Agradecemos al Dr. D. Eduardo Vadillo Romero su presentación de esta carta pontificia. Leerlo es la viva recomendación. Como hemos podido colegir en su exposición, todo documento tiene un autor, unos destinatarios, se fundamenta en unas fuentes, dialoga con unas circunstancias, y aporta un mensaje. Este íter está presente en la carta apostólica Porta fidei del Papa Benedicto XVI.
Comenzaba nuestro ponente citando a San Gregorio Magno en su comentario al Cantar de los Cantares. “Mi secreto es para mí”, decía la novia del cantar. Pero no se trata de un secreto ignoto y sellado, sino que es un secreto que ha sido desvelado, porque Dios mismo nos lo ha entreabierto. Y esto es lo que esta carta apostólica del Papa Benedicto XVI, nos ha querido describir y nos ha invitado a seguir gustando. Los dogmas que articulan nuestra fe creída y confesada, no son un bloque doctrinal sin más, sino una doctrina reflexionada y sistematizada a partir de la revelación que Dios nos ha hecho y que la Iglesia custodia, celebra, defiende y anuncia. Y de todo ello da cuenta como un precioso vademécum el Catecismo de la Iglesia Católica, verdadera herramienta para hacer la travesía de la fe en este momento de nuestra historia humana y cristiana.
La fe tiene una puerta, que cuando se traspasa su umbral se da un encuentro con quien detrás nos esperaba, y para cuyo abrazo habíamos nacido. No se trata de un encuentro sórdido, ciego, o mudo, sino un encuentro que nos presenta un Tú que tiene rostro amable y acogedor, que nos dirige una palabra elocuente y creadora: es el encuentro con Jesucristo.
Lo que descubrimos en este encuentro es una correspondencia, que llena nuestra vida de luz y de belleza, que nos abre a la bondad caritativa y que nos despierta la esperanza. Creemos esto, creemos en esto. La belleza de que aquí se trata no es una cuestión pasajera, banal o simplemente estética, sino una belleza propiamente hablando "teologal": la caridad la testimonia con los gestos cotidianos del amor cristiano, la fe la cree con una confianza filial, y la esperanza aguarda su final cumplimiento y eterno desenlace.
Ante el reto de la nueva evangelización en la que estamos embarcados en este nuevo milenio comenzado, necesitamos traspasar el umbral de la puerta de la fe, y quedar prendados de la belleza que entraña el encuentro con Jesucristo Salvador. De esto queremos ser testigos y a esto somos llamados.
Muchas gracias al ponente por su profunda y sugestiva exposición, que nos invita a tomar en nuestras manos esta carta apostólica de Benedicto XVI, a leerla con atención agradecida y a incorporarla personal y comunitariamente a la tarea de la nueva evangelización.
+ Jesús Sanz Montes ofm
Arzobispo de Oviedo |