PRESENTACIÓN
DEL SÍNODO DIOCESANO Y DE LA CARTA PASTORAL «A la misión
desde la conversión»
Oviedo, 7 de enero de 2007
La convocatoria que hoy realizamos
de celebrar un Sínodo Diocesano tiene por objeto ponernos,
junto con toda la Iglesia, a la escucha de la Palabra de Dios y
de su voluntad, dejándonos conducir por Él en esta
hora de nuestra historia en Asturias. El Sínodo diocesano
no se convoca para dar cumplimiento a nuestra voluntad o a nuestras
particulares ideas, sino para mostrar a todos que un Iglesia viva
es aquella que realiza su misión en el mundo, dando rostro
a Jesucristo y llamando a los hombres a vivir en la Verdad, en el
Camino y en la Vida.
Un Sínodo Diocesano ¿para qué? La respuesta
la podemos encontrar sencillamente en unas palabras del Papa Benedicto
XVI, cuando nos dice que la «liberación fundamental
que la Iglesia puede darnos es permanecer en el horizonte de lo
eterno». Todos los cristianos de Asturias hemos de ponernos
en pie para vivir en ese horizonte y descubrir lo que Nuestro Señor
desea de nosotros hoy. Esto supone salir fuera de los límites
de nuestro saber y de nuestro quehacer habitual para entrar en la
sabiduría de Dios, dejándonos llevar de su Espíritu.
De ahí que sea la fe, en toda su grandeza inconmensurable,
la que guíe y empuje la reforma eclesial que constantemente
necesitamos. Hagamos un examen de conciencia sin reservas y que
tenga consecuencias concretas: nos hará ver el auténtico
rostro de la Iglesia y nos devolverá a todos el sentido de
la libertad. Estoy convencido de que el Sínodo nos ayudará
a encontrarnos en nuestra propia casa con una manera nueva de estar
y vivir en el mundo, tal como afirmo en la carta pastoral «A
la misión desde la conversión».
Los pasos en la realización del Sínodo Diocesano serán
tres: 1) Preparación espiritual, que iniciamos ahora; 2)
tiempo de elaboración y de trabajo de proposiciones; 3) Asamblea
Sinodal.
En este primer año de preparación espiritual, tres
ejes estructurarán nuestro caminar: La Palabra de Dios que
hay que escuchar, la Eucaristía que hay que celebrar y contemplar,
y el compromiso de la caridad, del amor y de la solidaridad que
hay que mostrar como consecuencia de vivir de la Palabra y alimentarse
de la Eucaristía.
Estos tres ejes vienen descritos en la carta pastoral «A
la misión desde la conversión».
En la misma se propone a los cristianos de Asturias asumir unos
compromisos, fruto de la historia de la Iglesia que ha caminado
durante muchos siglos aquí, desde una capacidad especial
para responder a las diversas situaciones sociales que se han vivido
en Asturias y siempre poniendo su mirada en el Señor, tal
como digo en la carta pastoral. Recordemos los diversos programas
pastorales de los últimos años y la fuerza participativa
que todos los cristianos han manifestado en el anuncio de Jesucristo.
Recordemos, también, cómo la enseñanza social
de la Iglesia ha interpelado la conciencia de tantos asturianos
en orden a reconocer y cumplir los deberes de justicia y de caridad
en la vida social y cómo los creyentes han incorporado en
su existencia la luz de la verdad moral.
Asimismo se hace una propuesta nueva en la manera de estar y de
vivir en el mundo. La Iglesia necesita hombres y mujeres en quienes
la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión
por la verdad; hombres y mujeres que den testimonio ante tanto desconocimiento
de Jesucristo, hombres y mujeres que amen a la Iglesia más
que a la comodidad de su propio destino, de sus opiniones, saberes,
o de sus criterios personales. Lo que más necesita la Iglesia
son cristianos que vivan con el mismo convencimiento y esperanza
que tuvo la Iglesia desde sus primeros momentos iniciales.
Por otra parte, se asume con todas las consecuencias que la Iglesia
la dirige el Espíritu Santo y que hemos de estar abiertos
a Él y a su acción en nosotros, al tiempo que se alienta
a dejarnos acompañar por la Virgen María, como siempre
lo hizo de un modo singular nuestra Iglesia Diocesana.