Dios, Padre nuestro.
Te damos gracias porque en la cruz
Jesús nos entregó como hijos a María.
Haz que nosotros, los cristianos,
conscientes de nuestra responsabilidad
evangelizadora,
estemos animados del mismo amor materno,
con el que ella sigue velando
por todos los nuevos hermanos de su Hijo,
peregrinos en este mundo.
Te pedimos que, como ella,
sepamos estar firmes, fieles,
al pie de todas las cruces
donde siguen siendo crucificados
tus hijos, nuestros hermanos.
María:
buscamos en ti nuestro refugio
en los momentos de soledad,
en los momentos en que
la abundancia de cosas ya no nos llena
en los días grises
en que nos encontramos
un punto de luz clara,
en las horas en que nada
nos ilusiona.
Tú, la Madre de todos los pobres y necesitados,
la que te preocupas del hijo menos afortunado,
la que amas al hijo que menos amor te puede dar.
Venimos a ti desde nuestra pobreza,
porque sabemos que nos escuchas
y atiendes nuestras necesidades,
y en el fondo nos alegramos de que nos falten cosas,
de que en nuestra vida haya algo incompleto,
de no ser completamente felices,
porque así te tenemos a ti,
Madre de los pobres.
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