Oh María,
estoy cansado de palabras, necesito la fe
que no se explica, sino que se vive;
creer no es conocer, es entregarse.
Tú fuiste pobre de palabras,
pero rica en obras,
pobre de cosas humanas,
pero rica de Dios.
El hombre sin Dios
es amargamente solitario.
Tú has creido,
no creer es cansancio y aburrimiento;
has vivido en el amor,
no amar es angustia y flaqueza;
quien ama no tiene miedo a dar,
quien cree no tiene miedo a arriesgarse.
Tu me invitas a la escucha de Dios,
a esperar todos los días su salvación,
a vivir las últimas consecuencias,
a tomar en serio mi compromiso.
Tu eres la vida de la humildad que agrada a Dios,
en el camino de la sencillez, que lleva a Él,
la vida de servicio a los hermanos.
Oh, María,
mira a nuestro mundo
que tiene sed de Dios,
que carece de fe y de amor.
La tierra que tú has conocido
está llena de tristeza,
la tierra en que has vivido gime en el dolor,
la tierra que tú has dejado
anda descarriada.
Mira también mi pobre vida,
mis esfuerzos y fracasos,
mis progresos y flaquezas.
Tú que eres mi búsqueda contínua
tú que conoces lo poco que puedo
quédate conmigo cuando estoy solo
cuando me siento mal
cuando estoy triste.
Amén.
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