Imagen de la Virgen Dolorosa de Moreda
15 de Septiembre
La imagen de la madre vestida de negro manto es una presencia casi constante en las tradiciones populares que veneran a la Dolorosa, desde el comienzo de la devoción hasta nuestros días.
Nota histórica.
Muy recientemente todavía el editor de la Bibliografía mariana, G. Besutti, señalaba: “La historia de la piedad cristiana con la virgen María, que padece con su Hijo al pie de la cruz, no ha sido escrita aún por completo de forma que comprenda no sólo al oriente, sino a todas las regiones de occidente. Hay muchos aspectos, incluso importantes, que están más o menos diseminados por todas partes y que, si no se han ignorado, al menos no han sido valorados debidamente”. Y en este contexto refiere cómo en Herford (Paderborn) se fundó en 1011 un oratorio dedicado a “S. Mariae ad Crucem”. Esta cita revela cierto interés, en cuanto que de alguna manera confirma las observaciones de Wilmart: hay que poner antes del s. XII el nacimiento de esa corriente piadosa que se inspira en la meditación compasión de María al pie de la cruz. Sin embargo, todavía queda por precisar los tiempos y los lugares en que maduraron las reflexiones de los primeros padres de oriente y de occidente, las intuiciones poéticas y homiléticas, en concreto bizantina (por ej., Romanos Melodas, , que fueron poniendo progresivamente en relación la espada profetizada de Simeón con la compasión de la Virgen y su participación en la pasión redentora del Hijo.
A lo largo del s. XIII se elabora la devoción a la Dolorosa, precisándose a comienzos del s. XIV como devoción a los Siete dolores. Pero “el primer documento cierto sobre la aparición de la fiesta litúrgica del dolor de María proviene de una iglesia local”; en efecto, el 22 de abril de 1423 un decreto del concilio provincial de Colonia introducía en aquella región la fiesta de la Dolorosa en reparación por los sacrílegos ultrajes que los husitas habían cometido contra las imágenes del crucificado y de la Virgen al pie de la cruz. La fiesta llevaba por título “Commemmoratio angustiae et doloribus Betae Mariae Virginis”, según el tenor del decreto conciliar, que decía: “... Ordenamos y establecemos que la conmemoración de la angustia y del dolor de la bienaventurada Virgen María se celebre todos los años el viernes después de la domínica Jubilate (tercer domingo después de pascua), a no ser que ese día se celebre otra fiesta, en cuyo caso se transferirá al viernes próximo siguiente”.
En 1482 Sixto IV compuso e hizo insertar en el Misal romano, con el título de Nuestra Señora de la Piedad, un misa centrada en el acontecimiento salvífico de María al pie de la cruz. Posteriormente esa fiesta se difundió por occidente con diversas denominaciones y fechas distintas. Además de la denominación establecida por el concilio de Colonia y la que se fijaba en la misa de Sixto IV, era llamada también: “De transfixione seu martyrio cordis Beatae Mariae”, “De compassione Beatae Mariae Virginis”, “De lamentatione Mariae”, “De planctu Beatae Mariae”, “De spasmo atque dolorigus Mariae”, “De septem doloribus Beatae Mariae Virginis”, etc.
Mientras tanto, el 9 de junio de 1668 se les concedián a los Siervos de María la facultad de celebrar el tercer domingo de septiembre la “Missa de septem doloribus B.M.V.” con un formulario que se deduce que es muy parecido al de 1482. Esta misma es la que, con algunas ligeras modificaciones, se recoge en el Misal de Pío V el viernes de pasión. En realidad, la fiesta del viernes de pasión, concedida el 18 de agosto de 1714 a la Orden de los Siervos, se extendió, por petición de la misma orden, a toda la iglesia latina bajo el pontificado de Benedicto XIII (22 de abril de 1727). Además, Pío VII, el 18 de septiembre de 1814 extendió al tercer domingo de septiembre la fiesta de los Siete dolores con los formularios para el oficio divino y para la misa que ya estaban en uso entre los Siervos de María. Finalmente, con la reforma de Pío X, ante el deseo de realzar el valor de los domingos, esta fiesta quedó fijada el 15 de septiembre, fecha que estaba ya en uso en el rito ambrosiano, que por no tener la octava de la Natividad de la Virgen, celebró siempre ese día los dolores de María.
La fiesta del viernes de pasión quedó reducida por la reforma de las rúbricas de 1960 a una simple conmemoración. El nuevo calendario promulgado en 1969 suprimió la conmemoración del tiempo de pasión y redujo a la categoría de “memoria” la fiesta de los siete Dolores de septiembre bajo el nuevo título de “Nuestra Señora la Virgen de los Dolores”.
Imagen de Moreda

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN AL NIÑO JESÚS DE PRAGA
Fernando II, Emperador de Alemania, para manifestar su gratitud a Nuestro Señor por la insigne victoria alcanzada en una batalla, fundó en 1620, en la ciudad de Praga, un convento de Padres Carmelitas. Difíciles en extremo eran los tiempos que atravesaba Bohemia cuando llegaron estos excelentes religiosos, pues se hallaba asolada por guerras sangrientas que tenían a Praga presa de las más indecibles calamidades, a tal punto que el monasterio mismo de Carmelitas carecía de lo indispensable para sobrevivir a las necesidades más premiosas de la vida. En esa época, vivía en Praga la piadosa princesa Polixena Lobkowitz, quien sintiendo en el alma las apremiantes necesidades de los Carmelitas, resolvió entregarles una pequeña estatua de cera, de 48 cm., que representaba un hermoso Niño Dios, de pie, con la mano derecha levantada, en actitud de bendecir, mientras con la izquierda sostenía un globo dorado. Su rostro era muy amable y lleno de gracia, la túnica y el manto habían sido arreglados por la misma princesa, la cual, al dar la estatua a esos religiosos, les dijo: "Padres míos, os entrego lo más caro que poseo en el mundo: Honrad mucho a este Niño Jesús y nada os faltará."
La estatua fue recibida con gratitud y colocada en el oratorio interior del convento, donde fue objeto de la veneración de todos aquellos buenos Padres, distinguiéndose entre todos el Padre Cirilo, que con toda verdad podría titularse el apóstol del divino Niño Jesús de Praga.
La promesa de la augusta donante se cumplió a la letra, y los maravillosos efectos de la protección del divino Niño no tardaron en manifestarse, pues muy pronto, y en varias ocasiones se verificaron prodigios y fueron milagrosamente socorridas las necesidades del monasterio.
Entre tanto, estalló de nuevo la guerra en Bohemia. En 1631, el ejército de Sajonia se apoderó de la ciudad de Praga. Los Padres Carmelitas creyeron prudente trasladarse a Munich.
Durante esa época tan desastrosa, especialmente para Praga, la devoción al Niño Jesús cayó en el olvido. Los herejes destruyeron la iglesia, saquearon el monasterio, penetraron en el oratorio interior, hicieron burla de la estatua del Niño Jesús, y quebrándole las manos, la arrojaron con desprecio detrás del altar.
Al año siguiente, retiróse el enemigo de Praga y pudieron los religiosos volver a su convento, pero nadie se acordó de la preciosa estatua. Por esto, sin duda, se vio reducido el monasterio a la miseria como el resto de la población, pues carecían los religiosos de alimentos para ellos, y de los recursos indispensables para restaurar su casa.
Mas, después de 7 años de tanta desolación, volvió a Praga el Padre Cirilo, en el año 1637, cuando Bohemia se hallaba en peligro inminente de sucumbir y hasta de perder el don inestimable de la fe, y cuando la ciudad estaba por todas partes rodeada de enemigos. En tales aprietos, y al tiempo que el Padre Guardián exhortaba a sus religiosos que instasen a Dios para que pusiese término a tantos males, le habló el Padre Cirilo de la inolvidable estatua del Divino Niño y obtuvo licencia de buscarla. La encontró al fin entre los escombros, detrás del altar. La limpió, la cubrió de besos y de lágrimas, y como aún conservaba intacto el rostro la expuso en el coro a la veneración de los religiosos, quienes llenos de confianza en su protección, cayeron de rodillas ante el Divino Infante y le suplicaron fuese su refugio, su fortaleza y amparo en todo sentido.
Desde el momento en que fue colocada en su puesto de honor, el enemigo levantó el sitio y el covento se vio provisto en el acto de cuanto necesitaban los religiosos.
Encontrábase un día el Padre Cirilo en oración, delante de la estatua, cuando oyó claramente estas palabras: "Tened piedad de mí y yo me apiadaré de vosotros. Devolvedme mis manos y yo os devolveré la paz. Cuanto más me honrareis, tanto más os bendeciré".
En efecto, le faltaban las manos, cosa que, al encontrarla no había advertido el Padre Cirilo, enajenado como estaba por el gozo. Sorprendido el buen Padre, corrió inmediatamente a la celda del Padre Superior y le contó lo ocurrido, pidiéndole que hiciese reparar la estatua. El Superior se negó a ello, alegando la extremada pobreza del Convento. El humilde devoto de Jesús fue llamado a auxiliar a un moribundo, Benito Maskoning, quien le dio 100 florines de limosna. Se los llevó al Superior con la convicción de que con ellos haría reparar la estatua, pero este juzgó que era mejor comprar otra más hermosa y así lo hizo. El Señor no tardó en manifestar su desagrado; pues el mismo día de la inauguración de la nueva efigie, un candelabro que estaba fijo y muy asegurado en la pared, se desprendió y cayendo sobre la estatua, la redujo a pedazos. Al mismo tiempo, el P. Superior cayó enfermo y no pudo terminar su período de mando.
Elegido un nuevo Superior, el P. Cirilo volvió a suplicarle que hiciera reparar la estatua, pero recibió nueva repulsa. Entonces sin desmayar, se dirigió a la Santísima Virgen. Apenas acabada su oración, lo llamaron a la Iglesia; se le acercó una señora de venerable aspecto, que dejó en sus manos una cuantiosa limosna, y desapareció sin que nadie la hubiese visto entrar y salir de la Iglesia. Lleno de gozo, el P. Cirilofue a dar cuenta al Superior de lo que pasaba; pero éste no le dio más que medio florín (25 centavos); siendo insuficiente para el objeto esta suma, todo quedó en el mismo estado.
El convento se vio sujeto a nuevas calamidades; los religiosos no tenían posibilidad de pagar la renta de una finca que habían arrendado y que no les producía nada. Los rebaños murieron, la peste desoló la ciudad, muchos carmelitas, inclusive el Superior, sufrieron este azote. Todos acudieron al Niño Jesús. El Superior se humilló y prometió celebrar 10 misas ante la estatua y propagar su culto. La situación mejoró notablemente, pero como la estatua continuaba en el mismo estado, el P. Cirilo no cesaba de clamar sus quejas ante su dadivoso protector, cuando oyó de sus divinos labios estas palabras: "Colócame a la entrada de la Sacristía, y encontrarás quien se compadezca de mí."
En efecto, se presentó un desconocido, el cual, notando que el hermoso Niño no tenía manos, se ofreció espontáneamente a hacérselas poner, no tardando en recibir su recompensa, pues ganó a los pocos días un pleito casi perdido, con lo que salvó su honor y su fortuna.
Los beneficios innumerables que todos alcalzaban del milagroso Niño, multiplicaban día a día el número de sus devotos. Por esto deseaban los carmelitas edificarle una capilla pública, teniendo en cuenta que el sitio donde debían levantarla, había sido ya indicado por la Santísima Virgen al P. Cirilo, pero faltaban los recursos y además, temían emprender esta nueva construcción en un tiempo en el que los calvinistas arrasaban todas las iglesias. Se contentaron con colocarlo en la Capilla exterior, sobre el altar mayor, hasta el año 1642, en el que la princesa Lobkowitz mandó edificar un nuevo santuario que se inauguró en 1644, el día de la fiesta del Santo Nombre de Jesús.
De todas partes acudían a postrarse delante del milagroso Niño, los pobres, los ricos, los enfermos, en fin, toda clase de personas hallaban en Él remedio de sus tribulaciones.
En 1655, el Conde Martinitz, Gran Marqués de Bohemia, regaló una preciosa corona de oro esmaltada con perlas y diamantes. El Reverendo D. José de Corte se la colocó al Niño Jesús en una solemne ceremonia de coronación.
Las gracias y maravillas innumerables debidas al "pequeño Grande" (así llaman en Alemania al Niño Jesús de Praga), se divulgaron hasta en las comarcas más lejanas, con lo que su culto se ha extendido en nuestros días de una manera prodigiosa.
En todas las naciones fue acogida con amor la devoción al Niño Jesús de Praga, monasterios, colegios, escuelas, familias le han dedicado magníficos tronos, numerosas parroquias poseen la real estatua y en cuantas partes se le honra, derrama sobre sus devotos un caudal de inestimables favores. El Divino Niño desea colmaros de gracias, venerémosle, hagámosle conocer y amar, y el nos abrirá los tesoros de su bondad. Numerosas son las prácticas piadosas establecidas en honra del Niño Jesús de Praga; pero aquéllas en las que tiene especial complacencia son: las Letanías del Nombre de Jesús; la recitación de 5 padrenuestros, avemarías y glorias seguidas de esta jaculatoria: "Sea bendito el Nombre del Señor ahora y por los siglos de los siglos." que se repite también 5 veces; la oración eficaz del P. Cirilo; la recitación del Rosario del Niño Jesús; y por fin la celebración de su fiesta, que es la de Su Santísimo Nombre, el 2º domingo después de la epifanía.
Leyendo la historia de este milagroso Niño Jesús de Praga, se nota que muy a menudo concede los favores solicitados, después de una novena de súplicas y oraciones recitadas en honra suya. Así mismo es de notar, que fácilmente se obtienen del Niño Jesús las gracias especiales que se le piden, mandando celebrar misas en su honor, dando limosna a los pobres en su nombre, ofreciendo acercarse a los sacramentos, o bien publicar y dar a conocer la gracia concedida.
Por medio de esta nueva y simpática manifestación del amor divino, Jesús quiere remediar una calamidad actual, muy general en el mundo a saber: la perdición de la infancia por la educación anticristiana. Nuestro Señor Jesucristo que siempre ha profesado un amor de predilección a los niños, manifiesta claramente, por medio de esta devoción, el gran deseo que tiene de ser honrado especialmente como Rey y Salvador de la infancia, y quiere para esto aplicar al mundo entero, y en especial a la niñez, los méritos de las humillaciones sufridas en su divina infancia.
Dediquémonos pues a honrar a este amabilísimo Niño, ya que tan abundantemente podemos obtener sus bendiciones. Y en particular, vosotros, inocentes niños, que teneis la dicha de ser los predilectos del corazón de ese amante Niño Jesús, debéis profesar una devoción fervorosa y práctica al Dios que se ha hecho Niño, como vosotros y por vosotros. Imitad las virtudes de su Divina Infancia: a ejemplo suyo, sed obedientes, castos, amables, caritativos y piadosos, recurrid a Él con entera confianza en todas vuestras necesidades y confiadle las penas de vuestro corazón infantil.
Pedidle mucho por vosotros mismos, por la iglesia, por vuestros padres, familiares, maestros y amigos, amadle sinceramente y no le disgustéis en lo más mínimo, entregaos a Él con cuanto poseéis, dadle vuestra alma, vuestro cuerpo y vuestro corazón para que lo conserve puro e inocente. A fin de merecer su constante protección, llevad con amor su medalla, besad con respeto su imagen, de vez en cuando practicad en su honor alguna mortificación, rezadle todos los días algunas de las oraciones que conocéis y de este modo experimentaréis cuán bueno y generoso es el Niño Jesús de Praga, el Niño Rey, el Dios amante de los niños.
Nota: La fiesta del Niño Jesús de Praga se celebra el primer domingo del mes de junio.
Día primero:
Oh dulce Niño Jesús, a tus pies, consciente de mi poquedad, me dirijo a Tí que eres mi todo. Tengo gran necesidad de tu ayuda. Mírame con piedad y, ya que eres omnipotente, socorre mi necesidad.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina infancia, oh Jesús, concédeme la gracia que insistentemente te pido (se expresa) si es un bien para mí y es conforme a tu voluntad. No mires mis pecados, sino mi fe y tu gran misericordia.
Himno del Santísimo Nombre de Jesús.
Jesús, dulce memoria,
del corazón armonía,
más que el vino, más que todo,
tu presencia es alegría.
Tu canto es el más suave
y el más grato al oído;
tu pensamiento es el más dulce,
Jesús, Hijo de Dios y Rey mío.
Esperanza del penitente,
benigno con quien te invoca,
bueno con quien te busca,
¿Qué será el encontrarte?
La lengua no puede decir,
ni la palabra expresar,
sólo quien te encontró,
sabe lo que es amar.
Jesús, eres nuestra alegría,
eres nuestro premio eterno;
en Tí está nuestra gloria
ahora y por los siglos.
Amén.
V. Bendito sea el nombre del Señor.
R. Ahora y por siempre
Oración
Oh Dios, que has constituído a tu Unigénito Salvador del género humano, y quisiste que fuese llamado Jesús, concédenos un día poder contemplar en el cielo Aquel que veneramos en la tierra con el Santo Nombre. Amén.
Día Segundo
Oh esplendor celeste del Padre, en quien brilla la divinidad, te adoro profundamente, mientras te confieso verdadero Hijo de Dios.
Te ofrezco el humilde homenaje de todo mi ser. No permitas que jamás me separe de Tí, mi sumo bien.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
Día tercero
Oh Niño Jesús, al contemplar tu semblante, me siento con gran confianza; sí, todo lo espero de tu bondad. Irradia, oh Jesús, tu gracia sobre mí y mis seres queridos, así podré cantar tu infinita misericordia.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
Día cuarto
Oh Jesús, te reconozco mi soberano absoluto. No quiero servir al demonio, a mis pasiones, al pecado. Reina, oh Jesús, sobre este pobre corazón y hazlo tuyo para siempre.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
Día quinto
Yo te contemplo, oh redentor dulcísimo, revestido de un manto de púrpura. Es tu uniforme real. ¡Cómo me habla de sangre! Sangre derramada por mí. Haz, oh Jesús, que corresponda a tanto sacrificio y no rechace cuando se me presente cualquier trabajo de sufrirlo por tí.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
Día sexto
Oh amabilísimo Niño, al mirarte sostener el mundo, mi corazón se llena de gozo. También a mí me sostienes cada instante, me guardas como tuyo. Cuídame, oh Jesús, y socorre todas mis necesidades.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
Día séptimo
Sobre tu pecho, oh Niño Jesús, brilla una Cruz. Es el estandarte de nuestra redención. También yo, oh Divino Salvador, tengo mi cruz, que, si bien es ligera, con frecuencia me agobia. Ayúdame a sostenerla, para que la lleve siempre con fruto. Bien sabes cuán débil soy.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
Día octavo
Junto con la Cruz, sobre tu pecho vislumbro, oh Niño Jesús, la imagen de tu corazón. Tú eres el verdadero Amigo, que generosamente se prodiga y se inmola por la persona amada. Lléname de caridad, oh Jesús, y enséñame a corresponder a tu Amor.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
Día noveno
Tu diestra omnipotente, oh Niño Jesús, cuántas bendiciones ha derramado sobre aquellos que te honran y te invocan. Bendíceme también y bendice toda mi vida. Bendice mis deseos y socorre mis necesidades. Escucha piadoso mis votos, y bendeciré cada día tu Santo Nombre.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Por tu divina Infancia, etc.
ORACIONES AL NIÑO JESÚS DE PRAGA
Oración para pedir favores al Niño Jesús de Praga, revelada por la Virgen María al P. Cirilo, Carmelita Descalzo
Oh, Niño Jesús, yo recurro a Ti y te ruego por la intercesión de tu Santa Madre, me asistas en esta necesidad (pídase el favor que se desea obtener), porque creo firmemente que tu Divinidad me puede socorrer.
Espero con toda confianza obtener tu santa gracia. Te amo con todo el corazón y con todas las fuerzas de mi alma. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados, y te suplico, oh buen Jesús, me des fuerzas para triunfar. Propongo no ofenderte y me ofrezco a tí, dispuesto a sufrir antes que hacerte sufrir.
De ahora en adelante, quiero servirte con toda fidelidad, y por tu amor ¡oh Divino Niño! amaré a mi prójimo como a mí mismo. Niño omnipotente, Señor Jesús, nuevamente te suplico me asistas en esta circunstancia (se manifiesta). Concédeme la gracia de poseerte eternamente con María y José y adorarte con los Ángeles en la Corte del Cielo. Amén.
Acto de Consagración al Niño Jesús de Praga:
Amabilísimo Niño Jesús de Praga, aclamado por todos como milagroso por los innumerables y extraordinarios favores que concedéis a cuantos os invocan. Cautiva nuestra alma de tus divinoshechizos de niño, nunca te olvidará y se acoge hoy bajo tu manto de Rey para gozar de la paz que nos tienes prometida, y allí poder recibir tu bendición, que como de Dios, la hará crecer en santidad y virtudes. Por eso nos consagramos rendidamente a tu santo servicio; seremos devotos fervientes de Praga. Hijos de tu amor, responderemos a tu predilección por nuestras almas, ofreciéndote desde ahora y para siempre cuanto somos, cuanto anhelamos; la vida de nuestros sentidos, las aspiraciones de nuestro corazón, los amores de nuestras almas que te pertenecen por derecho de filiación y deuda de conquista, al crearnos y redimirnos.
Niño Divino, Rey de Praga, Dios de la Infancia. Recibe nuestro ofrecimiento, hazlo eficaz con tu poder infinito para ser tuyos por siempre en la tierra y en el cielo.
Así sea.
Visita al Niño Jesús de Praga:
Divino niño Jesús de Praga, atraído por tus palabras de confianza y de tu mirada de paz, vengo a Tí para conversar de amigo a amigo. Sólo en Tí, Salvador mío, podré encontrar la paz que mi corazón ansía, y que en ninguna parte puedo encontrar. Perdona mis pecados, buen Jesús, sé que mucho te he ofendido, pero tú prometiste perdonar a quien acudiera a tí con fe y con amor... Necesito tu gracia y tu fortaleza para seguir el camino del bien. Sé Tú el Maestro que me guíe por este mundo de tinieblas y de confusión. El ejemplo de Tu infancia sea para mí norma y recuerdo en todas mis actividades y ocupaciones, y me haga merecedor de Tu promesa: "Cuanto más me honréis, más os favoreceré". Amén.
Coronilla del milagroso Niño Jesús de Praga:
Para Honrar Los Misterios De Su Infancia.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios Nuestro.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Vos quien sóis, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido. También me pesa porque podéis castigarme con las penas eternas del infierno. Ayudado de Vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén
V. Abre, Señor, mis labios.
R. Y mi lengua pronunciará tu alabanza.
V. Acude, oh Dios, en mi auxilio.
R. Apresúrate Señor a socorrerme.
Adorada y glorificada sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Adorado y glorificado sea el Padre.
V. El verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Padre Nuestro
1º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de Tu encarnación.
Ave María
2º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de tu Visitación.
Ave María
3º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de tu Nacimiento
Ave María
4º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de la adoración de los pastores.
Ave María
Adorado y glorificado sea el Hijo.
V. El verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Padre Nuestro.
5º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de tu Circuncisión.
Ave María
6º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de la Epifanía.
Ave María
7º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de Vuestra presentación en el templo.
Ave María
8º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de Vuestra huída a Egipto.
Ave María
Adorado y glorificado sea el Espíritu Santo.
V. El verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Padre Nuestro
9º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de Vuestra permanencia en Egipto.
Ave María
10 º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de Vuestro regreso a Nazaret.
Ave María
11º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio en el misterio de Vuestra vida oculta en Nazaret.
Ave María
12º Divino Niño Jesús, bendito y alabado seas en el misterio de Vuestra pérdida y hallazgo en el Templo..
Ave María
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
V. Sea bendito el nombre del Señor.
R. Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
Oración del enfermo:
Oh querido y dulce Niño Jesús: he aquí un pobre enfermo que, movido por la más viva fe, profundamente invoca tu divina ayuda en favor de su enfermedad.
En Ti pongo toda mi confianza. Sé que tú todo lo puedes y que eres muy misericordioso, la misma misericordia infinita.
Grande pequeñito, por tu virtud divina, por el inmenso amor que tienes a los que sufren, a los afligidos, a todos los necesitados, escúchame, bendíceme, socórreme, consuélame. Amén.
Tres Gloria al Padre
Oración para pedir la salud de un enfermo:
Oh Niño Jesús, dueño de la vida y de la muerte, aunque indigno y pecador, me postro ante Ti para implorar la salud de (se nombra a la persona para quien se pide la gracia), a quien tanto amo.
La persona que te encomiendo sufre mucho, afligida por dolores, y no puede encontrar otra salida más que en tu omnipotencia, en la que pone todas sus esperanzas.
Alivia, oh médico Celeste, sus penas, líbrala de sus sufrimientos y dale perfecta salud, si esto es conforme al querer divino y al verdadero bien de su alma.
Padre nuestro - Ave María - Gloria
Oración al Niño que se reza todas las tardes en el Santuario de Arenzano:
Oh Santo Niño Jesús que difundes tus gracias sobre quienes te invocan, vuelve tus ojos a nosotros, postrados delante de tu santa imagen y escucha nuestra oración.
Te encomendamos a todos los necesitados que confían en tu divino corazón. Extiende sobre ellos tu mano omnipotente y socorre sus necesidades. Extiéndela sobre los enfermos para sanarlos y santificar sus penas; sobre los pecadores para atraerlos a la luz de tu gracia; sobre cuantos, oprimidos por el dolor y la miseria, invocan tu amorosa ayuda.
Extiéndela también sobre nosotros para bendecirnos. Concede oh pequeño Rey, los tesoros de tu misericordia al mundo entero y consérvanos ahora y siempre en la gracia de tu amor. Amén.
RELIQUIAS DEL ALTAR MAYOR DE MOREDA
San Justino, mártir (año 165)
1 de junio

No fue sacerdote, sino simplemente un laico, y fue el primer apologista cristiano. Se llama apologista al que escribe en defensa de algo. Y Justino escribió varias apologías o defensas del cristianismo. Sus escritos ofrecen detalles muy interesantes para saber cómo era la vida de los cristianos antes del año 200 y cómo celebraban sus ceremonias religiosas.
El mismo Justino cuenta que él era un Samaritano, porque nació en la antigua ciudad de Siquem, capital de Samaria (ciudad que en su tiempo se llamaba Naplus). Sus padres eran paganos, de origen griego, y le dieron una excelente educación, instruyéndolo lo mejor posible en filosofía, literatura e historia.
Durante algún tiempo se dedicó a estudiar la ciencia que enseñaban los que seguían la corriente llamada "estoicismo", pero luego dejó esa religión porque se dio cuenta de que no le enseñaban nada seguro acerca de Dios.
Un día que paseaba junto al mar, meditando acerca de Dios, vio que se le acercaba un venerable anciano, el cual le dijo: - Si quiere saber mucho acerca de Dios, le recomiendo estudiar la religión cristiana, porque es la única que habla de Dios debidamente y de manera que el alma queda plenamente satisfecha. El anciano le recomendó que le pidiera mucho a Dios la gracia de lograr saber más acerca de El, y le recomendó la lectura de la S. Biblia.
Justino se dedicó a leer la S. Biblia y allí encontró maravillosas enseñanzas que antes no había logrado encontrar en ningún otro libro. Tenía unos treinta años cuando se convirtió, y en adelante el estudio de la Sagrada Escritura fue para él lo más provechoso de toda su existencia.
El santo cuenta que cuando todavía no era cristiano, había algo que lo conmovía profundamente y era ver el valor inmenso con el cual los mártires preferían los más atroces martirios, con tal de no renegar de su fe en Cristo, y que esto lo hacia pensar: "Estos no deben ser criminales porque mueren muy santamente y Cristo en el cual tanto creen, debe ser un ser muy importante, porque ningún tormento les hace dejar de creer en El".
Los paganos conocían poco del cristianismo porque había pocos escritos que defendieran nuestra santa religión. Y Justino se convenció de que muchos paganos llegarían a ser cristianos si leían un libro donde se les comprobara filosóficamente que el cristianismo es la religión más santa de la tierra. Y se convenció de que es una grave obligación de los que están convencidos de la santidad de nuestra religión, tratar de animar a otros para que lleguen también a pertenecer al cristianismo. A él le llamaban la atención aquellas palabras del Libro del Eclesiástico en la S. Biblia: "Tener sabiduría y guardársela para uno mismo sin comunicarla a los demás, es una infidelidad y una inutilidad". Por eso se propuso recoger todas las pruebas que pudo y publicar Biblia sus "Apologías" en favor de la religión de Jesucristo.
Ataviado con las vestimentas características de los filósofos, Justino recorrió varios países y muchas ciudades, discutiendo con los paganos, con los herejes y los judíos, tratando de convencerlos de que el cristianismo es la religión verdadera y la mejor de todas las religiones.
En Roma tuvo Justino una gran discusión filosófica con un filósofo cínico llamado Crescencio, en la cual le logró demostrar que las enseñanzas de los cínicos (que no respetan las leyes morales) son de mala fe y demuestran mucha ignorancia en lo religioso. Crescencio, lleno de odio al sentirse derrotado por los argumentos de Justino, dispuso acusarlo de cristiano, ante el alcalde de la ciudad. Había una ley que prohibía declararse públicamente como seguidor de Cristo. Y además en el gobierno había ciertos descontentos porque Justino había dirigido sus "Apologías" al emperador Antonino Pío y a su hijo Marco Aurelio, exigiéndoles que si en verdad querían ser piadosos y ser justos tenían que respetar a la religión cristiana que es mejor que las demás.
En sus famosos libros de Apologías (o defensa del cristianismo) nuestro santo les decía a los gobernantes de ese tiempo: ¿Por qué persiguen a los seguidores de Cristo? ¿Porque son ateos? No lo son. Creen en el Dios verdadero. ¿Porque son inmorales? No. Los cristianos observan mejor comportamiento que los de otras religiones. ¿Porque son un peligro para el gobierno? Nada de eso. Los cristianos son los ciudadanos más pacíficos del mundo. ¿Porque practican ceremonias indebidas? Y les describe enseguida cómo es el bautismo y cómo se celebra la Eucaristía, y de esa manera les demuestra que las ceremonias de los cristianos son las más santas que existen.
Las actas que se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los dos un diálogo emocionante:
Alcalde. ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?
Justino. Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura. Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a otros de que el cristianismo es la mejor religión.
Alcalde. Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.
Justino. Ignorante fui cuando no conocía esta santa religión. Pero el cristianismo me ha proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.
Alcalde. ¿Y qué es lo que enseña esa religión?
Justino. La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.
Alcalde. ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?
Justino. Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la muerte.
El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.
Alcalde. Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y tan instruido ¿cree que se irá al cielo?
Justino. No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
Alcalde. Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.
Justino. Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su santa religión por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros, y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa de decir.
Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza.
Y el antiquísimo documento termina con estas palabras: "Algunos fieles recogieron en secreto los cadáveres de los siete mártires, y les dieron sepultura, y se alegraron que les hubiera concedido tanto valor, Nuestro Señor Jesucristo a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amen".
SANTA VIRGINIA

Virginia Centurione vedova Bracelli (1587-1651)
Los romanos distinguían en las etapas de la vida de la mujer primero a la infans, infantis (igual para niño que para niña; es lo que llamamos "bebé"; in-fans significa "que no habla"). Seguía la puella, la niña (femenino de puer = niño). La etapa siguiente era la de virgo (gen. virginis), que era la mocita no casada; y al casarse recibía el tratamiento de "matrona". El significado de Virginia es, pues, el de chica joven, en la flor de la edad, antes de casarse. La condición de "mujer no casada", que vino a ser el significado real durante muchos siglos de virginem (virgen), tuvo una gran importancia social. Algunos servicios públicos (antiguamente vinculados a los templos), como el mantenimiento del fuego, eran encomendados a vírgenes, es decir a mujeres que renunciaban al matrimonio para dedicarse a estos ministerios sagrados, que gozaban por otra parte de un extraordinario prestigio social. Se popularizó el nombre de Virginia a raíz de su imposición a uno de los primeros trece Estados de la Unión Norteamericana, precisamente en honor de "la reina virgen" de Inglaterra, que era como se conocía a Isabel I, hija de Enrique VIII y Ana Bolena, que reinó de 1558 a 1603. Se la llamaba así porque nunca aceptó casarse. Ninguna de sus relaciones cuajó en matrimonio. Recibió el nombre de Virginia toda la región de la costa atlántica de América del norte ocupada por los ingleses.Luego se redujo la extensión de este Estado. Si bien la creciente importancia del Estado de Virginia contribuyó a popularizar este nombre, hay que decir que como nombre propio de mujer existía ya desde los primeros tiempos de los romanos.
Virginia es el centro de una bella leyenda. Era una joven plebeya, hija de Virginio, centurión del ejército romano, y prometida de Lucio Icilio, antiguo tribuno de la plebe. Era Virginia de una belleza fuera de lo común, por lo que se encaprichó de ella un magistrado de más alto nivel, el decemviro Apio Claudio, quien no pudiendo obtenerla por su voluntad, quiso hacerlo contra la voluntad de la joven. Recurrió a la aplicación estricta de la legalidad vigente, en virtud de la cual, siendo Virginia hija de una esclava de Marco Claudio, cliente de Apio Claudio, era propiedad de Marco, por lo que éste podía vendérsela a quien quisiera o disponer de ella como le pluguiera. En efecto, presentado el asunto ante el tribunal, éste no pudo por menos que reconocer la propiedad de Marco Claudio sobre Virginia. Era la ley. El padre, que no estaba dispuesto a consentir semejante afrenta para su hija, le hundió la espada en el pecho, quedando muerta allí mismo. Fue tal la indignación y la consternación de la plebe, que se sublevaron contra los decemviros y exigieron su destitución, retirándose entretanto al monte Aventino. Exigiron además que se modificara la ley que permitía estas barbaridades. Ocurría todo esto el año 449 antes de Cristo.
Celebran las Virginias su onomástica el 14 de agosto, fiesta de Sta.Virginia virgen y mártir; pueden optar también por el 15 de diciembre, fiesta de santa Virginia, religiosa. El nombre es realmente muy bello: le acompaña una recia leyenda de pueblo que defiende su honor frente al abuso de los poderosos, y una extensa región con una historia tan bravía como la reina que le dio nombre. ¡Felicidades!
(Imagen de Moreda)

Fiesta: 13 de junio
Fraile franciscano, Doctor de la Iglesia
(1195-1231)
BIOGRAFÍA
San Antonio nació en Portugal, pero adquirió el apellido por el que lo conoce el mundo, de la ciudad italiana de Padua, donde murió y donde todavía se veneran sus reliquias.
León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo", porque su imagen y devoción se encuentran por todas partes.
Llamado "Doctor Evangélico". Escribió sermones para todas las fiestas del año
"El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree" -San Antonio
"Era poderoso en obras y en palabras. Su cuerpo habitaba esta tierra pero su alma vivía en el cielo" -un biógrafo de ese tiempo.
Patrón de mujeres estériles, pobres, viajeros, albañiles, panaderos y papeleros. Se le invoca por los objetos perdidos y para pedir un buen esposo/a. Es verdaderamente extraordinaria su intercesión.
Vino al mundo en el año 1195 y se llamó Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo, nombre que cambió por el de Antonio al ingresar en la orden de Frailes Menores, por la devoción al gran patriarca de los monjes y patrones titulares de la capilla en que recibió el hábito franciscano. Sus padres, jóvenes miembros de la nobleza de Portugal, dejaron que los clérigos de la Catedral de Lisboa se encargaran de impartir los primeros conocimientos al niño, pero cuando éste llegó a la edad de quince años, fue puesto al cuidado de los canónigos regulares de San Agustín, que tenían su casa cerca de la ciudad. Dos años después, obtuvo permiso para ser trasladado al priorato de Coimbra, por entonces capital de Portugal, a fin de evitar las distracciones que le causaban las constantes visitas de sus amistades.
No le faltaron las pruebas. En la juventud fue atacado duramente por las pasiones sensuales. Pero no se dejó vencer y con la ayuda de Dios las dominó. El se fortalecía visitando al Stmo. Sacramento. Además desde niño se había consagrado a la Stma. Virgen y a Ella encomendaba su pureza.
Una vez en Coimbra, se dedicó por entero a la plegaria y el estudio; gracias a su extraordinaria memoria retentiva, llegó a adquirir, en poco tiempo, los más amplios conocimientos sobre la Biblia. En el año de 1220, el rey Don Pedro de Portugal regresó de una expedición a Marruecos y trajo consigo las reliquias de los santos frailes-franciscanos que, poco tiempo antes habían obtenido allá un glorioso martirio. Fernando que por entonces había pasado ocho años en Coimbra, se sintió profundamente conmovido a la vista de aquellas reliquias y nació en lo íntimo de su corazón el anhelo de dar la vida por Cristo.
Poco después, algunos frailes franciscanos llegaron a hospedarse en el convento de la Santa Cruz, donde estaba Fernando; éste les abrió su corazón y fue tan empeñosa su insistencia, que a principio de 1221, se le admitió en la orden. Casi inmediatamente después, se le autorizó para embarcar hacia Marruecos a fin de predicar el Evangelio a los moros. Pero no bien llegó a aquellas tierras donde pensaba conquistar la gloria, cuando fue atacado por una grave enfermedad (hidropesía),que le dejó postrado e incapacitado durante varios meses y, a fin de cuentas, fue necesario devolverlo a Europa. La nave en que se embarcó, empujada por fuertes vientos, se desvió y fue a parar en Messina, la capital de Sicilia. Con grandes penalidades, viajó desde la isla a la ciudad de Asís donde, según le habían informado sus hermanos en Sicilia, iba a llevarse a cabo un capítulo general. Aquella fue la gran asamblea de 1221, el último de los capítulos que admitió la participación de todos los miembros de la orden; estuvo presidido por el hermano Elías como vicario general y San Francisco a sus pies, estaba presente. Indudablemente que aquella reunión impresionó hondamente al joven fraile portugués. Tras la clausura, los hermanos regresaron a los puestos que se les habían señalado, y Antonio fue a hacerse cargo de la solitaria ermita de San Paolo, cerca de Forli. Hasta ahora se discute el punto de si, por aquel entonces, Antonio era o no sacerdote; pero lo cierto es que nadie ha puesto en tela de juicio los extraordinarios dones intelectuales y espirituales del joven y enfermizo fraile que nunca hablaba de sí mismo. Cuando no se le veía entregado a la oración en la capilla o en la cueva donde vivía, estaba al servicio de los otros frailes, ocupado sobre todo en la limpieza de los platos y cacharros, después del almuerzo comunal.
Mas no estaban destinadas a permanecer ocultas las claras luces de su intelecto. Sucedió que al celebrarse una ordenación en Forli, los candidatos franciscanos y dominicos se reunieron en el convento de los Frailes Menores de aquella ciudad. Seguramente a causa de algún malentendido, ninguno de los dominicos había acudido ya preparado a pronunciar la acostumbrada alocución durante la ceremonia y, como ninguno de los franciscanos se sentía capaz de llenar la brecha, se ordenó a San Antonio, ahí presente, que fuese a hablar y que dijese lo que el Espíritu Santo le inspirara. El joven obedeció sin chistar y, desde que abrió la boca hasta que terminó su improvisado discurso, todos los presentes le escucharon como arrobados, embargados por la emoción y por el asombro, a causa de la elocuencia, el fervor y la sabiduría de que hizo gala el orador. En cuanto el ministro provincial tuvo noticias sobre los talentos desplegados por el joven fraile portugués, lo mandó llamar a su solitaria ermita y lo envió a predicar a varias partes de la Romagna, una región que, por entonces, abarcaba toda la Lombardía. En un momento, Antonio pasó de la oscuridad a la luz de la fama y obtuvo, sobre todo, resonantes éxitos en la conversión de los herejes, que abundaban en el norte de Italia, y que, en muchos casos, eran hombres de cierta posición y educación, a los que se podía llegar con argumentos razonables y ejemplos tomados de las Sagradas Escrituras.
En una ocasión, cuando los herejes de Rímini le impedían al pueblo acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar y empezó a gritar: "Oigan la palabra de Dios, Uds. los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar". A su llamado acudieron miles y miles de peces que sacudían la cabeza en señal de aprobación. Aquel milagro se conoció y conmovió a la ciudad, por lo que los herejes tuvieron que ceder.
A pesar de estar muy enfermo de hidropesía, San Antonio predicaba los 40 días de cuaresma. La gente presionaba para tocarlo y le arrancaban pedazos del hábito, hasta el punto que hacía falta designar un grupo de hombres para protegerlo después de los sermones.
Además de la misión de predicador, se le dio el cargo de lector en teología entre sus hermanos. Aquella fue la primera vez que un miembro de la Orden Franciscana cumplía con aquella función. En una carta que, por lo general, se considera como perteneciente a San Francisco, se confirma este nombramiento con las siguientes palabras: "Al muy amado hermano Antonio, el hermano Francisco le saluda en Jesucristo. Me complace en extremo que seas tú el que lea la sagrada teología a los frailes, siempre que esos estudios no afecten al santo espíritu de plegaria y devoción que está de acuerdo con nuestra regla". Sin embargo, se advirtió cada vez con mayor claridad que, la verdadera misión del hermano Antonio estaba en el púlpito. Por cierto que poseía todas las cualidades del predicador: ciencia, elocuencia, un gran poder de persuasión, un ardiente celo por el bien de las almas y una voz sonora y bien timbrada que llegaba muy lejos. Por otra parte, se afirmaba que estaba dotado con el poder de obrar milagros y, a pesar de que era de corta estatura y con cierta inclinación a la corpulencia, poseía una personalidad extraordinariamente atractiva, casi magnética. A veces, bastaba su presencia para que los pecadores cayesen de rodillas a sus pies; parecía que de su persona irradiaba la santidad. A donde quiera que iba, las gentes le seguían en tropel para escucharle, y con eso había para que los criminales empedernidos, los indiferentes y los herejes, pidiesen confesión. Las gentes cerraban sus tiendas, oficinas y talleres para asistir a sus sermones; muchas veces sucedió que algunas mujeres salieron antes del alba o permanecieron toda la noche en la iglesia, para conseguir un lugar cerca del púlpito. Con frecuencia, las iglesias eran insuficiente para contener a los enormes auditorios y, para que nadie dejara de oírle, a menudo predicaba en las plazas públicas y en los mercados. Poco después de la muerte de San Francisco, el hermano Antonio fue llamado, probablemente con la intención de nombrarle ministro provincial de la Emilia o la Romagna. En relación con la actitud que asumió el santo en las disensiones que surgieron en el seno de la orden, los historiadores modernos no dan crédito a la leyenda de que fue Antonio quien encabezó el movimiento de oposición al hermano Elías y a cualquier desviación de la regla original; esos historiadores señalan que el propio puesto de lector en teología, creado para él, era ya una innovación. Más bien parece que, en aquella ocasión, el santo actuó como un enviado del capítulo general de 1226 ante el Papa, Gregorio IX, para exponerle las cuestiones que hubiesen surgido, a fin de que el Pontífice manifestara su decisión. En aquella oportunidad, Antonio obtuvo del Papa la autorización para dejar su puesto de lector y dedicarse exclusivamente a la predicación. El Pontífice tenía una elevada opinión sobre el hermano Antonio, a quien cierta vez llamó "el Arca de los Testamentos", por los extraordinarios conocimientos que tenía de las Sagradas Escrituras.
Desde aquel momento, el lugar de residencia de San Antonio fue Padua, una ciudad donde anteriormente había trabajado, donde todos le amaban y veneraban y donde, en mayor grado que en cualquier otra parte, tuvo el privilegio de ver los abundantísimos frutos de su ministerio. Porque no solamente escuchaban sus sermones multitudes enormes, sino que éstos obtuvieron una muy amplia y general reforma de conducta. Las ancestrales disputas familiares se arreglaron definitivamente, los prisioneros quedaron en libertad y muchos de los que habían obtenido ganancias ilícitas las restituyeron, a veces en público, dejando títulos y dineros a los pies de San Antonio, para que éste los devolviera a sus legítimos dueños. Para beneficio de los pobres, denunció y combatió el muy ampliamente practicado vicio de la usura y luchó para que las autoridades aprobasen la ley que eximía de la pena de prisión a los deudores que se manifestasen dispuestos a desprenderse de sus posesiones para pagar a sus acreedores. Se dice que también se enfrentó abiertamente con el violento duque Eccelino para exigirle que dejase en libertad a ciertos ciudadanos de Verona que el duque había encarcelado. A pesar de que no consiguió realizar sus propósitos en favor de los presos, su actitud nos demuestra el respeto y la veneración de que gozaba, ya que se afirma que el duque le escuchó con paciencia y se le permitió partir, sin que nadie le molestara.
Después de predicar una serie de sermones durante la primavera de 1231, la salud de San Antonio comenzó a ceder y se retiró a descansar, con otros dos frailes, a los bosques de Camposampiero. Bien pronto se dio cuenta de que sus días estaban contados y entonces pidió que le llevasen a Padua. No llegó vivo más que a los aledaños de la ciudad. El 13 de junio de 1231, en la habitación particular del capellán de las Clarisas Pobres de Arcella recibió los últimos sacramentos. Entonó un canto a la Stma. Virgen y sonriendo dijo: "Veo venir a Nuestro Señor" y murió. Era el 13 de junio de 1231. La gente recorría las calles diciendo: "¡Ha muerto un santo! ¡Ha muerto un santo!.Al morir tenía tan sólo treinta y cinco años de edad. Durante sus funerales se produjeron extraordinarias demostraciones de la honda veneración que se le tenía. Los paduanos han considerado siempre sus reliquias como el tesoro más preciado.
San Antonio fue canonizado antes de que hubiese transcurrido un año de su muerte; en esa ocasión, el Papa Gregorio IX pronunció la antífona "O doctor optime" en su honor y, de esta manera, se anticipó en siete siglos a la fecha del año 1946, cuando el Papa Pío XII declaró a San Antonio "Doctor de la Iglesia".
Se le llama el "Milagroso San Antonio" por ser interminable lista de favores y beneficios que ha obtenido del cielo para sus devotos, desde el momento de su muerte. Uno de los milagros mas famosos de su vida es el de la mula: Quiso uno retarle a San Antonio a que probase con un milagro que Jesús está en la Santa Hostia. El hombre dejó a su mula tres días sin comer, y luego cuando la trajo a la puerta del templo le presentó un bulto de pasto fresco y al otro lado a San Antonio con una Santa Hostia. La mula dejó el pasto y se fue ante la Santa Hostia y se arrodilló.
Iconografía: Por regla general, a partir del siglo XVII, se ha representado a San Antonio con el Niño Jesús en los brazos; ello se debe a un suceso que tuvo mucha difusión y que ocurrió cuando San Antonio estaba de visita en la casa de un amigo. En un momento dado, éste se asomó por la ventana y vio al santo que contemplaba, arrobado, a un niño hermosísimo y resplandeciente que sostenía en sus brazos. En las representaciones anteriores al siglo XVII aparece San Antonio sin otro distintivo que un libro, símbolo de su sabiduría respecto a las Sagradas Escrituras. En ocasiones se le representó con un lirio en las manos y también junto a una mula que, según la leyenda, se arrodilló ante el Santísimo Sacramento que mostraba el santo; la actitud de la mula fue el motivo para que su dueño, un campesino escéptico, creyese en la presencia real.
San Antonio es el patrón de los pobres y, ciertas limosnas especiales que se dan para obtener su intercesión, se llama "pan de San Antonio"; esta tradición comenzó a practicarse en 1890. No hay ninguna explicación satisfactoria sobre el motivo por el que se le invoca para encontrar los objetos perdidos, pero es muy posible que esa devoción esté relacionada con un suceso que se relata entre los milagros, en la "Chronica XXIV Generalium" (No. 21): un novicio huyó del convento y se llevó un valioso salterio que utilizaba San Antonio; el santo oró para que fuese recuperado su libro y, al instante, el novicio fugitivo se vio ante una aparición terrible y amenazante que lo obligó a regresar al convento y devolver el libro.
En Padua hay una magnífica basílica donde se veneran sus restos mortales.
Novena a San Antonio
Es famoso por sus milagros
San Antonio obtenme de la Misericordia de Dios esta gracia que deseo (mencione el favor que pide).
Como tú eres tan bondadoso con los pobres pecadores, no mires mi falta de virtud antes bien considera la Gloria de Dios que será una vez más ensalzada por ti al concederme la petición que yo ahora encarecidamente hago.
Glorioso San Antonio de los milagros, padre de los pobres y consuelo de los afligidos, te pido ayuda.
Has venido a mi auxilio con tan amable solicitud y me has aliviado tan generosamente que me siento agradecido de corazón.
Acepta esta ofrenda de mi devoción y amor.
Renuevo la seria promesa de vivir siempre amando a Dios y al prójimo.
Continúa defendiéndome benignamente con tu protección y obtenme la gracia de poder un día entrar el Reino de los Cielos, donde cantaré enteramente las misericordias del Señor. Amen.
Oración de liberación de San Antonio de Padua
Haciendo la señal de la cruz dirás con mucho fervor:
He aquí la Cruz del Señor,+
Huid, potestades enemigas:+
El león Judà, descendiente de David,+
Ha vencido. Aleluya.
Este exorcismo usado frecuentemente por San Antonio es muy eficaz contra las tentaciones del demonio, como lo prueban muchísimos ejemplos. Constituyen esas palabras el breve o carta de San Antonio que él mismo escribió y entregó a una devota suya para librarla de una fuerte y tenaz tentación.
Oración
A ti, Antonio, dechado de amor a Dios y a los hombres que tuviste la dicha de estrechar entre tus brazos al Niño-Dios, a ti lleno de confianza, recurro en la presente tribulación que me acongoja………….
Te pido también por mis hermanos más necesitados, por los que sufren, por los oprimidos, por los marginados, por los que hoy más necesiten de tu protección.
Haz que nos amemos todos como hermanos, que en el mundo haya amor y no odios. Ayúdanos a vivir el mensaje cristiano.
Tú, en presencia ya del Señor, no ceses de interceder por El, con El, y en El, a favor nuestro ante El Padre. Amén.
TRECE MARTES EN HONOR DEL GLORIOSO SAN ANTONIO DE PADUA.
Os ruego bendito San Antonio, que me hagáis partícipe de las incontables misericordias que concedéis a cuantos os invocan con devoción y confianza.
Martes 1.- Amoroso San Antonio, que despreciasteis las vanidades del mundo, haced que ame a Dios y me dedique a las cosas de su servicio. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 2.-Angélico San Antonio, lirio de incontable pureza, logradme del Señor que venza todas las tentaciones. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 3.- Bendito San Antonio, amigo de la penitencia, alcanzadme que con voluntarios sacrificios, satisfaga por mis faltas. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 4.- Admirable San Antonio, espejo de obediencia, obtenedme que sepa conformarme a la voluntad de Dios. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 5.- Serenísimo San Antonio, joya de pobreza, atended por amor de Jesús y de Maria a mí y a los necesitados.(Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 6.- Compasivo San Antonio, ejemplo de humildad, alcanzadme la firme sujeción a la iglesia y a todo superior. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 7.- Amable San Antonio, consolador de los afligidos, rogad por cuantos sufren para que se vean libres de sus males o se resignen en su desgracia. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 8.- Celoso San Antonio, defensor de la inocencia y castigador del vicio, alcanzadme que os sea agradable. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 9.- Amantísimo San Antonio, horno de ardiente caridad, alcanzadme vivas ansias de trabajar por la gloria del Señor. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 10.- Incomparable San Antonio, lumbrera que ilumina a los pecadores, obtenedme que jamás ofenda a Dios. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 11.- Inocente San Antonio, celador de la justicia, libradme de las asechanzas del demonio, y de todo mal. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 12.- Perfectísimo San Antonio, que hacèi hallar las cosas perdidas, obtenedme que lleve mi cruz y gane el cielo. (Padre Nuestro y Avemaría).
Martes 13.- Santísimo y muy generosísimo San Antonio. Sembrador de milagros, pretejedme con vuestra intercesión en todo el curso de mi vida. (Padre Nuestro y Avemaría).
Oración final para todos los martes.
Caritativo protector de los que a vos acuden, ya que habéis recibido el don de hacer milagros, trabajad en el de mi conversión, alejad de mí y de todos los que me son queridos, las enfermedades, las adversidades, y las desgracias, y por la virtud de vuestras oraciones, atraed sobre mí y todos los míos las bendiciones del cielo. Amén.
Letanía de San Antonio
(como devoción privada)
Señor ten piedad.
Cristo ten piedad.
Señor ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Santa María, ruega por nosotros.
San Francisco, San Antonio de Padua gloria de la orden de frailes menores, mártir en el deseo de morir por Cristo, Columna de la Iglesia, Digno sacerdote de Dios, Predicador apostólico, Maestro de la verdad, Vencedor de herejes, Terror de los demonios,
Consuelo de los afligidos,
Auxilio de los necesitados,
Guía de los extraviados,
Restaurador de las cosas perdidas,
Intercesor escogido,
Constante obrador de milagros,
Sé propicio, perdónanos, Señor,
Sé propicio, escúchanos, Señor,
De todo mal, líbranos, Señor,
De todo pecado,
De todo peligro de alma y cuerpo,
De los lazos del demonio,
De la peste, hambre y guerra,
De la muerte eterna,
Por los méritos de San Antonio,
Por su celo en la conversión de los pecadores,
Por su deseo de la corona del martirio,
Por sus fatigas y trabajos,
Por su predicación y doctrina,
Por sus lagrimas de penitencia,
Por su paciencia y humildad,
Por su gloriosa muerte,
Por sus numerosos prodigios,
En el día del juicio, Nosotros pecadores, te rogamos, óyenos,
Que nos guíes por caminos de verdadera penitencia,
Que nos concedas paciencia en los sufrimientos,
Que nos asistas en las necesidades,
Que oigas nuestras oraciones y peticiones,
Que enciendas en nosotros el fuego de tu amor,
Que nos concedas la protección y la intercesión de San Antonio, Hijo de Dios,
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
V. Ruega por nosotros oh bienaventurado San Antonio, R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Oremos: Dios
Todopoderoso y eterno, Glorificaste a tu fiel confesor Antonio con el don constante de hacer milagros. Concédenos que cuanto pedimos confiadamente por sus méritos estemos ciertos de recibirlo por su intercesión. Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.R. Amen.
Si buscas milagros, mira
muerte y error desterrados,
miseria y demonios huidos,
leprosos y enfermos sanos.
El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
El peligro se retira,
los pobres van remediados;
cuéntenlo los socorridos,
díganlo los paduanos.
Gloria al Padre,
gloria al Hijo,
gloria a "Espíritu y Santo".
El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
Ruega a Cristo por nosotros,
Antonio glorioso, santo,
para que dignos así
de tus promesas seamos.
Capilla de Oyanco
Patrona de: Armeros, Fundidores, Mineros, Prisioneros, Artilleros, Bomberos, Ejércitos, Pirotécnicos.
Según la leyenda recibida de Metaphrastes (siglo X), Sta. Bárbara es una joven conversa de los primeros siglos de la era cristiana quién fue encerrada por su padre pagano en su castillo para forzarla a la apostasía. Al no conseguirlo la asesinó y el mismo murió fulminado por un rayo.
Fiesta: 4 de diciembre. El hecho de que no aparezca en el calendario litúrgico pos-Vaticano no significa que la Iglesia la haya descartado. Pero se ha querido dar lugar en la liturgia a otros santos cuyas vidas están mejor documentadas. Según el Misal Romano previo a 1970, su martirio ocurrió en Nicomedia bajo el emperador Maximinus Thrax.
Se le representa con manto rojo, cáliz de la sangre de Cristo, rama de olivo, corona y espada, todos ellos símbolo del martirio.
Es la patrona de la artillería, arquitectos, albañiles, fortificaciones, cavadores de tumbas, fundadores, revistas, y protectora contra el rayo, fuego, muerte repentina e impenitencia.
Tristemente, la religión de la Santería la ha tomado como uno de sus dioses lo cual nada tiene que ver con la auténtica veneración a la santa. Ella murió por ser fiel a nuestro Señor Jesucristo y por eso es testimonio para todos.
Imagen de la Iglesia de Moreda
Santo Tomás
Apóstol
Siglo I
SEÑOR: AUMÉNTANOS LA FE
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Tomás significa "gemelo" La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio. De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios. El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre hebreo. En griego se dice "Dídimo", que significa lo mismo: el gemelo. Cuenta San Juan (Jn. 11,16) "Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él". Aquí el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró solamente "una fe esperanzada, sino una desesperación leal". O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.
La
segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los
apóstoles: "A donde Yo voy, ya sabéis el camino". Y Tomás le respondió:
"Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn. 14,
15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía
transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento
ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los
apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no
lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y
tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que su
interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a
Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba
diciendo. Le dijo Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez. En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes. En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Notable diferencia: Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros... Quizás logremos llegar. Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna Feliz, sino que afirma solemnemente: "Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad". Y añade: Nadie viene al Padre sino por Mí: "O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna". El hecho más famoso de Tomás Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso. Dice San Juan (Jn. 20, 24) "En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". El les contestó: "si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré". Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver". Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta. Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está pero informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe. Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es bellísima profesión de fe "Señor mío y Dios mío", y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: "Dichosos serán los que crean sin ver".
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Imagen del retablo mayor de Moreda
¡Sagrado corazón de Jesús en vos confío!
La oración de la Iglesia venera y honra al Corazón de Jesús, como invoca su Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarnado y a su Corazón que, por amor a los hombres, se dejó traspasar por nuestros pecados.
Catecismo de la Iglesia Católica, 2669
Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), "es considerado como el principal indicador y símbolo...del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres (Pío XII, Enc."Haurietis aquas": DS 3924; cf. DS 3812).
Catecismo de la Iglesia Católica, 478
La difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se debe a santa Margarita de Alacoque a quien Jesús se le apareció con estas palabras: "Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi Corazón más desgarradamente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio."
He aquí las promesas que hizo Jesús a Santa Margarita, y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:
1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
2. Pondré paz en sus familias.
9. Les consolaré en sus penas.
4. Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte.
5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
6. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
7. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia.
8. Las almas tibias se volverán fervorosas.
9. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de El.
12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.
Las condiciones para ganar esta gracia son tres:
1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.
2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.
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ORACIÓN PARA DESPUÉS DE
CADA UNA DE LAS COMUNIONES
DE LOS NUEVE PRIMEROS VIERNES
Jesús mío dulcísimo, que en vuestra infinita y dulcísima misericordia prometisteis la gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de vuestro Sagrado Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos: acordaos de esta promesa y a mi, indigno siervo vuestro que acabo de recibiros sacramentado con este fin e intención, concededme que muera detestando todos mis pecados, creyendo en vos con fe viva, esperando en vuestra inefable misericordia y amando la bondad de vuestro amantísimo y amabilísimo Corazón. Amén.
Es el patrono titular de la parroquia
Por eso se llama Parroquia de S. Martin de Moreda
Obispo. Año 397.
Imagen que preside el retablo mayor de Moreda


Martín significa: "el batallador". (De Mart = batalla).
San Martín es un gran santo queridísimo para los franceses, y muy popular en todo el mundo.
Nació en Hungría, pero sus padres se fueron a vivir a Italia. Era hijo de un veterano del ejército y a los 15 años ya vestía el uniforme militar.
Durante más de 15 siglos ha sido recordado nuestro santo por el hecho que le sucedió siendo joven y estando de militar en Amiens (Francia). Un día de invierno muy frío se encontró por el camino con un pobre hombre que estaba tiritando de frío y a medio vestir. Martín, como no llevaba nada más para regalarle, sacó la espada y dividió en dos partes su manto, y le dio la mitad al pobre. Esa noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: "Martín, hoy me cubriste con tu manto".
Sulpicio Severo, discípulo y biógrafo del santo, cuenta que tan pronto Martín tuvo esta visión se hizo bautizar (era catecúmeno, o sea estaba preparándose para el bautismo). Luego se presentó a su general que estaba repartiendo regalos a los militares y le dijo: "Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión". El general quiso darle varios premios pero él le dijo: "Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales".
En seguida se fue a Poitiers donde era obispo el gran sabio San Hilario, el cual lo recibió como discípulo y se encargó de instruirlo.
Como Martín sentía un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, San Hilario le cedió unas tierras en sitio solitario y allá fue con varios amigos, y fundó el primer convento o monasterio que hubo en Francia. En esa soledad estuvo diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Los habitantes de los alrededores consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y varios prodigios. Cuando después le preguntaban qué profesiones había ejercido respondía: "fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma".
Un día en el año 371 fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo. Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar.
En Tours fundó otro convento y pronto tenía ya 80 mojes. Y los milagros, la predicación, y la piedad del nuevo obispo hicieron desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo eran de todos los días. A los primeros que convirtió fue a su madre y a sus hermanos que eran paganos.
Un día un antiguo compañero de armas lo criticó diciéndole que era un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contestó: "Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales".
Recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Él fue fundador de las parroquias rurales en Francia.
Dice su biógrafo y discípulo, que la gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos.
Un día en un banquete San Martín tuvo que ofrecer una copa de vino, y la pasó primero a un sacerdote y después sí al emperador, que estaba allí a su lado. Y explicó el por qué: "Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual". Al emperador le agradó aquella explicación.
En los 27 años que fue obispo se ganó el cariño de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados. Los únicos que no lo querían eran ciertos tipos que querían vivir en paz con sus vicios, pero el santo no los dejaba. De uno de ellos, que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque éste le criticaba sus malass prisioneros para que declararan sus delitos. Nuestro santo se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura.
Supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando: "¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?". El santo respondió con una frase que se ha hecho famosa: "Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehuso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar".
Pero Dios vio que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio por sus grandes labores en la tierra.
El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia. Como en latín para decir "medio manto" se dice "capilla", la gente decía: "Vamos a orar donde está la capilla". Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.
Que el simpático San Martín nos obtenga de Dios la gracia de recordar siempre que todo favor que hacemos al prójimo lo recibe y lo paga Jesucristo, como si se lo hubiéramos hecho a Él en persona.
Si tenéis fe, nada será imposible para vosotros (Mt. 17,20).
A la palabra Covadonga se le ha dado varias versiones. Covadonga significa etimológicamente "Cueva de la Señora". Procede este vocablo de la palabra latina Cova domínica, compuesta por un nombre sustantivo cova y un adjetivo domínica que lo determina. Esta expresión ha pasado del latín, la lengua madre, al romance por diversas fases o transformaciones: covadomínic
a.-covadominca-covadomnca-covadonca-Covadonga. No se debe confundir la Cueva de la Señora con el túnel que da acceso a ésta.
El nombre Covadonga de antigüedad no definida aún en su forma latina no puede referirse a otra "señora" que a la Virgen María. En los orígenes del culto en Covadonga y según los cronistas, siempre se hace referencia a la Virgen en la Santa Cueva. Ya desde el siglo VIII hasta nuestros días puede definirse a Covadonga como el templo de la gratitud de España a la Santísima Virgen, a cuya intercesión se ha atribuido siempre la victoria de las armas cristianas contra el Islam, allí derrotó Pelayo en el año 718 a un ejército moro que pretendía erradicar el cristianismo y dio con ello el comienzo de la Reconquista.
Peregrinos en Covadonga
La Basílica vista de noche se proyecta sobre el cielo como un castillo majestuoso de fuego.
Es famoso el Coro que interviene en las principales funciones litúrgicas y en el culto mariano vespertino celebradas en la Basílica. Las voces angelicales elevan el espíritu del peregrino y de todos los ciudadanos. La edad de los niños que cantan oscila entre los 7 y 12 años. Hacen el ingreso por oposición en concurso anual o mediante examen que manifieste, en el aspirante, una positiva calidad de voz y aptitud para el canto. En su escudo figura el lema: Assumptam angeli laudant - alaban a la Virgen los ángeles, que justifica su misión en el Santuario y el haber nacido en el año de la definición dogmática de la Santísima Virgen en cuerpo y alma a los cielos.
La pedagogía de los pequeños cantores está encomendada a la Institución Teresiana. Esta gloriosa Institución nació en Covadonga a principios de siglo, cuando su fundador, don Pedro Poveda, era canónigo de la misma Colegiata. Muy cerca del Hogar-Escolanía hay una casa donde vivió el P. Poveda y compuso las reales de la futura Institución. En ella viven tres teresianas que atienden al aseo de los objetos de culto y ornato del recinto sacro; pero de manera especial se dedican a la oración por las necesidades de la Iglesia y de la Institución, y a conservar el fuego sagrado del amor a la Santísima Virgen de Covadonga, bajo cuyo patrocino nacieron. Por eso el día 7 de septiembre, víspera de la Festividad de Nuestra Señora de Covadonga, una de sus casas de cualquier parte del mundo llega al Santuario para hacer un voto y ofrenda a la Santina.
La Santa Cueva es el corazón de Covadonga y es el teatro del origen de la independencia y nacionalidad española . Cuando se llega al Templo, su aspecto es de inefable belleza. A uno y a otro lado del acceso, y como pórtico se contemplan dos majestuosas y bellísimas esculturas de leones. En los alrededores se aprecian los torrentes, cascadas y fuentes procedentes de diversas arterías que se manifiestan en distintas y hermosas formas. Entre una de las fuentes se encuentra nuevamente la figura del león, de su boca sale el agua y pasando por dos grandes conchas, cae a un estanque semicircular.
Encanto Virginal
Covadonga tiene encanto de raíces patrióticas que se mezclan con la profunda fe de los fieles. A la derecha, sobre un altísimo muro junto a la antigua Colegiata, se distingue un cartelón de piedra que ofrece esta leyenda: Aquí en el monte Auseva, morada inmemorial de la Virgen, renació la España de Cristo con la gran victoria de Pelayo y de sus fieles sobre los enemigos de la Cruz (años 718 - 722).
La "Escalera de la promesa" es digna de ser contemplada con 101 peldaños que se extienden hacía el pavimento de la Santa Cueva. La escalera se ve rodeada de cálidas demostraciones de aquellos devotos que han sido favorecidos o que aún tienen el anhelo de una respuesta milagrosa.
Muchos la suben de rodillas, madres con hijos en brazos, ancianos temblorosos, jóvenes con problemas académicos o sentimentales. Y suben rezando el Rosario, o besando el suelo, con velas encendidas o los brazos en cruz... hacia el templo de la Madre que es consuelo y esperanza en este valle de lágrimas. En el amplio descanso y balconada de la antecueva y en una oquedad de la roca puede verse un medallón con la efigie del Papa Juan XXIII. El medallón está orlado con esta inscripción: Yo amo a la Madonna de Covadonga como la amáis vosotros los asturianos. Tengo su imagen en mi dormitorio y para ella es mi primera oración de la mañana. Fue colocada precisamente donde estuvo el Cardenal Roncalli, luego Juan XXIII, largo rato admirando la belleza del paisaje y pronunció la frase tan divulgada: "Covadonga es una sonrisa de la naturaleza". Había llegado al Santuario peregrino hacia Santiago de Compostela en la tarde del 20 de junio del año compostelano 1954, y orado largamente ante la Santina. En la mañana del 21 que coincidía con el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal celebró en la Santa Cueva con extraordinaria devoción.
Por las muchas expresiones de cariño que tuvo para Covadonga en Audiencias en que intervenían Asturianos y por los 17 documentos marianos que publicó en preparación del Concilio Vaticano II, es evidente que el Papa encomendó a la Virgen, bajo la advocación de Covadonga, la reconquista espiritual del mundo que deseaba la Ecuménica Asamblea.
Llegando al templo del milagro y en la Capilla-Sagrario de la Santa Cueva se leen en latín y en grandes caracteres rojos estas palabras del Salmo 80:17 : "De flor de harina los alimentó y de miel silvestre los sació". El pan convertido en presencia real de Jesús en la Eucaristía; y la miel, símbolo del amor de la Madre del cielo.
En el Pórtico de la gruta del Templo, en el muro diestro está una lápida que recuerda la visita de la Reina Isabel II con motivo de la restauración del culto de este Santo Templo después de 81 años de soledad provocada por el incendio de 1777. La primera Misa en el templo restaurado la celebró San Antonio María Claret que acompañaba a la Reina, y este acontecimiento ha merecido una lápida memorial. La puerta de hierro de la Santa Cueva tiene grabada en su parte central las palabras : "Ave María gracia plena dominus tecum benedicta tu in mulieribus y Sancta Maria de Covadonga ora pro nobis". Destaca en el recinto la imagen de la Virgen que el pueblo denomina cariñosamente La Santina. Su rostro esa apacible y gracioso. Está erguida sobre un pedestal de piedra, que se asemeja al precioso "olivo de los campos" que a todos ofrece fruto y sombra. Está en alto para ser vista de todos: desde los montes, desde el camino, desde el poblado.
Viste de seda y oro, pero su semblante es de Madre más que de Reina.
Como se originó y desarrolló el culto
No es fácil determinar cuando ni como penetró el cristianismo en Asturias. Los primeros testimonios parecen ser las lápidas de Dovidena, del niño Norenus y de la joven Magnentia en los lugares, próximos a Covadonga, de Coraín y soto de Cangas. Se habla también de soldados cristianos en la romana Legio IV Macedónica. Ya en el siglo VIII el cristianismo estaba fuertemente arraigado en esta región. Las antiguas crónicas hablan del altar de Nuestra Señora en al Santa Cueva durante la batalla de Covadonga, y la tradición asegura que no fue Pelayo quien introdujo el culto, sino que se encomendó a la imagen que allí se veneraba tallada en arte elemental o traída del Monsacro, donde se refugiaron tantas reliquias y tesoros cristianos que huyeron de la invasión musulmana. Se atribuye al rey Alfonso I el primer culto organizado de la Santa Cueva.
La tradición habla también de una intervención de Alfonso II el Casto en la construcción del llamado Templo del Milagro. El Santuario posee fotocopias de cuanto el Archivo de Simancas guarda, relacionado con Covadonga. Conocemos por ello los privilegios y regalos que le otorgaron los Monarcas, siempre tan vinculados a este Real Sitio. Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio ensancharon las propiedades del Santuario. Felipe II lo enriqueció con muy valiosos objetos para el culto: Felipe III concedió privilegios al Abad; Felipe IV sustituyó la comunidad de canónigos regulares de San Agustín por los seculares de una Colegiata, regaló una custodia con brillantes, rubíes y esmeraldas.
Los reyes en general estimaron apasionadamente a Covadonga pero fue Isabel II la primera entre los monarcas que visitó el Santuario. Hasta finales del siglo XIX el culto fue muy pobre; a Covadonga llegaba algún que otro peregrino en el verano y en cantidades masivas durante la Novena y fiesta de la Virgen del 8 de septiembre. El Santuario tenía malas comunicaciones y no era camino para parte alguna. Los Canónigos no residían en el sacro recinto y venían por turno a celebrar Misa. El Santuario se hizo importante cuando los Prelados Sanz y Forés y Martínez Vigil edificaron la Basílica y construyeron en la explanada alta.
La idea de construcción y edificación surgió cuando visitó
el Santuario por primera vez el Prelado Dr. D. Benito Sanz y Forés apenas
incorporado a su diócesis de Oviedo. Fue tan triste la impresión que le produjo
que expresó su pena en éstos términos: A Os confesamos que sentimos honda pena,
y, con el corazón oprimido, exclamamos una y otra vez: Esto es Covadonga. A esto
ha quedado reducida la cuna de la restauración de España. Esto es lo que
recuerda los grandes beneficios de la Madre de Dios a los hijos de su nación
querida y los gloriosos triunfos de aquellos héroes de nuestra historia! Las
lágrimas asomaron a nuestros ojos y sentimos nacer en el corazón deseo ardiente
de reparar las ruinas de la casa de Dios y de María y de levantar un monumento
digno de Covadonga".
Vence la Cruz de Cristo
Don Pelayo, primer rey de Asturias, famoso por la victoria ganada contra los moros en Covadonga que inició la reconquista de España. Se dice que Pelayo vio en el cielo una cruz rodeada de luz con las palabras "Hoc signo vincitur inimicus": se vence al enemigo con el signo de la cruz. Otros dicen que Pelayo llegó a la Cueva del Auseva persiguiendo a un malhechor y que un ermitaño que cuidaba con veneración una imagen rústica de la Virgen, le dijo que lo mejor era invocar la protección divina por medio de la Virgen Santísima para lograr el triunfo de las armas cristianas. Construyó una cruz de roble, que le sirvió de estandarte en la batalla, haciéndose célebre en los anales de la Patria. Esta Cruz siguió enarbolada en los campos de batalla y los Monarcas de España le rindieron homenajes de veneración . Durante la preparación del ataque de los moros contra el ejército de Pelayo, el Obispo Oppas, preocupado, trata de convencerlo para retirar las tropas y evitar más derramamiento de sangre. Pelayo con gran confianza responde al Obispo: "¿No ha leído en la Sagrada Escritura que la Iglesia del Señor es como una semilla de mostaza, que así de pequeña por medio de la gracia de Dios crece más que otra semilla?" El Obispo respondió: "en verdad así está escrito". Pelayo le dijo: "Nuestra esperanza está en Cristo, y esta pequeña montaña será la salvación del pueblo español y de los Godos, su Amor y su Bondad nos librará del enemigo".
Y esto es lo grande, maravilloso y asombroso del milagro de Covadonga. La intervención de la Cruz de Cristo, signo de nuestra redención, que enardeciendo a los valientes cristianos iniciadores de la Reconquista, vencieron al enemigo que intentaba acabar con la fe cristiana. La intervención del ejército celestial es sin duda la explicación del triunfo sobre el ejército de los Moros. San Miguel Arcángel al frente de la batalla, rodeaba la Cueva y elevando su espada daba orden de combate a toda la corte celestial, eliminando así a la mayoría de los moros.
Después de la gran victoria, Pelayo fue aclamado rey y la Virgen Santísima es declarada Reina y Patrona de Asturias. Desde este momento empieza la reconquista cristiana de Iberia (antiguo nombre de España) que culminó con el vencimiento de los últimos moros en 1492 bajo el reinado de Fernando e Isabel, que eran grandes devotos de San Miguel Arcángel. Al observar el panel de oro y plata que se encuentra en el altar de la Cueva, se observa la conmemoración de la Batalla que muestra a Nuestra Señora al frente de San Miguel Arcángel con la legión de ángeles y sus espadas listas para el combate y a Don Pelayo con sus hombres tirando piedras para hacer huir al enemigo. (He aquí que vence la Cruz del Señor, huyó el poder del enemigo! (Venció el León de la tribu de Judá, el Hijo de David!
Su Santidad Juan Pablo II en Covadonga
Su Santidad Juan Pablo II reza ante La Santina, 21 agosto, 1989. Llegó su Santidad ante los altares de la Santina el 21 de
agosto de 1989. En la Santa Cueva estuvo largo rato a los pies de la Madre, en
profunda oración y contemplación. Su oración se extiende a todo aquel que visita
la Santa Cueva . El Santo Padre oró así: "Santina de Covadonga, causa de nuestra
alegría, ilumina a cuantos llegan a estas montañas para que reconozcan, en medio
de tanta belleza, a quien yéndolas mirando con sola su figura, vestidas las dejó
de su hermosura, y así se dejen atraer por la bondad y belleza del Creador que
hizo de ti el vértice de la hermosura humana y Divina". Agregó el Santo
Pontífice: A Aquí la presencia de María sigue siendo garantía de una auténtica
fe católica y de genuina esperanza nunca perdida. Covadonga imán que atrae
miradas y corazones. Si queréis construir una Asturias más unida y solidaria no
podéis prescindir de esa nueva vida, fuente de espiritual energía que hace más
de doce siglos brotó en estas montañas a impulsos de la Cruz de Cristo y de la
presencia maternal de María.
Fiesta en Moreda: Primer domingo de septiembre,
aunque en otros sitios se celebra el 16 de julio
Historia
Desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.
La estrella del Mar y los Carmelitas
Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.
Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

ACTUAL IMAGEN DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE MOREDA
ORACION
Oración a la Virgen del Carmen
SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES
"Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén."

Virgen procesional antigua
Esta imagen se hallaba en la capilla de Oyanco traída por el Sr. Vilela quien según su versión la encontró en las escuelas pero no se sabía su procedencia. Se trata de una preciosa talla policromada.
Se hallaba bastante deteriorada y por eso la recogió el actual párroco para proceder a su restauración (en cuanto sea posible) y posterior colocación en la capilla de S. José Obrero de Oyanco donde se conservó los últimos años.
Gracias a esta fotografía nos dimos cuenta de que se trataba de la antigua imagen procesional de la Virgen del Carmen de Moreda.