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1.-
Celebramos hoy en Valdediós tres fiestas, que confluyen en
esta Eucaristía a la que, fieles a vuestra tradición,
habéis acudido los Amigos de Valdediós. Honramos a
San José como padre de la sagrada familia, a la Santina por
ser el primero de mayo y a Jesús resucitado en la cuarta
semana pascual del gozo de su resurrección.
En la familia de Nazaret confluyen estos tres haces de luz proyectando
sobre nosotros una nueva luz sobre la dignidad del trabajo humano,
como camino de santificación.
2.- Al celebrar hoy esta fiesta tan querida para nosotros, queremos
pedir al Señor por los trabajadores de todo el mundo, por
los que tienen trabajo y por los que lo buscan desesperadamente
para sacar adelante sus familias. Por los jubilados que consumieron
buena parte de sus vidas en este noble esfuerzo, y por los que trabajan
en condiciones indignas sometidos a nuevas formas de esclavitud.
Por todos nosotros, en fin, casi todos ya jubilados, para que descubramos
la dignidad del trabajo que es tal vez el medio más eficaz
para nuestro desarrollo y equilibrio personal. Aunque jubilados
por la edad henos de seguir trabajando de alguna manera para tener
despierta nuestra mente y el corazón abierto a los hermanos.
3.- Os invito a entrar en el humilde hogar de Nazaret, a la familia
del artesano de la que nos habla el Evangelio, donde Jesús
creció y se formó como hombre. En esta casa se prolongaba
el misterio de la encarnación de Cristo, el Hijo de Dios,
al asumir Jesús la vida de familia y de trabajo de los hombres.
José el artesano es quien dirige la casa. Es un trabajador
temeroso de Dios, varón justo y responsable que se ocupa
de ganar el sustento de su familia con su esfuerzo y honrado trabajo.
José ha instruido a Jesús en su oficio.
Jesús, el Salvador del mundo, pasa treinta años
en aquel hogar y en aquel oficio, dándonos a entender que
el camino de nuestra salvación ha de encarnarse en la vida,
en la convivencia de una familia y en el duro trabajo de cada día.
Y María está siempre presente en aquel hogar
con su trabajo de madre solícita, siempre atenta a las necesidades
de los demás, siempre oculta a la mirada de los hombres,
pero vigilante en su corazón a la mirada de Dios. María
une trabajo y oración. Es Madre que reflexiona en los sencillos
hechos de la vida en la que el Hijo de Dios se ha revestido. Ella
guardaba todo en su corazón y reflexionaba sobre su significado.
4.- Verdaderamente Nazaret es una escuela de vida cristiana y del
trabajo humano, prolongación de la obra creadora de Dios
en el mundo y en la sociedad humana. Ese trabajo que nos ayuda a
perfeccionarnos como hombres, que nos invita a servir a los demás,
saliendo de nuestro ensimismamiento egoísta y que nos descubre
su dignidad, siempre superior a al precio de un salario, siempre
abierto al amor de obras en la familia y en la sociedad.
5.- Pidamos a San José que proteja a los trabajadores de
todo el mundo y les ayude a lograr sus justas reivindicaciones.
A María, nuestra Madre, le pedimos que en este mes de las
flores nos ayude a avanzar en su amor y alabanza, descubriendo que
necesitamos abrirnos a los hermanos por medio del trabajo.
Y a Jesús resucitado, nuestro Redentor, le pedimos con fe
que nos enseñe a vivir siempre en la presencia de Dios, en
las vicisitudes de nuestras familias y en la sociedad en la que
estamos siendo testigos de su resurrección gloriosa ante
el mundo. Con Jesús que tanto nos quiere estamos seguros
de no apartarnos de su camino hacia la Casa del Padre siendo fieles
al Espíritu Santo.
+ Gabino, Arzobispo Emérito
de Oviedo.
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