Año VIII nº 44 Enero, Febrero, Marzo 2007. D.L. As. 1.118
Delegación Diocesana de Litúrgica
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EL LECCIONARIO (1)

n la Iglesia, el libro primordial e insustituible es el Leccionario. Esto ya se daba en la Sinagoga antes de Cristo dado que la Palabra de Dios estaba y está dividida en libros y perícopas: unas festivas y otras sabáticas.

El Leccionario en la vida de la Iglesia tiene, por lo tanto, una gran antigüedad y su valor le viene dado porque encierra el misterio divino. La virgen Egeria en su “Itinerario”, donde recoge sus vivencias de la peregrinación que hizo aTierra Santa en el siglo IV, constata de que como en aquella comunidad de Jerusalén se escogían textos apropiados de la Biblia para las celebraciones litúrgicas que allí se tenían. La primera referencia a un leccionario organizado la encontramos en las homilías tanto de san Ambrosio como de san Agustín. Al principio, las lecturas se leían directamente de la Biblia con un sistema de lectura continua «mientras hubiese tiempo». Posteriormente se crearon unos libros llamados «capitulares» que contenían las primeras y las últimas palabras de cada pasaje proclamado. A estos siguieron los «comes» llamados así porque contenían los pasajes íntegros.

Hasta la reforma del concilio, y durante mucho tiempo, en la celebración de la Eucaristía se utilizaba el «misal plenario» que contenía, en un mismo libro, las oraciones y las lecturas.

El antiguo leccionario llegó -muy mermado- hasta nuestros días con el Misal de san Pío V. El número de lecturas eran dos salvo los miércoles y sábados de las Cuatro Témporas, el Viernes Santo en la acción litúrgica de la pasión y la Vigilia Pascual y de Pentecostés; en estas ocasiones el número de lecturas proclamadas era mayor, sobre todo del AT. Fue sustituido por la reforma que realizó, tanto en el Leccionario como en el Misal, el Concilio Vaticano II.

Cuando el Concilio abordó la reforma de la celebración de la Eucaristía, pidió que fuese más abundante la proclamación de la Palabra de Dios: "Organícese una lectura de la Escritura más rica y adaptada" (SC 35,1)a fin de que la mesa de la palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles, ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que en un período determinado de años se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura" (SC 51).

Partiendo de “esta hoja de ruta” que marcaba el Concilio, se organizaron los trabajos de la confección del Leccionario partiendo de dos criterios:

a) El histórico: se analizaron todos los leccionarios que se conservaban a partir del siglo IV hasta el siglo XIII, fecha, a partir de la cual, se dio un grave empobrecimiento. También se tuvieron en cuenta los que se usan en las iglesias nacidas de la reforma protestante.

b) El bíblico: se estudió la Biblia para entresacar las partes más importantes. Se seleccionaron los mejores textos. Este estudio ofreció el contenido central de la Historia de la Salvación. Cada especialista que trabajó en el proyecto, presentó su propia selección. Se puso en común y se eligieron los textos definitivos.

Realizado el trabajo de seleccionar los textos, partiendo del núcleo central de la historia salvífica, se distribuyeron, en primer lugar, a un equipo de un centenar de catequistas y pastores; posteriormente se remitió a 800 especialista y a las Conferencias Episcopales. Se recibieron 10.000 observaciones. Con todo este material, se elaboraron los actuales leccionarios que están organizados, fundamentalmente, en forma de lectura continua o semicontinua, tratando de ofrecer los textos mas importantes de la Historia de la salvación “cuyo centro es Cristo contemplado en su misterio pascual”. Fue promulgado el 3 de abril de 1969, cinco años después de iniciarse el trabajo.

La edición típica del Leccionario del Misal Romano comprende tres volúmenes:

a) Tiempos “fuertes”.
b) Tiempo “per annum”
c) Leccionario para las misas de Santos, rituales, diversas necesidades, votivas y de difuntos.

La edición española se divide en ocho volúmenes.

1º Dominical y festivo “A”.

2º Dominical y festivo “B”

3º Dominical y festivo “C”

4º Tiempo ordinario “per annum” (ferial)

5º Propio y común de santos; difuntos

6º Misas diversas y votivas

7º Tiempo ferial (Adviento y Navidad; Cuaresma y Pascua)

8º Misas rituales

Los tres primeros pretenden ser como la EGB. de la escucha de la Palabra de Dios; lo elemental para todo bautizado. Las lecturas que se proponen para ser proclamadas, siguiendo la primitiva práctica de la Iglesia que duró hasta el siglo VII, son tres: la primera del Antiguo Testamento que está siempre en relación con el Evangelio y buscando siempre los textos más significativos en el desarrollo de la Historia de la Salvación. “cuyo centro es Cristo contemplado en su misterio pascual.

 

Lo que en uno se anuncia en otro se cumple. En el tiempo pascual esta lectura primera se reserva para los Hechos de los Apóstoles y, por lógica simbólica, no se lee el Antiguo Testamento. La lectura apostólica, que es la segunda, sigue un ritmo independiente y propio.

A partir de la reforma litúrgica conciliar se encuentra, por un lado, el Misal propiamente dicho con las oraciones y por otro el Leccionario con las lecturas que se proclaman.

 

 

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