Bendecir significa decir bien. Pedir a alguien que nos bendiga es pedirle que diga bien de algo nuestro. Estamos esta mañana aquí para un breve acto de bendición de este nuevo Palacio de Congresos. Quiero subrayar la sensibilidad cristiana que han tenido la empresa Jovellanos XXI y las entidades asturianas que han colaborado en este proyecto y que son sus promotoras, para pedir que se bendiga este local. Me alegra y agradezco la libertad que han demostrado. Hemos sido convocados por ellos y para esto. Y por eso estamos los que estamos. Ya se ve que no coincide nuestra presencia con la foto que algunos habían retratado en su imaginación y para la que nosotros al menos no habíamos posado.
Por cierto, agradezco la labor profesional de los que se dedican como verdaderos periodistas gráficos, y tengo un recuerdo especial por nuestro fotógrafo secuestrado en Libia, Manu Brabo. Deseo su pronta liberación, sano y salvo, y junto a mi oración envío mi afecto y solidaridad a su familia, sus compañeros y amigos.
Si esta es la razón de este acto (y no otras supuestas), y si esta es la puesta en escena (y no la que con nombres otros habían imaginado), procedamos entonces a hacer lo que hacemos, porque queremos hacerlo, porque es justo y necesario.
Los evangelios están salpicados por escenas en las que Jesús se ponía a enseñar a las muchedumbres en tantos lugares, que por estar Él y estar la gente, se convertía en lugar de encuentro: la gente venía con sus interrogantes, con sus dolencias, con sus dificultades de toda índole. Jesús salía al encuentro de ellos dando respuesta a las preguntas, curando las enfermedades, ayudando en los retos y desafíos.
Un Palacio de Congresos es un lugar donde celebrar encuentros que tienen que ver con este aliciente. Porque no estamos bendiciendo una trinchera dialéctica, menos aún un campo de batalla, ni siquiera un espacio para el divertimento neutro. El encuentro que aquí se dará entre las personas, pasa por la cultura, por la ciencia, por el arte, la política, por la fe religiosa, por el deporte, por la música, por la medicina y tantas otras cosas en las que nuestra vida se roza, se relaciona, se confronta, se enriquece, se completa y complementa.
Pido a Dios que bendiga este nuevo Palacio de Congresos, que lo bien-diga, para que sea un espacio en donde desde el respeto mutuo los diferentes ámbitos e intereses que acabo de señalar, puedan encontrar cauces de colaboración, de convivencia, de mutuo ennoblecimiento. Es un ágora moderna en donde todos podemos aprender de los demás con mesura, con agradecimiento, sin intolerancias ni vapuleos. Es la sociedad que deseamos, la única que nos interesa, la que verdaderamente nos hace ciudadanos modernos.
La bendición tiene también una componente de gratitud. Primero a Dios que nos permite que hagamos estos espacios para el encuentro. Pero también a las personas que han hecho posible esto: no sólo las empresas de iniciativa privada asturianas que han intervenido, las administraciones públicas, sino también las personas concretas que durante un tiempo han trabajado aquí con sus manos, sus talentos y su ingenio, y las que a partir de ahora encontrarán aquí su trabajo. Por todo lo mucho bien hecho, por lo mucho bueno que seguir haciendo, damos gracias al Señor también pidiendo la bendición del cielo.
Los aquí presentes, vuestros compañeros, vuestras familias, vuestras empresas, sean todos bendecidos por Dios, y que nos haga ser a todos instrumentos de paz y de bien.
+ Fr. Jesús Sanz Montes ,ofm
Arzobispo de Oviedo |