El domingo
El nombre
"domingo" proviene del
latín domínicus, díes Dómini, ‘domingo, día del Señor
[Dios]’. Es el primer día de la
semana en el
calendario gregoriano y séptimo de la civil, utilizado
comúnmente en nuestra cultura y generalmente es festivo.
Históricamente el
domingo fue declarado día del
Señor o día de descanso el
7 de marzo del año
321 dC por el
emperador romano
Constantino.
El día domingo fue
proclamado como día de descanso (el shabat judío) por varias
razones, entre las que podemos citar las que indica
Justino Mártir:
- se adora en
domingo porque Jesús resucitó en domingo;
- se adora en
domingo porque en el domingo Dios creó la luz, y;
- se adora en
domingo porque es el día que sigue al sábado en el orden de
la semana y viene a ser el octavo día, por esto es el último
día de la semana.
El día del Señor en el "Catecismo
de la Iglesia Católica"
¡Este es el día que ha hecho el
Señor, exultemos y gocémonos en él! (Sal 118, 24).
El día de la Resurrección: la
nueva creación
2174 Jesús resucitó de entre los
muertos ‘el primer día de la semana’ (Mt 28, 1; Mc 16, 2; Lc 24, 1; Jn 20, 1).
En cuanto es el ‘primer día’, el día de la Resurrección de Cristo recuerda la
primera creación. En cuanto es el ‘octavo día’, que sigue al sábado (cf Mc 16,
1); Mt 28, 1), significa la nueva creación inaugurada con la resurrección de
Cristo. Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera
de todas las fiestas, el día del Señor (‘Hè kyriakè hèmera’, ‘dies dominica’),
el ‘domingo’:
Nos reunimos todos el día del sol
porque es el primer día (después del sábado judío, pero también el primer día),
en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó al mundo; ese mismo día,
Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos (S. Justino, Apol.
1,67).
El domingo, plenitud del sábado
2175 El domingo se distingue
expresamente del sábado, al que sucede cronológicamente cada semana, y cuya
prescripción litúrgica reemplaza para los cristianos. Realiza plenamente, en la
Pascua de Cristo, la verdad espiritual del sábado judío y anuncia el descanso
eterno del hombre en Dios. Porque el culto de la ley preparaba el misterio de
Cristo, y lo que se practicaba en ella prefiguraba algún rasgo relativo a Cristo
(cf 1 o 10, 11):
Los que vivían según el orden de
cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino
el día del Señor, en el que nuestra vida es bendecida por El y por su muerte.
(S. Ignacio de Antioquía, Magn. 9, 1).
2176 La celebración del domingo
cumple la prescripción moral, inscrita en el corazón del hombre, de ‘dar a Dios
un culto exterior, visible, público y regular bajo el signo de su bondad
universal hacia los hombres’ (S. Tomás de A., s. th. 2-2, 122, 4). El culto
dominical realiza el precepto moral de la Antigua Alianza, cuyo ritmo y espíritu
recoge celebrando cada semana al Creador y Redentor de su pueblo.
La Eucaristía dominical
2177 La celebración dominical del
día y de la Eucaristía del Señor tiene un papel principalísimo en la vida de la
Iglesia. ‘El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición
apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de
precepto’
(⇒
CIC can. 1246, 1).
"Igualmente deben observarse los
días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa
María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos
Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, todos los Santos"
(⇒ CIC can. 1246, 1).
2178 Esta práctica de la asamblea
cristiana se remonta a los comienzos de la edad apostólica (cf Hch 2, 42-46; 1
Co 11, 17). La carta a los Hebreos dice: ‘No abandonéis vuestra asamblea, como
algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animaos mutuamente’ (Hb 10, 25).
La tradición conserva el recuerdo
de una exhortación siempre actual: ‘Venir temprano a la iglesia, acercarse al
Señor y confesar sus pecados, arrepentirse en la oración... Asistir a la sagrada
y divina liturgia, acabar su oración y no marcharse antes de la despedida... Lo
hemos dicho con frecuencia: este día os es dado para la oración y el descanso.
Es el día que ha hecho el Señor. En él exultamos y nos gozamos. (Autor anónimo,
serm. dom.).
2179 ‘La parroquia es una
determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia
particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se
encomienda a un párroco, como su pastor propio’
(⇒ CIC can. 515, 1). Es el lugar donde todos los fieles pueden
reunirse para la celebración dominical de la Eucaristía. La parroquia inicia al
pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida litúrgica, le congrega en
esta celebración; le enseña la doctrina salvífica de Cristo. Practica la caridad
del Señor en obras buenas y fraternas:
No puedes orar en casa como en la
iglesia, donde son muchos los reunidos, donde el grito de todos se eleva a Dios
como desde un solo corazón. Hay en ella algo más: la unión de los espíritus, la
armonía de las almas, el vínculo de la caridad, las oraciones de los sacerdotes.
(S. Juan Crisóstomo, incomprehens. 3, 6).
La obligación del domingo
2180 El mandamiento de la Iglesia
determina y precisa la ley del Señor: ‘El domingo y las demás fiestas de
precepto los fieles tienen obligación de participar en la misa’
(⇒ CIC can. 1247). ‘Cumple el precepto de participar en la misa quien
asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de
la fiesta como el día anterior por la tarde’
( ⇒ CIC can. 1248, 1).
2181 La Eucaristía del domingo
fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están
obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén
excusados por una razón seria [por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños
pequeños] o dispensados por su pastor propio
(cf ⇒ CIC can. 1245). Los que deliberadamente faltan a esta
obligación cometen un pecado grave.”
2182 La participación en la
celebración común de la Eucaristía dominical es un testimonio de pertenencia y
de fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Los fieles proclaman así su comunión en la
fe y la caridad. Testimonian a la vez la santidad de Dios y su esperanza de la
salvación. Se reconfortan mutuamente, guiados por el Espíritu Santo.
2183 ‘Cuando falta el ministro
sagrado u otra causa grave hace imposible la participación en la celebración
eucarística, se recomienda vivamente que los fieles participen en la liturgia de
la palabra, si ésta se celebra en la iglesia parroquial o en otro lugar sagrado
conforme a lo prescrito por el obispo diocesano, o permanezcan en oración
durante un tiempo conveniente, solos o en familia, o, si es oportuno, en grupos
de familias’
(⇒ CIC can. 1248, 2).
Día de gracia y de descanso
2184 Así como Dios ‘cesó el día
séptimo de toda la tarea que había hecho’ (Gn 2, 2), así también la vida humana
sigue un ritmo de trabajo y descanso. La institución del día del Señor
contribuye a que todos disfruten del tiempo de descanso y de solaz suficiente
que les permita cultivar su vida familiar, cultural, social y religiosa (cf GS
67, 3).
2185 Durante el domingo y las
otras fiestas de precepto, los fieles se abstendrán de entregarse a trabajos o
actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del
Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso necesario del
espíritu y del cuerpo. Las necesidades familiares o una gran utilidad social
constituyen excusas legítimas respecto al precepto del descanso dominical. Los
fieles deben cuidar de que legítimas excusas no introduzcan hábitos
perjudiciales a la religión, a la vida de familia y a la salud.
El amor de la verdad busca el
santo ocio, la necesidad del amor cultiva el justo trabajo. [S. Agustín, civ.
19, 19).
2186 Los cristianos que disponen
de tiempo de descanso deben acordarse de sus hermanos que tienen las mismas
necesidades y los mismos derechos y no pueden descansar a causa de la pobreza y
la miseria. El domingo está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana
a obras buenas y a servicios humildes para con los enfermos, débiles y ancianos.
Los cristianos deben santificar también el domingo dedicando a su familia el
tiempo y los cuidados difíciles de prestar los otros días de la semana. El
domingo es un tiempo de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación, que
favorecen el crecimiento de la vida interior y cristiana.
2187 Santificar los domingos y los
días de fiesta exige un esfuerzo común. Cada cristiano debe evitar imponer sin
necesidad a otro lo que le impediría guardar el día del Señor. Cuando las
costumbres [deportes, restaurantes, etc.] y los compromisos sociales (servicios
públicos, etc.) requieren de algunos un trabajo dominical, cada uno tiene la
responsabilidad de dedicar un tiempo suficiente al descanso. Los fieles cuidarán
con moderación y caridad evitar los excesos y las violencias engendrados a veces
por espectáculos multitudinarios. A pesar de las presiones económicas, los
poderes públicos deben asegurar a los ciudadanos un tiempo destinado al descanso
y al culto divino. Los patronos tienen una obligación análoga con respecto a sus
empleados.
2188 En el respeto de la libertad
religiosa y del bien común de todos, los cristianos deben esforzarse por obtener
el reconocimiento de los domingos y días de fiesta de la Iglesia como días
festivos legales. Deben dar a todos un ejemplo público de oración, de respeto y
de alegría, y defender sus tradiciones como una contribución preciosa a la vida
espiritual de la sociedad humana. Si la legislación del país u otras razones
obligan a trabajar el domingo, este día debe ser al menos vivido como el día de
nuestra liberación que nos hace participar en esta ‘reunión de fiesta’, en esta
‘asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos’ (Hb 12, 22-23).