Casi sin darnos cuenta entramos en Cuaresma. Tenemos que apresurarnos para caer en la cuenta de que "el Señor está a la puerta y llama". Porque la Cuaresma siempre es una llamada que el Señor nos hace para que le dejemos entrar en nuestra vida y una invitación a un cambio en nuestras actitudes, valores y comportamientos.
La Palabra de Dios de esta Cuaesma nos propone, entre otros temas, dos personas como modelos a imitar: el ciego de nacimiento y la mujer samaritana.
El ciego no conoce a Jesús. No sabe dar razón de quién lo ha curado. Los familiares tampoco. Los judios quieren denunciarlo pero no lo consiguen.
La fe es el paso de la ceguera a la luz
La samaritana, el segundo ejemplo, permite a Jesús, judío, entrar en diálogo con ella. A través de éste diálogo va descubriendo que quien habla es Profeta y le deja entrar en su intimidad. Oyendo a Jesús descubre que es el Mesías, cree y así lo anuncia a sus vecinos.
El camino de fe que recorrió la samaritana es nuestro camino de fe, porque la fe es:
La Cuaresma puede ser una buena ocasión para iniciar, una vez más, este camino de fe y hacerla más personal y abierta al testimonio, de palabra y con las obras.
El Año Santo de la Cruz que estamo celebrando en nuestra Diócesis es una oferta para renovar nuestra vida cristiana a través del encuentro con Dios.
Durante este Año Santo, más que las Peregrinaciones y las Indulgencias, tiene que preocuparnos el deseo de renovación de nuestra fe y de nuestro compromiso y testimonio.
Jesús Alvarez Feito
Párroco
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