La devoción a María que popularmente tiene mucha fuerza en el mes de Myo tiene que llevarnos al compromiso de ser y vivir como ella vivió en el servicio a Dios y a los hermanos, los hombres.
María estuvo atenta a la llamada de Dios para descubrir lo que le pedía y dispuesta a cumplirlo.
Como ella, nosotros tenemos que estar atentos a lo que Dios quiere de nosotros, a descubrir nuestra propia vocación y dispuestos a ser fieles a ella.
María se puso en camino para servir a su prima Isabel, buscar a su Hijo en el Templo, acompañar a unos novios en Caná, para guardar y meditar en su corazón lo que iba viendo y oyendo.
Como ella, nuestra vida tiene que ser un camino de servicio, de búsqueda, de acompañamiento, de reflexión.
María sufrió con su Hijo el escándalo de la Cruz, a pie siguió el camino del Calvario, en pie estaba junto a la cruz, asumiendo la Cruz de su hijo, siendo corredentora.
Si queremos parecernos a María, tenemos que negarnos, cargar con la cruz y seguir a su Hijo, como ella.
María estuvo en el Cenáculo, compartiendo la tristeza de los apóstoles, animando su esperanza, esperando la presencia del Resucitado y aguardando la llegada del Espíritu.
Esta presencia sencilla, callada, constante y firme en la vida de Jesús y en el comienzo de la primera Comunidad Cristiana sigue siendo el modo de presencia de María en la iglesia de hoy.
A nosotros nos corresponde acogerla e imitarla y vivir el compromiso de ser discípulo como ella lo vivió
Jesús Alvarez Feito
Párroco
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