APUNTES PARA EL TIEMPO PASCUAL

 

1. Domingo de Pascua: El Domingo de cincuenta días de duración

 

 

 

El Domingo de Pascua, que comienza con la Vigilia Pascual, es el día y domingo del Año Litúrgico más impor-tante, el Día del Señor por excelencia. Es el «primer día»: día en que se celebra la Nueva Creación. La Comunidad cristiana comienza ese domingo la «cin-cuentena» pascual que dura hasta el Domingo de Pente-costés. Es un tiempo especial para conme-morar y celebrar solemnemente que Cristo vive en Dios y en medio de la Comunidad y que, desde el Padre, derrama e infunde el Aliento o Espíritu Santo.

La Normas Univer-sales sobre el Año Litúrgico y el Calendario dicen que «El Domingo de Resurrección y los cincuenta días siguientes hasta el día de Pentecostés hay que celebrarlos con alegría y júbilo, como si de un sólo día se tratara, como si fuese sólo un domingo solemne. Estos días se canta de modo especial el “aleluya”.

 

2. Recorriendo la historia de la cincuentena pascual

 

2.1. Ya en el siglo II las comunidades cristianas otorgaban especial relevancia al acontecimiento y empezaron a destacar y distinguir uno de los domingos del año: El domingo siguiente a la fiesta pascual de los judíos (es decir, el domingo siguiente de la primera luna llena de primavera). Hasta entonces no destacaban ningún día para celebrar la Pascua de Cristo, porque todos los domingos eran –y lo son en la actualidad– «fiesta de pascua».

Cuando en el siglo II establecieron el Domingo de Pascua, empezaron a prepararse especialmente para ese día, haciendo oración y ayunos especiales. De esa preparación surgió también la Vigilia Pascual, el Triduo Pascual y la preparación de los cuarenta días (Cuaresma), en principio para preparar a los catecúmenos para su Bautismo en la Vigilia Pascual; luego para preparar a los pecadores (penitentes) para hacer penitencia y celebrar el Sacramento de la Reconciliación, y por último, para preparar la comunidad entera para la Fiesta de la Pascua.

 

2.2. El Octavario Pascual

En la Vigilia Pascual, a los nuevos cristianos que recibían el agua del Bautismo se les imponía un vestido blanco (alba), que llevarían puesto durante ocho días, hasta el domingo siguiente. Durante estos ocho días los responsables ofrecían catequesis especial a los nuevos cristianos; eran sesiones de catequesis para introducirlos plenamente en la comunidad cristiana («catequesis mistagógicas» –del griego «mystes-agein»: guiar para el ingreso–). El octavo día se les desvestía. Por eso se le denomina a ese domingo Dominica in albis depositis: domingo en que se despojaban del vestido blanco. Así surgió el Octavario Pascual: prolongación del Domingo de Pascua durante ocho días.

La liturgia de esos ocho días –tanto en la Eucarística como en la de las Horas– es la misma del Domingo de Pascua, excepto las lecturas: el himno y las antífonas son las mismas, hay canto o recitación del Gloria, se puede recitar la secuencia del Domingo de Pascua, se canta el Aleluya, los salmos en la Liturgia de las Horas son los del Domingo…

 

2.3. Cincuentena: Fiesta de Siete Semanas

Escritores cristianos del siglo III y IV nos hablan de la «Cincuentena»: San Ireneo en Galia, Hipólito en Roma, los documentos Acta Pauli en Asia Menor, Orígenes en Alejandría y Palestina, Tertuliano en África del Norte.

La Iglesia prolonga durante cincuenta días el Tiempo Pascual, celebrando el acontecimiento de la resurrección de Jesucristo durante siete domingos –o más exactamente, celebrando siete veces el Domingo de Pascua–. A lo largo de los siete domingos y sus semanas correspondientes la Iglesia contempla el misterio de Cristo a la luz de la Pascua, reflexionando y recordando los distintos aspectos que este gran misterio, centro de la fe cristiana tiene.

El octavo domingo celebra la solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, es decir la efusión del Espíritu de Cristo resucitado. Con ello culmina la Cincuentena Pascual.

No es casual la duración de cincuenta días, ya que se halla en relación con la fiesta judía de la Semanas. Los judíos celebran la fiesta de Pentecostés –en hebreo Xabuot: Fiesta de las semanas– a las siete semanas de la fiesta de pascua (50 días). Ese día los israelitas acudían en peregrinación al templo de Jerusalén, portando las primicias –los primeros frutos de sus cosechas–; quienes no pudieran peregrinar, celebraban la gran fiesta en la sinagoga de su población, profusamente adornada para la ocasión.

También para los cristianos Pentecostés es una fiesta muy importante, ya que ese día recibieron los apóstoles la gracia del Espíritu Santo, según relata San Lucas en los Hechos de los Apóstoles. Así pues, la comunidad cristiana celebra ese día la efusión del Aliento o Espíritu Santo, exhalado por el Padre sobre los apóstoles por medio de Jesús resucitado.

«La Cincuentena Pascual» es el tiempo comprendido entre dos fiestas importantes: la resurrección de Cristo y la efusión del Espíritu Santo. Es tiempo de gran significación, en el que se celebra y conmemora de modo especial aquel acontecimiento salvífico. Esa es la razón por la cual es denominada la Cincuentena como tiempo Santo, alegre, jubiloso, fiesta de gozo, gran domingo, imagen del mundo futuro… Las mismas normas que se establecían para el domingo se aplicaban a la Cincuentena: No ayunar, no arrodillarse…

También es tiempo de perdonar, de alabar a Cristo, de socorrer al necesitado, de celebrar que el Esposo (Cristo) está entre los suyos (Mc 1, 19-20), de celebrar el bautismo, de recordar la resurrección de Cristo gracias a la acción fecunda del Espíritu Santo. Dicho de otro modo, tiempo para prolongar y celebrar la Fiesta de Pascua.

A mediados del siglo IV, al menos en Roma, empezaron a celebrar la Ascensión del Señor, al como relata San León Magno en sus homilías (440-461). Posteriormente, a finales del siglo IV, en algunos lugares empezaron a conceder especial importancia al último día de la Cincuentena, es decir al día de Pentecostés. En algunas comunidades, especialmente en las de Occidente, recordaban la venida del Espíritu Santo, pero sin olvidar que el Espíritu era una gracia concedida por Jesucristo en su Pascua. En Roma, el día de Pentecostés llegó a celebrarse un doble de la fiesta de Pascua: la víspera había que ayunar, organizaban la vigilia nocturna haciendo tantas lecturas como en la Vigilia Pascual y, además, le añadieron la octava. En las comunidades eclesiales de Oriente –Jerusalén, Siria, Edesa, Mesopotamia– celebraban la venida del Espíritu Santo y la Ascensión de Jesús.

 

3. Estructura de la Cincuentena en la actualidad

 

 

 A raíz de la reforma litúrgica realizada tras el Concilio Vaticano II se estableció la Cin-cuentena de Pas-cua. Ocho domin-gos componen la misma: Los siete Domingos de, Pas-¡cua y el Domingo de Pen-tecostés. La octa-va pascual no se ha modificado, porque es tiempo de mistagogia, es decir, es todo una semana dedicada a acompañar a los nuevos bautizados, en su integración en la vida sacramental de la comunidad cristiana

 

Era la semana de catequesis para la integración de los nuevos bautizados en la vida sacramental. Al mismo tiempo, la Liturgia ofrece a la comunidad cristiana la oportunidad para celebrar solemnemente la resurrección de Cristo, tomando los relatos de Jesús resucitado de los Cuatro Evangelistas.

 

4. Domingos de Pascua

 

Desde el II Domingo de Pascua hasta el VII Domingo de Pascua, en la asamblea santa que cada domingo celebra la comunidad cristiana, ésta escucha los aspectos más destacados del acontecimiento pascual y reflexiona sobre el mensaje esperanzador, goza de la gloria de Cristo resucitado, vive la alegría de tener de nuevo consigo al Esposo, recibe la fuerza del Espíritu y refuerza la vida comunitaria, recordando y renovando los compromisos del bautismo.

En los ciclos A, B y C se eligen diferentes pasajes, pero siempre referentes al mismo tema en los tres ciclos:

El II domingo: Resumen sobre la vida de la Comunidad

El III domingo: Testimonio de San Pedro, anunciando la Buena Nueva

El IV domingo: Predicaciones de San Pedro y San Pablo

 

El V domingo: Ministerios o servicios en la comunidad

El VI domingo: Los anuncios sobre la venida del Espíritu Santo

El VII domingo: Ascensión de Jesús a los cielos (o: la espera de la venida del Espíritu)

 

Segunda lectura: En el ciclo A, la segunda lectura se toma de la I carta de San Pedro, porque es, fundamentalmente, una catequesis del Bautismo. El en ciclo B, se toma de la I carta de San Juan, en la que se establece que el creer en Jesús implica amar al prójimo. En el ciclo C, del libro del Apocalipsis, en la que se alaba al glorioso Cordero inmolado, y se celebra la alianza nupcial entre Cristo y la Iglesia.

 

Evangelio: En casi todas las ocasiones el pasaje evangélico se toma del libro de San Juan (excepto el III domingo de los ciclos A y B, que se toman pasajes de Lucas 24):

I Aparición de Cristo resucitado. Resurrección gloriosa de Jesús

II Aparición de Cristo resucitado .Creer en Jesús resucitado.

III Aparición de Cristo resucitado Apariciones del Resucitado.

IV El Buen Pastor da la vida por sus ovejas y la recupera de nuevo Jesús el Buen Pastor.

V La oración y el diálogo que tiene Jesús con sus apóstoles durante la Última Cena Jesús anuncia que sube al Padre, pero que volverá de nuevo.

VI La oración y el diálogo que tiene Jesús con sus apóstoles durante la Última Cena Jesús anuncia que va al Padre, pero que volverá de nuevo.

VII La oración y el diálogo que tiene Jesús con sus apóstoles durante la Última Cena.

VII Desde 1977, en España, se celebra la Ascensión del Señor –antes se celebraba el 40º día, en jueves–) Jesús ha ido al Padre, pero siempre está presente entre los suyos

 

5. Pentecostés

 

Es el domingo que concluye los cincuenta días del Tiempo Pascual. Los orígenes bíblicos de esta celebración se encuentra en la fiest de Xabuot en la que los israelitas recuerdan la alianza del monte Sinaí. En tiempos de Jesús, éste día acudían en peregrinación a Jerusalén, para ofrecer al Señor las primicias –primeros granos y frutos– en el templo.

Aquel día, estando los apóstoles en oración en el Cenáculo –estaba con ellos también la Virgen María y otros seguidores– recibieron el Espíritu de Cristo resucitado, que se manifestó como un fuerte viento y llamas de fuego, tantas como personas reunidas. Quedaron llenos del Espíritu Santo (Hch 2, 1-4). Este acontecimiento Juan en su evangelio lo sitúa en el Domingo de Pascua (Jn 20, 22). Posiblemente en la narración de los Hechos de los Apóstoles esté ya condicionada por unas claves litúrgicas.

Movidos por el Espíritu, empezaron a dar testimonio valiente y gozoso sobre Jesús, y aquel día se les agregaron unas tres mil personas, tras pasar por la fuente del Bautismo.

 

 

Así, impulsados por el Espíritu, la Iglesia empezó a reunirse alrededor de Cristo resucitado, dando testimonio de Jesús muerto y resucitado, y anunciando su mensaje.

La liturgia celebra solemnemente la Fiesta de Pentecostés:

Presenta los temas de celebración de la Vigilia, tomando como modelo la Vigilia Pascual.

Selecciona cinco lecturas, con sus correspondientes salmos responsoriales y oraciones:

El Acontecimiento de la torre de Babel. (El misterio de la dispersión)

La Alianza del monte Sinaí y el regalo de la Ley (La profecía de la comunión)

La vida que se da a los huesos secos por la acción del espíritu (La vida que florece)

Anuncio de la efusión del espíritu

El Espíritu está a nuestro favor

 

Evangelio:

Manarán ríos de agua viva (venida del espíritu)

 

Las lecturas de la eucaristía del Domingo de Pentecostés son las siguientes:

Primera lectura:

El Acontecimiento de Pentecostés

Segunda lectura:

(En el año A) Bautizados en el mismo Espíritu

(En el año B) Frutos del Espíritu

(En el año C) El Espíritu guía los bautizados

 

Evangelio:

(En el año A) Recibid el Espíritu Santo

(En el año B) Llegada del Espíritu de la verdad

(En el año C) El Espíritu os enseñará todo

Si en el Domingo de Pascua se cantó ( o recitó) la secuencia Victimae paschali laudes

(compuesta alrededor de 1048 por Wipo, sacerdote borgoñón de las cortes de Conrado II y Enrique III), también el Domingo de Pentecostés se canta (o se recita) la secuencia Veni, Sancte Spiritus (compuesta alrededor de 1228 por Esteban Langton, arzobispo de Canterbury).

Con la celebración de las II Vísperas del Domingo de Pentecostés se concluye el Tiempo Pascual, apagándose el cirio que se deposita en el bautisterio