aportas tus conocimientos, y ellos también te devuelven a ti confianza y cariño”.
El voluntariado llega habitualmente desde las parroquias, movimientos, asociaciones o Cáritas. “Solemos tener con ellos una pequeña entrevista –destaca José Antonio García Quintana– y un curso de formación para poder situarse en esa realidad. A partir de ahí, comienzan siempre acompañados por otras personas con más experiencia”. Precisamente hace poco se acaba de incorporar al equipo de Pastoral Penitenciaria el “voluntario más joven de España”. “Tiene sólo 18 años y es hijo de una voluntaria. Ha comenzado a entrar acompañando a su madre, que es abogada y que realiza asesoría jurídica con los internos y da clases también de habilidades sociales”, explica el Delegado. “Los internos le protegen y le cuidan. La verdad es que hay historias muy bonitas allí dentro”.
La Iglesia une sus fuerzas
Cáritas cuenta con una presencia especial dentro la cárcel, apoyando económicamente a los internos y a sus familias, con quienes favorece el contacto habitual. “Como yo estoy allí todos los días –afirma el Delegado de Pastoral Penitenciaria– suelo hacer de puente con los grupos de acogida de las Cáritas parroquiales donde se atiende a las familias de los internos”. Internos que llegan desde todos los puntos de Asturias: las principales ciudades como Gijón, Oviedo o Avilés, pero también las Cuencas e incluso de numerosos pueblos más pequeños donde a veces incluso no llegan los servicios sociales habituales y es Cáritas quien está allí, a través de la parroquia, acompañando a las familias de los presos. “También coordinamos los permisos de las mujeres que no tienen recursos, porque la Asociación Entainar acoge en su piso fundamentalmente a hombres –señala el Delegado–. Ellas son acogidas en una residencia que tienen las Adoratrices en Oviedo, y también en pisos de Cáritas que están distribuidos por toda la geografía asturiana”.
Y es que, tal y como señala el propio Delegado, “cada vez más se nos exige en esta realidad social y religiosa en la que vivimos, que la Iglesia esté unida porque, aunque las instituciones seamos diferentes y realicemos labores diferentes, también somos complementarios y debemos unirnos para prestar un mejor servicio a la población, tanto a los internos como a sus familias y la realidad que les rodea. Colaborando y uniendo fuerzas podremos ser más eficaces y atender mejor a las personas

La Asociación Entainar, desde 2009 ofreciendo acogida a los internos

“La Asociación Entainar (www.entainar.es) nació de la intención, por parte de un grupo de voluntarios, en el año 2009, de acoger y acompañar en sus permisos penitenciarios a los internos sin vínculos ni apoyos familiares ni sociales, y favorecer también la inserción en la sociedad de quienes han pasado por el Centro Penitenciario. Hoy en día es una asociación civil sin ánimo de lucro que colabora con Pastoral Penitenciaria, y que, tal y como explica Alfonso de los Ríos, su presidente, acoge a entre 35 y 37 internos en sus salidas puntuales a lo largo del año. Desde su fundación, Entainar ha ido creciendo en voluntarios y socios, “los pilares de la asociación. Son una parte de la sociedad a la que hemos involucrado en la tarea, y de alguna forma son los que soportan Entainar, ya que sostienen más del 50% de los gastos”. Una importante labor social de un grupo de personas que quieren llegar a más gente, “porque el problema de los presos –afirma Alfonso de los Ríos– es un problema de la sociedad. Si no se rompe el círculo de la pobreza, hay gente que nace abocada a la cárcel”.

La Pastoral Penitenciaria española, en cifras (Año 2017)

• 2.700 voluntarios
• 50 capellanes liberados
• 162 capellanes voluntarios
• 809.766 euros aportados por Pastoral Penitenciaria
• 708 entidades colaboradoras
• 993 programas
• 624 encuentros formativos
• 70 casas de acogida
• 7.053 participantes en celebraciones litúrgicas
• 10.315 paquetes de ropa para 8.125 personas

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