CONVOCADO EL LXIII SINODO DIOCESANO

 

Os proponemos el enlace donde encontraréis toda la información referida al Sínodo:

www.sinodoiglesiaenasturias.org

 

 

 

Arciprestazgo del Caudal

Día 1 de febrero: Celebración en la parroquia del Carmen (PP. Pasionistas) de Mieres, a las 7,30 p.m

 
PRESENTACIÓN DEL SÍNODO DIOCESANO Y DE LA CARTA PASTORAL
«A la misión desde la conversión»
Oviedo, 7 de enero de 2007
La convocatoria que hoy realizamos de celebrar un Sínodo Diocesano tiene por objeto ponernos, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la Palabra de Dios y de su voluntad, dejándonos conducir por Él en esta hora de nuestra historia en Asturias. El Sínodo diocesano no se convoca para dar cumplimiento a nuestra voluntad o a nuestras particulares ideas, sino para mostrar a todos que un Iglesia viva es aquella que realiza su misión en el mundo, dando rostro a Jesucristo y llamando a los hombres a vivir en la Verdad, en el Camino y en la Vida.

Un Sínodo Diocesano ¿para qué? La respuesta la podemos encontrar sencillamente en unas palabras del Papa Benedicto XVI, cuando nos dice que la «liberación fundamental que la Iglesia puede darnos es permanecer en el horizonte de lo eterno». Todos los cristianos de Asturias hemos de ponernos en pie para vivir en ese horizonte y descubrir lo que Nuestro Señor desea de nosotros hoy. Esto supone salir fuera de los límites de nuestro saber y de nuestro quehacer habitual para entrar en la sabiduría de Dios, dejándonos llevar de su Espíritu. De ahí que sea la fe, en toda su grandeza inconmensurable, la que guíe y empuje la reforma eclesial que constantemente necesitamos. Hagamos un examen de conciencia sin reservas y que tenga consecuencias concretas: nos hará ver el auténtico rostro de la Iglesia y nos devolverá a todos el sentido de la libertad. Estoy convencido de que el Sínodo nos ayudará a encontrarnos en nuestra propia casa con una manera nueva de estar y vivir en el mundo, tal como afirmo en la carta pastoral «A la misión desde la conversión».

Los pasos en la realización del Sínodo Diocesano serán tres: 1) Preparación espiritual, que iniciamos ahora; 2) tiempo de elaboración y de trabajo de proposiciones; 3) Asamblea Sinodal.

En este primer año de preparación espiritual, tres ejes estructurarán nuestro caminar: La Palabra de Dios que hay que escuchar, la Eucaristía que hay que celebrar y contemplar, y el compromiso de la caridad, del amor y de la solidaridad que hay que mostrar como consecuencia de vivir de la Palabra y alimentarse de la Eucaristía.

Estos tres ejes vienen descritos en la carta pastoral «A la misión desde la conversión». En la misma se propone a los cristianos de Asturias asumir unos compromisos, fruto de la historia de la Iglesia que ha caminado durante muchos siglos aquí, desde una capacidad especial para responder a las diversas situaciones sociales que se han vivido en Asturias y siempre poniendo su mirada en el Señor, tal como digo en la carta pastoral. Recordemos los diversos programas pastorales de los últimos años y la fuerza participativa que todos los cristianos han manifestado en el anuncio de Jesucristo. Recordemos, también, cómo la enseñanza social de la Iglesia ha interpelado la conciencia de tantos asturianos en orden a reconocer y cumplir los deberes de justicia y de caridad en la vida social y cómo los creyentes han incorporado en su existencia la luz de la verdad moral.

Asimismo se hace una propuesta nueva en la manera de estar y de vivir en el mundo. La Iglesia necesita hombres y mujeres en quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por la verdad; hombres y mujeres que den testimonio ante tanto desconocimiento de Jesucristo, hombres y mujeres que amen a la Iglesia más que a la comodidad de su propio destino, de sus opiniones, saberes, o de sus criterios personales. Lo que más necesita la Iglesia son cristianos que vivan con el mismo convencimiento y esperanza que tuvo la Iglesia desde sus primeros momentos iniciales.

Por otra parte, se asume con todas las consecuencias que la Iglesia la dirige el Espíritu Santo y que hemos de estar abiertos a Él y a su acción en nosotros, al tiempo que se alienta a dejarnos acompañar por la Virgen María, como siempre lo hizo de un modo singular nuestra Iglesia Diocesana.
       

 

 

CONVOCATORIA OFICIAL DEL SINODO

 

   
 

Nos el Dr. Carlos Osoro Sierra
POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA
ARZOBISPO DE OVIEDO

 
Las circunstancias que concurren actualmente en la vida de la Archidiócesis de Oviedo, especialmente tras la experiencia positiva de los Planes Diocesanos de Pastoral de los últimos 25 años, así como de la celebración de los Años Jubilares del bimilenario del nacimiento de Cristo y del primer centenario de la Dedicación de la Basílica de Covadonga, nos han aconsejado la celebración de un Sínodo Diocesano en el que, con la mayor participación posible de la comunidad diocesana, se fomente y fortalezca la acción evangelizadora de la Iglesia que peregrina en Oviedo como transmisora de la fe recibida del Señor, para lo que es necesario una renovación de su vitalidad espiritual, de los vínculos de comunión, de su dinamismo apostólico, de su acción caritativa y de servicio al hombre y al mundo.

Como etapa de discernimiento del pueblo de Dios y de sus pastores he publicado la Carta Pastoral en la Cuaresma de 2006 titulada "La Iglesia, memoria y presencia de Jesucristo: siempre provocados y convertidos a la Misión" (cfr. BOA CXL [2006] 149-171).

Consultado el Consejo Presbiteral, a tenor del c. 461, &1, en la sesión celebrada los días 30 y 31 de mayo de 2006, éste, por mayoría absoluta de los miembros presentes, aceptó la propuesta considerando muy oportuna y conveniente la celebración de un Sínodo Diocesano.

Igualmente, oído el Consejo Pastoral Diocesano en la sesión celebrada en el Seminario el día 17 de junio de 2006, abundó con sus aportaciones en la misma dirección.

Después de haber reflexionado durante el verano y habiendo consultado al Colegio de Arciprestes y al Consejo Episcopal, en la fiesta de la Santina, el 8 de Septiembre de 2006, en el contexto de la Homilía anuncié la próxima convocatoria para celebrar un Sínodo que será el número 43 de los celebrados después del Concilio de Trento. Los tres últimos se celebraron en 1769, 1886 y 1923.

En aquella ocasión decía: "Después de un tiempo de reflexión, meditación y discernimiento de todas vuestras aportaciones, en la cercanía de la Santina, he visto que, por fidelidad a Cristo y a la Iglesia, lo más conveniente es realizar un Sínodo Diocesano tal y como la Iglesia dispone que se lleve a cabo. Para ponerlo en marcha es necesario establecer un proceso que integre las tres fases que las disposiciones eclesiales señalan para la celebración de los Sínodos Diocesana: 1) tiempo de preparación espiritual; 2) tiempo de selección de temas y líneas de acción pastoral, junto al establecimiento de la legislación particular; y 3) tiempo de estudio y toma de decisiones. Estas tres fases, que componen y diseñan un Sínodo Diocesano, las sintetizo en estos términos: contemplar, vivir y celebrar y anunciar... Al anunciar la celebración de un Sínodo en nuestra Iglesia Diocesana, os convoco para comenzar ya en este año la primera fase de su realización; es decir, el tiempo de preparación espiritual que, como dice el Papa Benedicto XVI, es tiempo para tomar la decisión más importante: ser Iglesia" (cfr. BOA CXL [2006] 612-620).
       

 

 
HOMILÍA EN LA CONVOCATORIA DEL SÍNODO DIOCESANO
Fiesta del Bautismo del Señor
Catedral, 7 de enero de 2007
 
Queridos Don Gabino y Don Raúl, Arzobispo Emérito y Obispo Auxiliar, miembros del Consejo Episcopal y Cabildo Catedral, del Consejo Presbiteral, del Colegio de Arciprestes y del Consejo de Pastoral de la Diócesis. Queridos hermanos sacerdotes, miembros de la vida consagrada; hermanos y hermanas:

En este día de la Fiesta del Bautismo del Señor firmo el Decreto por el que se convoca el XLIII Sínodo Diocesano después del Concilio de Trento de acuerdo con las tres fases indicadas en la Carta Pastoral «A la misión desde la conversión». «El Sínodo Diocesano, es una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una Iglesia particular, que prestan ayuda al Obispo de la Diócesis para el bien de toda la comunidad Diocesana a tenor de los cánones que siguen» (cf. a partir del c. 460).

La celebración de esta significada Asamblea resulta de mucha importancia par la Iglesia que camina en Asturias, pues en ella se van a orientar los pasos más significativos de nuestra vida eclesial para los próximos lustros. Será en este Sínodo que hoy convocamos, donde se vea con realismo cómo vivir con más fuerza e intensidad todo aquello que afecta a la misión de la Iglesia en su vida interna y externa. Este discernimiento lo realizaremos a través de diversas etapas que van desde la preparación y de elección de temas _antes de la celebración propiamente dicha de la Asamblea_ hasta la adopción de conclusiones y decretos que tendrán una importancia singular.

Desde el pasado 8 de septiembre, solemnidad de Nuestra Señora de Covadonga, en que anuncié a los pies de la Santina que convocaría un Sínodo diocesano, han transcurrido unos meses de preparación, iluminación, ayuda y discernimiento, para que pudiera llegar este día tal y como lo teníamos previsto. Hoy firmamos el Decreto de apertura del Sínodo en la fiesta del Bautismo del Señor, una fecha altamente significativa. Doy gracias a Dios por ello. Que esta fiesta nos ayuda a grabar en lo más hondo de nuestro corazón lo que hoy presentamos a la Archidiócesis de Oviedo.

La fiesta del Bautismo del Señor se nos muestra como una nueva Epifanía, una nueva manifestación del Señor, pero, además, tal y como lo hemos escuchado en el Evangelio, esa manifestación de Cristo la hace Dios mismo: «En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto». Por otra parte esta manifestación del Señor tiene unas consecuencias únicas, pues no da su vida: «Él os bautizará con Espíritu y fuego».

El Bautismo del Señor nos trae a la memoria nuestro propio bautismo. La misión que trajo el Señor y que tan bellamente describe el profeta Isaías, es la que nos entrega a nosotros, cuando nos da su vida y nos engendra a esa vida nueva por el bautismo: «Yo el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos a los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas» (Is 42, 6-7). Además, es una vida que el Señor quiere tengan, conozcan y vivan todos los hombres, porque «está claro que Dios no hace distinciones» (Hch 10, 34).

Ojalá que el Sínodo Diocesano al que hoy nos abrimos, para que la acción del Señor llegue a nuestra vida y nos haga manifestarnos como pueblo suyo, sea en todos los cristianos un descubrimiento de la radicalidad en la que nos inserta la vida nueva en Cristo que recibimos en el Bautismo.

¿Qué sucede en el Bautismo? ¿Qué esperamos del Bautismo? Nuestros padres lo confesaron en el mismo pórtico de la iglesia: queremos para nuestros hijos el Bautismo, la vida eterna; en definitiva: deseamos que sean santos. ¿Cómo puede realizarse esto? Es un don que el Señor nos regala, pues nos da la verdadera vida, la que viene de Dios. Por el Bautismo nos insertamos en una gran familia que nunca nos abandona, ni en la vida ni en la muerte. Esta gran familia es la familia de Dios, la de los hijos de Dios: la Iglesia. Ella nos acompaña siempre, en los días felices, en los de sufrimiento, en las noches claras como en las oscuras. La familia de Dios nos brinda en toda ocasión el bálsamo de su compañía, luz y consuelo.

Por el Bautismo, nuestra gran familia da a todos sus miembros y a través de ellos a todos los hombres, palabras de vida eterna; palabras que corresponden a los grandes desafíos de la vida y nos regalan la orientación del camino que debemos de tomar o que conviene tomar. La compañía de la Iglesia nos brinda consuelo y fortaleza, amor entrañable incluso en los umbrales de la muerte, pues en ese valle oscuro Él nos da la vida. Nadie sabe lo que puede suceder en Asturias, en España, en Europa, en el mundo, en los próximos sesenta o setenta años, incluso dentro de unos días. Pero hay algo de lo que estamos seguros: que la familia de Dios siempre estará presente en este mundo, acompañando a todos los hombres y, quienes pertenecemos a ella, siempre tendremos la amistad segura de Aquél que es la vida: Jesucristo.

¿Qué significa estar en la familia de Dios? Afirmar que esta compañía es eterna, ya que es comunión con Aquél que ha vencido a la muerte, por lo que estamos en manos de quien tiene las llaves de la vida. Estar en comunión con Cristo, es tener la vida, el amor eterno. De ahí que amor y verdad son fuente de vida. El Bautismo nos inserta en la comunión con Cristo y ello implica un sí al amigo, a su vida. También exige un no a lo que no es compatible con esta amistad. Esto es lo que dicen por nosotros, y también nosotros mismos ahora, cuando renunciamos al pecado y afirmamos nuestra fe en el Dios cristiano, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo.

Esta primera fase que hoy iniciamos del Sínodo Diocesano, va a permitir a todos los cristianos, si comprendemos el fundamento de su celebración, volver a las raíces de lo que somos como bautizados, dando un sí al Dios vivo, un sí a la comunión con la Iglesia, un sí a mostrar todo esto en la vida con nuestros gestos y acciones. ¡Qué fuerza tiene la Iglesia cuando todos sus miembros toman esta decisión de vivir la radicalidad del Bautismo! Una exigencia que pasa por decir no a la cultura de la muerte que se manifiesta en la droga, en la huida de lo real, en lo ilusorio, en una felicidad falsa que se presenta en la mentira, en el fraude, en la injusticia, en el desprecio al otro, en la falta de solidaridad, en la falta de responsabilidad con respecto a los que sufren y a los pobres, en la expresión de una sexualidad, convertida en pura diversión sin responsabilidad y que transforma en cosificación de la persona, en mercancía de la misma. El cristiano desde siempre dice sí a la vida, si a la vida en el tiempo y en la eternidad.

Hermanos y hermanas: hoy el Señor abrió los cielos y se ha mostrado. Nosotros somos conscientes de esa revelación, pues nos ha regalado su vida. Y ahora en el altar, se muestra una vez más, por la Eucaristía, para alimentar la vida que nos dio en el Bautismo. Acojámosle. Pidamos al Señor, por intercesión de la Santina, que nos dé coraje para que todos los cristianos en este tiempo sinodal seamos hombres y mujeres con sentido de pertenencia a una familia que es la Iglesia, que tiene que anunciar a Jesucristo y que busca el modo de hacerse presente entre los hombres, para que descubran con más fuerza, la diferencia entre estar en la luz y en la oscuridad, en la vida y en la muerte, en la verdad y en la mentira, en el amor y en el egoísmo. Radicalicemos nuestro Bautismo.

¿Qué quiero para la Iglesia en Asturias en la celebración de este Sínodo Diocesano? Lo que para cada uno de nosotros ya pidieron nuestros padres: que seamos santos, y así seamos una Iglesia de testigos capaces de transmitir la santidad a las entrañas de esta historia; la santidad de Dios, la Vida eterna, la Vida verdadera, la Buena Noticia, el Evangelio de la Esperanza.

Santina de Covadonga, ruega por nosotros.

Amén

+ Carlos, Arzobispo de Oviedo
       

 

EL TEXTO COMPLETO DE LA CARTA PASTORAL

 "MISION PARA EL TERCER MILENIO"

LO PUEDES ENCONTRAR EN LA WEB DIOCESANA

 www.iglesiadeasturias.org

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