Jesús Sanz Montes, ofm

Ofrenda al Apóstol Santiago
Santiago de Compostela, 1 de octubre de 2010

         Señor Santiago, Apóstol y amigo de la primera hora del Señor Jesús, mendigos de la gracia que Dios promete a sus hijos, venimos hasta tu sepulcro nosotros hoy, cristianos de la Diócesis de Oviedo, con ocasión de este tiempo de favor divino que supone siempre un año jubilar jacobeo.

         Te presentamos en primer lugar, Apóstol nuestro, nuestra larga historia jacobea. Somos gente del Camino de Santiago, pues venimos de un lugar que ha saludado durante siglos el ininterrumpido pasar de tantos peregrinos. Nuestra Diócesis de Oviedo tiene inmerecidamente el así llamado “Camino primitivo”, y nuestra Catedral venera en la imagen del Salvador el icono de ese Señor del que Santiago fue peregrino. Ahí están nuestros senderos jacobeos también salpicados de cruces, encrucijadas y cruceros, y posadas y hospitales para los peregrinos que se acogían fraternamente como hogar samaritano en donde las heridas del camino, como las heridas de la vida, hallaban sosiego y calma en el bálsamo cristiano de la caridad hecha gesto. Pero no venimos trayendo únicamente el noble recuerdo que testimonia nuestra tierra diocesana, como si quisiéramos caer rendidos ante ti, Señor Santiago, henchidos sólo de una fugaz nostalgia. Traemos también nuestros días, esos que a diario pisan nuestros pies y ponen alas nuestros sueños.

         En segundo lugar queremos abrirte también nuestra entraña que se sabe débil, pecadora y pequeña, y por tanto necesitada de la ayuda con la que Dios siempre bendice a través de sus santos. Nuestros ancianos, nuestros hombres y mujeres maduros, los jóvenes y los niños, todos y cada uno de nosotros y los que hemos dejado en nuestra Diócesis; este Arzobispo que te presenta esta ofrenda en sus primeros pasos como Metropolitano de Oviedo al frente de la Diócesis que la Iglesia me ha confiado, los sacerdotes que trabajan en los diversos campos pastorales acompañando las comunidades, los consagrados con todos los carismas que prolongan la gracia inicial de sus respectivos fundadores, las familias con los claroscuros de nuestra sociedad actual. Acércanos la certeza de la gracia del Señor que es más grande que todas nuestras debilidades juntas, y que podamos ser sostenidos por esa dulce compañía con la que Dios nos acompaña.

         Pero hay dos intenciones que ponemos a tus pies, como tú pusiste a los pies de Santa María el cansancio y la dificultad a las orillas del Ebro. Te pido, Señor Santiago por nuestras familias. Romper la familia es quebrar una sociedad, haciéndola vulnerable para cualquier interés político, económico o cultural. Te pido que nos des luz y fortaleza para no traicionar la verdad sobre la familia. Y que nos ayudes en nuestro empeño de ayudar a las familias más desprotegidas por la crisis económica y moral.

         La segunda intención, Apóstol Santiago, es que nos bendigas con un florecimiento vocacional para el sacerdocio, la vida consagrada y los laicos comprometidos con su bautismo y la misión apostólica de la Iglesia. Particularmente necesitamos sacerdotes, y por ello ponemos bajo tu protección nuestro Seminario. Danos jóvenes generosos en oír la Palabra del Maestro que les llama, y que secunden su voz que les hace pescadores de hombres, repartidores de la gracia y proclamadores de la buena noticia. Será una señal de que estamos educando correctamente a nuestros jóvenes en nuestras parroquias y grupos apostólicos.

         Señor Santiago, son muchas las estelas que jalonan nuestro camino, tantas como estrellas de tu campo compostelano, y ellas nos han dejado el precioso testimonio del afán sincero de los peregrinos que han recorrido esta senda.

         Todas nuestras preguntas nos hacen peregrinos de una Verdad que tiene rostro y tiene nombre, y nos ponen en la andanza de un camino que tiene meta. Tú peregrinaste como Apóstol hasta aquí para darnos a Jesucristo, nosotros peregrinamos a tu tumba para encontrarnos con Jesús el Señor y su Madre bendita que en Asturias llamamos y honramos como nuestra Santina. Bendice a todos los hombres y mujeres de nuestra Diócesis y que nos sepamos todos peregrinos de la Verdad, la Belleza y la Bondad para las que nacimos, esas que hacen coincidir las exigencias de nuestro corazón y lo que Dios en su Hijo nos ha regalado y prometido.

            Así sea.

       + Jesús Sanz Montes, ofm
       Arzobispo de Oviedo
      A.A. de Huesca y de Jaca

 
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