Aunque por el ambiente exterior de la publicidad, el comercio y las luces de las calles parece que ya estamos en Navidad, sin embargo no estamos en Navidad sino en Adviento.
Y el Adviento, conviene recordarlo, es el tiempo del Año Litúrgico que nos invita a aislarnos un poco de todo ese ambiente y recogernos interiormente para prepararnos con la oración, el silencio, la conversión y la penitencia a celebrar la auténtica Navidad: el nacimiento de Cristo, el Hijo de Dios.
Pero también conviene recordar que el Adviento no solo es ese tiempo previo a la celebración del hecho histórico del nacimiento de Cristo, sino la preparación personal y comunitaria de su segunda venida como nos anuncia el libro de los Hechos de los Apóstoloes: "Ese mismo Jesús que os ha sido llevado al cielo, vendrá del mismo modo que le habéis visto subir al Cielo".
La primera venida de Cristo ya ha tenido lugar y la celebramos en Navidad. La segunda tendrá lugar cuando cada uno de nosotros nos encontramos cara a cara con Él. Y esa segunda venida, que no sabemos cuando será, es la que tenemos que preparar y por eso para nosotros, creyentes y no creyentes, siempre es Adviento porque "a la hora que menos penséis viene el Hjo del Hombre".
Por consiguiente, para vivir este Adviento permanente tenemos que cultivar algunas actitudes que son características del Adviento, como:
Jesús Alvarez Feito
Párroco
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